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Gus.

don Juan argento
Mecenas
:coffee:

Puedo quedarme a la sombra de los olivos,
mirar pasar a la muerte por la calle de tierra,
no esperar nada,
no esperar el amor porque ya es tarde,
no desear el olvido porque no hay dolor que olvidar,
sólo estos árboles de hojas oscuras silbando la última siesta del verano;
hay algún pájaro en el cielo sin nubes.
Recuerdo a Borges
sus versos son tenues como el horizonte.
Recuerdo el sabor de un vino viejo,
la risa fresca de una muchacha joven,
su cuerpo que también reía junto a mi cuerpo,
su boca dulce como las uvas;
pocas cosas son,
pocas cosas soy bajo este sol que huye:
como ese río de hormigas
que miran desde el suelo sin arar
caminar mi mestiza sangre de América.
Una voluta de humo se hermana con el viento,
es bueno el tabaco
y los recuerdos;
momentos de otra vida.
Mi vida
como un sueño.
Puedo quedarme bajo estos árboles añejos,
sentir como cantan,
dejar pasar el día, la tarde,
a la luna nueva que corre.
El pesado aire ronronea en los altos chopos negros,
un manojo de estrellas
pintadas como pecas imperceptibles
guiñan sus ojitos blancos en el éter helado
de la noche.
Ahora:
puedo dejar con alegría
que la muerte se vaya en bicicleta
por la calle de tierra.
Mendoza 05/02/2017.​
a Susana.​
 
Última edición:
:coffee:

Puedo quedarme a la sombra de los olivos,
mirar pasar a la muerte por la calle de tierra,
no esperar nada,
no esperar el amor porque ya es tarde,
no desear el olvido porque no hay dolor que olvidar,
sólo estos árboles de hojas oscuras silbando la última siesta del verano;
hay algún pájaro en el cielo sin nubes.
Recuerdo a Borges
sus versos son tenues como el horizonte.
Recuerdo el sabor de un vino viejo,
la risa fresca de una muchacha joven,
su cuerpo que también reía junto a mi cuerpo,
su boca dulce como las uvas;
pocas cosas son,
pocas cosas soy bajo este sol que huye:
como ese río de hormigas
que miran desde el suelo sin arar
camina mi mestiza sangre de América.
Una voluta de humo se hermana con el viento,
es bueno el tabaco
y los recuerdos;
momentos de otra vida.
Mi vida
como un sueño.
Puedo quedarme bajo estos árboles añejos,
sentir como cantan,
dejar pasar el día, la tarde,
a la luna nueva que corre.
El pesado aire ronronea en los altos chopos negros,
un manojo de estrellas
pintadas como pecas imperceptibles
guiñan sus ojitos blancos en el éter helado
de la noche.
Ahora:
puedo dejar con alegría
que la muerte se vaya en bicicleta
por la calle de tierra.
Mendoza 05/02/2017.​
a Susana.​
Una reflexión serena y melancólica sobre la vida, la muerte y los recuerdos, ambientada bajo la sombra de olivos en una tarde de verano que se desvanece hacia la noche.

Saludos
 
:coffee:

Puedo quedarme a la sombra de los olivos,
mirar pasar a la muerte por la calle de tierra,
no esperar nada,
no esperar el amor porque ya es tarde,
no desear el olvido porque no hay dolor que olvidar,
sólo estos árboles de hojas oscuras silbando la última siesta del verano;
hay algún pájaro en el cielo sin nubes.
Recuerdo a Borges
sus versos son tenues como el horizonte.
Recuerdo el sabor de un vino viejo,
la risa fresca de una muchacha joven,
su cuerpo que también reía junto a mi cuerpo,
su boca dulce como las uvas;
pocas cosas son,
pocas cosas soy bajo este sol que huye:
como ese río de hormigas
que miran desde el suelo sin arar
camina mi mestiza sangre de América.
Una voluta de humo se hermana con el viento,
es bueno el tabaco
y los recuerdos;
momentos de otra vida.
Mi vida
como un sueño.
Puedo quedarme bajo estos árboles añejos,
sentir como cantan,
dejar pasar el día, la tarde,
a la luna nueva que corre.
El pesado aire ronronea en los altos chopos negros,
un manojo de estrellas
pintadas como pecas imperceptibles
guiñan sus ojitos blancos en el éter helado
de la noche.
Ahora:
puedo dejar con alegría
que la muerte se vaya en bicicleta
por la calle de tierra.
Mendoza 05/02/2017.​
a Susana.​
Una reflexión serena y melancólica sobre la vida, la muerte y los recuerdos, ambientada bajo la sombra de olivos en una tarde de verano que se desvanece hacia la noche.

Saludos
 
:coffee:

Puedo quedarme a la sombra de los olivos,
mirar pasar a la muerte por la calle de tierra,
no esperar nada,
no esperar el amor porque ya es tarde,
no desear el olvido porque no hay dolor que olvidar,
sólo estos árboles de hojas oscuras silbando la última siesta del verano;
hay algún pájaro en el cielo sin nubes.
Recuerdo a Borges
sus versos son tenues como el horizonte.
Recuerdo el sabor de un vino viejo,
la risa fresca de una muchacha joven,
su cuerpo que también reía junto a mi cuerpo,
su boca dulce como las uvas;
pocas cosas son,
pocas cosas soy bajo este sol que huye:
como ese río de hormigas
que miran desde el suelo sin arar
camina mi mestiza sangre de América.
Una voluta de humo se hermana con el viento,
es bueno el tabaco
y los recuerdos;
momentos de otra vida.
Mi vida
como un sueño.
Puedo quedarme bajo estos árboles añejos,
sentir como cantan,
dejar pasar el día, la tarde,
a la luna nueva que corre.
El pesado aire ronronea en los altos chopos negros,
un manojo de estrellas
pintadas como pecas imperceptibles
guiñan sus ojitos blancos en el éter helado
de la noche.
Ahora:
puedo dejar con alegría
que la muerte se vaya en bicicleta
por la calle de tierra.
Mendoza 05/02/2017.​
a Susana.​
Es muy hermoso, compañero, mucho. Saludos
 

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