Con las manos vacías y distante
declaro mi consigna en el desierto.
Añorando la luna de diamante
que aflore espejos rotos, tiempo muerto.
Difícil es apenas ser instante
y cansa ser un puto libro abierto.
Se necesita oficio de farsante.
Cuando te sueño más estoy despierto.
Ya quisiera inventar un buen adiós
que no tuviera signos de protesta,
tan sólo el suave timbre de tu voz.
Ni soy, por lejos, alma de esta fiesta,
tampoco el más intrépido o veloz.
Sólo soy la pregunta sin respuesta.