César Guevar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Érase una vez una monita
que no quería ser como otros monos,
solo gritos, discusiones y comida.
“Siento que he venido a un mundo loco”
-pensaba la monita soñadora-
atrapada entre la tarde y el reposo.
En eso ve llegar a una gaviota
de la cercana mar verde y serena,
y quiere preguntarle tantas cosas
Contéstame, Gaviota, y sé sincera:
¿Recibirme querrá la blanca luna?
Deseo compartirle mis poemas
-Era el ocaso ya y había bruma-.
Gaviota ni siquiera lo pensó
y dijo en alta voz ¡Monita, escucha!:
La luna, ¡ay Monita!, sin rubor,
la luna indiferente, nívea faz,
la luna te verá y te dirá adiós.
Monita no dejose intimidar
y trató de a animar a negro cisne,
caviloso visitante del lugar.
¡Oh cisne singular que luces triste!
¿Podrías, al refugio de tu alas,
llevarme hasta la luna antes de irte?
El cisne pensador, de buena gana,
con monita triunfal, levantó vuelo
a la luna, hacia el sol o hacia la nada.
Y monita, de su haber y sus recuerdos,
ante un cisne que fungió como testigo,
a la luna regaló mágicos versos.
La luna de faz blanca, ¡oh, rostro lindo!,
hasta lágrimas de luna conmovida
le dijo a la monita “hermana mía,
De mí no te has de ir más, verso contigo”.
Septiembre y cielo. César Guevara. 2021
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