Frente a tu puerta, quieta, con el alma encogida y el deseo en mi cuerpo, llamo al timbre esperando que salgas a recibirme. Después de un instante (que se me hizo eterno), abres la puerta, allí delante, mirándome, mirándote; se inicia el comienzo de mis sueños.
Una y otra vez lo imaginé y ahora estoy aquí contigo, ahora puedo acariciarte, ahora puedo sentirte; ni una sola palabra se pronuncia, sólo el deseo que impregna el ambiente; acaricio tu mejilla, un escalofrío recorre mi cuerpo, no puedo esperar más tiempo sin besar tus labios, y despacio mirándonos a los ojos, nos fundimos en un apasionado beso; es increíble, nunca sentí tanto, ni tan intenso en sólo un segundo.
Mavila.