La cueva

esthergranados

Poeta adicto al portal
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.
 
Hables de vampiros, de múrcielagos, o de cualquier animal chupa sangre...Siempre lo haces extraordinariamente...
Hace unas semanas, iba trotando , despacio, a gustito, hasta que me di cuenta que me seguia uno, o a mi me pareció que me seguia, jejeje...creo que hubiera ganado las olimpiadas...
Un beso mi niña...
Mi poeta favorita...
 
Ay Sandra, que amable y que generosa eres siempre conmigo, seguro que el murciélago que te seguía solo lo hacía para ir cerquita de ti, porque ¿al lado de quién se podría sentir mejor? Un beso muy, pero que muy agradecido, guapa.
 
Ay Sandra, que amable y que generosa eres siempre conmigo, seguro que el murciélago que te seguía solo lo hacía para ir cerquita de ti, porque ¿al lado de quién se podría sentir mejor? Un beso muy, pero que muy agradecido, guapa.
Nada digo nunca, que no merezcas...Siempre digo que me gustan las historias con vida, con piel, que tengan latido, pero de verdad...que casi se pueda palpar el corazón...Y tú tienes ese arte, haces vivir la historia cualquiera que sea...
De verdad eres una maravillosa y gran narradora...
¡Ay el múrcielago!, lo que me hizo correr...
Besos para ti...y bendiciones, y buenas noches, y muchos cariños...
 
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.
Genial y bien narrada esta trama vampiresca Esther. Los murciélagos no muerden :)digo esto porque he leido a Lirae;). Lo de los vampiros me da mucho miedo, no los veo ni en películas. He entrado muchas veces en cuevas pero nunca pienso en esas cosas. Tu relato es escalofriante por la confianza que inspira el hecho cotidiano de llevarles cigarrillos, todo dentro de una falsa "normalidad".
Me ha gustado mucho.
Abrazos
 
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.

Hola Esther muy lindo relato, en particular me gustan historias de vampiros. te felicito. Esa prosa tuya esther, tan pensada y correcta; me encanta. un beso-.
 
¡Pero cómo se le ocurre llevarles cigarrillos! Yo tengo dos vampiritos en la cueva y tengo terminantemente prohibido que se fume allí abajo; yo los respeto y ellos me respetan en sus paseos al atardecer y durante la noche.
Muy bueno el relato, Esther. Deja en el aire un olor a sangre dulzón, je je je.
Un abrazote de vampiro... pero sin colmillos.
 
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.


Jejeje. Donde las dan las toman y callar es bueno, pues seguro que se cansaron de chupar humo y buscaron algo más sustancioso, jejeje.
Umnnn, pero ahora despues de leerte me va a dar "repelússss" entrar en alguna cueva, jejeje.
Un gusto leerte y casi sentir ese mordisco brrrr...
Alegre paz para ti ESTHER.
Vidal
 
¡Pero cómo se le ocurre llevarles cigarrillos! Yo tengo dos vampiritos en la cueva y tengo terminantemente prohibido que se fume allí abajo; yo los respeto y ellos me respetan en sus paseos al atardecer y durante la noche.
Muy bueno el relato, Esther. Deja en el aire un olor a sangre dulzón, je je je.
Un abrazote de vampiro... pero sin colmillos.
Que estricto eres con tus
¡Pero cómo se le ocurre llevarles cigarrillos! Yo tengo dos vampiritos en la cueva y tengo terminantemente prohibido que se fume allí abajo; yo los respeto y ellos me respetan en sus paseos al atardecer y durante la noche.
Muy bueno el relato, Esther. Deja en el aire un olor a sangre dulzón, je je je.
Un abrazote de vampiro... pero sin colmillos.
Así me gusta, que cuides a tus vampiros, ya se sabe que el tabaco perjudica seriamente la salud, si ellos tienen el detalle de no morderte...Yo en realidad los únicos vampiros que conozco andan por Moncloa y aledaños y esos sí que chupan la sangre jajaja. Un beso y gracias por leer mi cuento con ese olor dulzón que tanto le gusta a Montoro, jajaja Un beso, Alonso.
 
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.

Buenas noches Esther:

¡Excelente Microprosa!.

Has logrado asustarme, imaginándome, gracias a tu buenas descripción de esa cueva y los sonidos, que me he ido encogiendo , como si tuviera alguien detrás mío o estuviese al llegar para morderme o que se yo jajajajajaja.

Un abrazo amiga. Nos vemos el lunes, no te olvides de asistir con una mochila llenita de ocurrencias y humor.
 
Jejeje. Donde las dan las toman y callar es bueno, pues seguro que se cansaron de chupar humo y buscaron algo más sustancioso, jejeje.
Umnnn, pero ahora despues de leerte me va a dar "repelússss" entrar en alguna cueva, jejeje.
Un gusto leerte y casi sentir ese mordisco brrrr...
Alegre paz para ti ESTHER.
Vidal
Hola Vital, no le estuvo mal empleado, eso por maltratar de esa manera a los pobres murciélagos, menuda venganza la de esos animalitos...Yo soy de visitar pocas cuevas, pero si alguna vez me atrevo a bajar a alguna, me andaré con mucho cuidado jajaja. Un abrazo y muchas gracias por leerme y comentar con tanto humor.
 
Buenas noches Esther:

¡Excelente Microprosa!.

Has logrado asustarme, imaginándome, gracias a tu buenas descripción de esa cueva y los sonidos, que me he ido encogiendo , como si tuviera alguien detrás mío o estuviese al llegar para morderme o que se yo jajajajajaja.

Un abrazo amiga. Nos vemos el lunes, no te olvides de asistir con una mochila llenita de ocurrencias y humor.
Hola Luci, gracias por tu comentario, gracias por tu lectura, gracias por tu simpatía...Ay, a ver si se me ocurre algo, no me comprometo mucho, ¿eh? que yo soy muy sosa jajaja. Un beso, Luci.
 
Seguía atrapado allí dentro, paralizado por el miedo. A menudo penetraba en el mundo oscuro y húmedo de la cueva donde vivían. Le gustaba llevarles cigarrillos que ellos fumaban compulsivamente hasta marearse. Esa mañana, bajó a la gruta con una cajetilla de tabaco barato en el bolsillo y con ganas de divertirse: le parecía gracioso verlos casi borrachos. Entró gritando para asustarlos. Le sorprendieron los sonidos inquietantes del lenguaje con el que se comunicaban: a esas horas solían descansar. Empezó a preocuparse cuando lo rodearon. Manoteó torpemente en el aire para defenderse e intentó escapar: no le dejaron. Esperó con resignación. Se acercó el más audaz; notó el primer mordisco y sintió la tibieza de la sangre resbalando por el cuello. Los demás, planeaban sobre su cabeza esperando su turno.

Buen relato. Bastaron unas frases para darle un giro a la historia. Menuda sorpresa se llevó el protagonista. Saludos.
 
Genial y bien narrada esta trama vampiresca Esther. Los murciélagos no muerden :)digo esto porque he leido a Lirae;). Lo de los vampiros me da mucho miedo, no los veo ni en películas. He entrado muchas veces en cuevas pero nunca pienso en esas cosas. Tu relato es escalofriante por la confianza que inspira el hecho cotidiano de llevarles cigarrillos, todo dentro de una falsa "normalidad".
Me ha gustado mucho.
Abrazos
Hola Valentina, haces muy bien de no pensar en estas cosas cuando bajas a una cueva, estas cosas solo pasan en los cuentos...espero jajaja. Un beso y gracias como siempre por ser tan generosa conmigo.
 
Buen micro Esther. La venganza de la natura no se ha hecho esperar...

Me ha recordado a un personaje de mi barrio de cuando yo era pequeña. Tenía un murciélago al que le hacía fumar, a mi me parecía horrible atosigar de ese modo a un animalillo pero recuerdo que se reían, tanto él como el resto de adultos que le seguían la broma, de mis intentos frustrados por liberarle.

No sé... creo que no me desagrada el final de tu micro jejeje

Besotes

Palmira
 

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