A cuál de vuestras amistades debo
mi gratitud por tantas atenciones,
esmeros y cuidados sin relevo
por el impropio proceder de acciones
que ya forzosamente aquí renuevo.
Contrariamente a vuestras peticiones
expongo mis reparos cual mancebo
que no trepida en juicios ni en sanciones.
Reservo mi derecho a su ornamento,
las dádivas gentiles, las entregas
de un extinto sentir sin fundamento.
Condenado a jornadas más labriegas
vuestro apremio será mi juramento
durante noches de tormentas ciegas.