El cumpleaños

penabad57

Poeta veterano en el portal
Tengo frío.

Tengo hambre.

La noche es tan bonita con las estrellas en lo alto.

Una sed antigua cuartea mis labios.

Mamá canta la vieja canción:
duerme corazón, tambores amigos a lo lejos,
el rumor del manantial y mi abrazo,
duerme mi niño de piel negra,
duerme y no te preocupes por mañana
”.

El mar está oscuro, la luna redonda
pone una luz de perla en mis manos.

No consigo dormir.

Tengo sed,
tengo hambre,
tengo frío.

El miedo llena mis pulmones
junto a este aire de sal y yodo.

Por la mañana las grandes olas golpean el cayuco.

Hemos volcado y yo no sé nadar,
no he vuelto al vientre de madre,
solo es la inmensidad del océano.

El sabor salino, el ahogo, la noche eterna.

Hoy cumplí ocho años,
mi cuerpo en la playa está vestido de algas,
no volveré a ver la luz de las estrellas,
ni el sol amanecerá otra vez en mis ojos.

Me acunan las olas,
dejan en mi piel la espuma del olvido.

Quizá ya nadie más sabrá que hoy cumplía ocho años.
 
Última edición:
Dependiendo donde nazcamos vamos a vivir en un casi paraíso o en un casi infierno, es increíble que en esta era de explosión tecnológica siga habiendo diferencias tan básicas y abismales entre los seres humanos. El poema es hermoso en su tristeza, pero a mí estas cosas me producen más rabia e indignación que pena, pues hay muchos culpables detrás. Un abrazo, Ramón.
 
La sensación es como un trago amargo de agua marina... duele mucho esa imagen que aún no se borra de la memoria
El poema es hermoso y es un homenaje a todos aquellos que tienen que emigrar, llevando consigo a seres inocentes que no alcanzan a descifrar por qué tuvieron que dejar atrás: casas, parientes, amigos, entorno, y muchas veces quedan a mitad del camino o en una playa lejos de su hogar.
Conmueve tu pluma y el ánimo se resiente un poco, pero es la vida... lo importante es que plasmaste una realidad que no debemos ignorar jamás y que cada que podamos, debemos enunciar.
Saludos, poeta... un abrazo
 
Dependiendo donde nazcamos vamos a vivir en un casi paraíso o en un casi infierno, es increíble que en esta era de explosión tecnológica siga habiendo diferencias tan básicas y abismales entre los seres humanos. El poema es hermoso en su tristeza, pero a mí estas cosas me producen más rabia e indignación que pena, pues hay muchos culpables detrás. Un abrazo, Ramón.
Es cierto, no sé si es el azar o la conjunción astral o lo que sea, pero nacer en uno u otro sitio marca los destinos de las personas. El poema es triste pero la tristeza es también una forma de denuncia, a mí también me da rabia e indignación que estas cosas sigan sucediendo y que a los gobernantes consientan e incluso rechacen sin miramientos a quien busca una vida mejor en su país. El humanitarismo no se lleva en estos días. Un abrazo, Luis, y gracias por comentar.
 
La sensación es como un trago amargo de agua marina... duele mucho esa imagen que aún no se borra de la memoria
El poema es hermoso y es un homenaje a todos aquellos que tienen que emigrar, llevando consigo a seres inocentes que no alcanzan a descifrar por qué tuvieron que dejar atrás: casas, parientes, amigos, entorno, y muchas veces quedan a mitad del camino o en una playa lejos de su hogar.
Conmueve tu pluma y el ánimo se resiente un poco, pero es la vida... lo importante es que plasmaste una realidad que no debemos ignorar jamás y que cada que podamos, debemos enunciar.
Saludos, poeta... un abrazo
Gracias por el comentario que dejas que me ha gustado. Un abrazo, Antonio.
 
Es muy triste la situación que viven algunas personas que sólo desean una vida algo mejor y son capaces de meterse en el mar a riesgo de morir.Un saludo desde Canarias.
 
Tengo frío.

Tengo hambre.

La noche es tan bonita con las estrellas en lo alto.

Una sed antigua cuartea mis labios.

Mamá canta la vieja canción:
duerme corazón, tambores amigos a lo lejos,
el rumor del manantial y mi abrazo,
duerme mi niño de piel negra,
duerme y no te preocupes por mañana
”.

El mar está oscuro, la luna redonda
pone una luz de perla en mis manos.

No consigo dormir.

Tengo sed,
tengo hambre,
tengo frío.

El miedo llena mis pulmones
junto a este aire de sal y yodo.

Por la mañana las grandes olas golpean el cayuco.

Hemos volcado y yo no sé nadar,
no he vuelto al vientre de madre,
solo es la inmensidad del océano.

El sabor salino, el ahogo, la noche eterna.

Hoy cumplí ocho años,
mi cuerpo en la playa está vestido de algas,
no volveré a ver la luz de las estrellas,
ni el sol amanecerá otra vez en mis ojos.

Me acunan las olas,
dejan en mi piel la espuma del olvido.

Quizá ya nadie más sabrá que hoy cumplía ocho años.
Bellísimo, muy bueno y realista; un inmenso placer leerlo... aquí por yankilandia y la U.E levantando vayas, qué vergüenza, y que tristeza e impotencia.

Un saludo.
 

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