Guille Betancourt
Poeta recién llegado
Naceré para contarte
la historia de un horror,
para escuchar tu voz
en la voz del crucifijo,
para que siembres
semillas podridas y se confundan
tus manos sin dedos
con los gusanos de la tierra,
hospital militar,
solo el murmullo de tus ratas,
obesas por devorar
los coágulos del suelo,
conoce todo el espanto en las camillas,
los brazos de los muertos, como péndulos
danzando en la marea de tus horas,
hospital militar,
fango de médula y aserrío de huesos,
hay solo silencio y vida
en el hueco de la lengua,
masilla de dientes triturados,
hospital militar,
silencio y vida
en el altar vacío de los ojos,
silencio en el terror de madrugada,
silencio en el rumor
de la piel hervida goteando sobre piso,
hospital militar,
silencio
en el vaho de tu morgue, en la creolina
hospital militar,
en los martillos que no clavaron
las tablas sin lijar,
pues nunca
se cortaron árboles: se han cortado hombres,
sin cruz y sin más destino
que el olvido y el granizo.
Vengo a ti por el dulce olor
que brota de este sueño
de sirenas que anuncian la muerte
tras la muerte previa,
a la humedad de tus escaleras,
hospital militar,
aquí donde nadie
ha nacido nunca,
naceré yo para escuchar
tu voz en la voz del crucifijo,
para contarte
la historia de un horror.
la historia de un horror,
para escuchar tu voz
en la voz del crucifijo,
para que siembres
semillas podridas y se confundan
tus manos sin dedos
con los gusanos de la tierra,
hospital militar,
solo el murmullo de tus ratas,
obesas por devorar
los coágulos del suelo,
conoce todo el espanto en las camillas,
los brazos de los muertos, como péndulos
danzando en la marea de tus horas,
hospital militar,
fango de médula y aserrío de huesos,
hay solo silencio y vida
en el hueco de la lengua,
masilla de dientes triturados,
hospital militar,
silencio y vida
en el altar vacío de los ojos,
silencio en el terror de madrugada,
silencio en el rumor
de la piel hervida goteando sobre piso,
hospital militar,
silencio
en el vaho de tu morgue, en la creolina
hospital militar,
en los martillos que no clavaron
las tablas sin lijar,
pues nunca
se cortaron árboles: se han cortado hombres,
sin cruz y sin más destino
que el olvido y el granizo.
Vengo a ti por el dulce olor
que brota de este sueño
de sirenas que anuncian la muerte
tras la muerte previa,
a la humedad de tus escaleras,
hospital militar,
aquí donde nadie
ha nacido nunca,
naceré yo para escuchar
tu voz en la voz del crucifijo,
para contarte
la historia de un horror.