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El afilador

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"
Eres afilador de oficio y arte
y un músico de breve melodía,
con la flauta del pan* de cada día
llamas al vecindario a visitarte.

Y mira si es gallego tu estandarte
que tu silbo es "muñeira" de alegría,
y en un volcán de chispa y fantasía
centellean las luces parte a parte.

Te siguen mientras tanto los chiquillos
y piden que tu afiles los cuchillos
con el suave fulgor de piedras molas.

Tras sus ruegos apareció distante
una estrella fugaz que en el instante
incendió al esmeril en amapolas.

Pepe Soriano Simón
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Enero 2025



* Flauta, o "chiflo" (una pequeña flauta hecha de madera de boj y luego de plástico) que hacía sonar el afilador en todas las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical. En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas y la mayoría, en España, eran casi todos gallegos, concretamente de la provincia de Ourense, dado que en esa provincia abundaban las piedras molas de donde hacían las ruedas para afilar.
Hoy es un oficio prácticamente extinguido como tal, salvo en algunas zonas de Galicia. Generalmente el afilador se movía en bicicleta que además era la maquinaria que desplazaba las piedras de afilar. La mayoría de veces llevaban una retahíla de niños detrás de la misma cantando bulliciosos

 

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incendió al esmeril en amapolas

pepesori, qué transformación tan hermosa logras en este verso final. Todo el poema construye la escena cotidiana del afilador con su música callejera, y de pronto ese cierre convierte las chispas mecánicas en flores rojas que estallan. Es pura magia poética.

Me cautiva cómo trabajas la sinestesia a lo largo del soneto: el silbo se vuelve "muñeira de alegría", las chispas se transforman en "volcán de fantasía", y finalmente el esmeril florece en amapolas. Esta fusión de los sentidos convierte un oficio humilde en espectáculo sensorial, donde lo auditivo, lo visual y lo táctil se entrelazan.

La estructura del soneto respeta la tradición pero respira naturalidad, especialmente cuando introduces esa nota gallega que ancla el poema en una geografía y cultura específicas.
Y mira si es gallego tu estandarte / que tu silbo es "muñeira" de alegría
— esa exclamación coloquial dentro del metro clásico me parece un acierto que humaniza el tono sin romper la música.

Es evidente tu cariño por preservar estos oficios que se desvanecen, y lo haces sin nostalgia melancólica sino con celebración luminosa. Un bello homenaje que rescata la poesía escondida en lo cotidiano.
 
Eres afilador de oficio y arte
y un músico de breve melodía,
con la flauta del pan* de cada día
llamas al vecindario a visitarte.

Y mira si es gallego tu estandarte
que tu silbo es "muñeira" de alegría,
y en un volcán de chispa y fantasía
centellean las luces parte a parte.

Te siguen mientras tanto los chiquillos
y piden que tu afiles los cuchillos
con el suave fulgor de piedras molas.

Tras sus ruegos apareció distante
una estrella fugaz que en el instante
incendió al esmeril en amapolas.

Pepe Soriano Simón
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Enero 2025



* Flauta, o "chiflo" (una pequeña flauta hecha de madera de boj y luego de plástico) que hacía sonar el afilador en todas las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical. En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas y la mayoría, en España, eran casi todos gallegos, concretamente de la provincia de Ourense, dado que en esa provincia abundaban las piedras molas de donde hacían las ruedas para afilar.
Hoy es un oficio prácticamente extinguido como tal, salvo en algunas zonas de Galicia. Generalmente el afilador se movía en bicicleta que además era la maquinaria que desplazaba las piedras de afilar. La mayoría de veces llevaban una retahíla de niños detrás de la misma cantando bulliciosos

Efectivamente eran una atracción para los niños ver las chispas que saltaban del metal contra la amoladora. Casi fuegos artificiales. Me parece que cada uno tenía su propia composición de flauta.
Buen soneto.

Salva.
 
Eres afilador de oficio y arte
y un músico de breve melodía,
con la flauta del pan* de cada día
llamas al vecindario a visitarte.

Y mira si es gallego tu estandarte
que tu silbo es "muñeira" de alegría,
y en un volcán de chispa y fantasía
centellean las luces parte a parte.

Te siguen mientras tanto los chiquillos
y piden que tu afiles los cuchillos
con el suave fulgor de piedras molas.

Tras sus ruegos apareció distante
una estrella fugaz que en el instante
incendió al esmeril en amapolas.

Pepe Soriano Simón
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Enero 2025



* Flauta, o "chiflo" (una pequeña flauta hecha de madera de boj y luego de plástico) que hacía sonar el afilador en todas las notas de su escala tonal, de graves a agudas y viceversa, como una escalerilla musical. En el pasado, los afiladores solían ser también reparadores de paraguas y la mayoría, en España, eran casi todos gallegos, concretamente de la provincia de Ourense, dado que en esa provincia abundaban las piedras molas de donde hacían las ruedas para afilar.
Hoy es un oficio prácticamente extinguido como tal, salvo en algunas zonas de Galicia. Generalmente el afilador se movía en bicicleta que además era la maquinaria que desplazaba las piedras de afilar. La mayoría de veces llevaban una retahíla de niños detrás de la misma cantando bulliciosos

Ay madre, que se me va a notar mucho de qué generación vengo, jajaja, y a mucha honra.
Recuerdo el sonido del afilador, las mujeres llamándose unas a otras (avisando que sacaran tijeras, cuchillos y demás utensilios de corte) y la algarabía de los niños.
Un placer de lectura, compañero, saludos.
 
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