Malena Marquez
Poeta veterana en el Portal
Con la misma fruición consumía
los días que las frutas y las letras.
La mañana y la noche sostenidas
por un cordón, en un extremo
estaba el sol y en el otro
la noche azul y plata.
Una red de pensamientos
para cazar estrellas
y devorarlas con los ojos abiertos
y la memoria bien alerta,
para guardar para después.
Los colores y sabores eran lo mismo:
a veces se me daba por comer
las sandías así, a manos llenas
y otras, me quedaba sólo
con sus rojos y sus semillas
en los ojos y en la sonrisa.
Y qué decir de las letras, esa niña
que andaba con mi alma a cuestas
no leía no...esa niña que fuí yo
tenía avidez por saber...pero saber
de historias, nada de lo cierto.
Quedarse con el alma llena
hasta el hartazgo de cuentos.
Un había una vez para la niña
de mis adentros, que la vida
ya me devora de a pedacitos,
las horas y el cuerpo.
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