Soy puerta, timbre, música encerrada.
Un cómputo en la nada, menos que eso
que flota en la espesura, el aderezo
frugal en mi cazuela de exiliada.
Los versos que he tensando en una horqueta
son ríos que bebí con desmesura.
Me ofrezca el viento digna sepultura.
Por un instante la hojarasca quieta.
Soy patio, rama, poda, esqueje, injerto.
La fruta que en tu boca se deshace.
Soy lápiz, banco, niña, libro, clase.
De azada en mano para hurgar el huerto.
Soy pala, junco, boya, remo, arenas.
También la espina que produce fiebre.
El agua fresca, el pasto del pesebre.
La sal allende al mar y las colmenas.
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