El árbol de mi infancia
Como la higuera joven,
resplandeciente y ciega.
Miguel Hernadez
Como la higuera joven,
resplandeciente y ciega.
Miguel Hernadez
El árbol de mi infancia
no era un árbol cualquiera
"era una higuera joven
resplandeciente y ciega"
Recuerdo aquellos días de verano,
correr en libertad por las veredas,
escuchando el cantar de las cigarras
que rompía el silencio de las eras;
y en medio de la finca,
mostraba su esplendor aquella higuera,
ella me dio el cobijo de su sombra *
acogedora y fresca,
mientras mecía un nido entre sus ramas,
y era tal el amor de aquella higuera!...
que aún brotan a la vez como un milagro
los higos y las brevas.
Cuando al fin el verano,
en ti se desvanezca,
y el otoño te deje,
envuelta en soledad, desnuda y seca;
saciarás con la lluvia
esa sed de belleza.
Y al sentirte radiante
bajo la luna llena,
susurrarás al viento:
¡hoy me llamaron bella
y me vieron hermosa
aunque nunca florezca!
Han pasado los años
y entre tus ramas viejas
he visto que acunabas, nuevo nido,
como un reverdecer de primavera.
Cansada y sudorosa,
me refugié en tu sombra, con mis penas;
mas, de tu tronco seco,
pude sentir la queja.
¡Cuanto años guardaste mis secretos,
sin cambiar la dulzura de tu esencia!
¡Que el viento no se olvide de arrullarte,
y amarte hasta el instante en que te mueras!
Porque en tierras extrañas,
¡yo hice de ti mi patria, compañera!
¡Reina de mis nostalgias,
mi cálida hechicera!
Higuera de mi infancia
resplandeciente y ciega.
Hay en este poema, un homenaje a la poeta Juana de Ibarbourou, y su poema La higuera, y dos versos de Miguel Hernandez.
no era un árbol cualquiera
"era una higuera joven
resplandeciente y ciega"
Recuerdo aquellos días de verano,
correr en libertad por las veredas,
escuchando el cantar de las cigarras
que rompía el silencio de las eras;
y en medio de la finca,
mostraba su esplendor aquella higuera,
ella me dio el cobijo de su sombra *
acogedora y fresca,
mientras mecía un nido entre sus ramas,
y era tal el amor de aquella higuera!...
que aún brotan a la vez como un milagro
los higos y las brevas.
Cuando al fin el verano,
en ti se desvanezca,
y el otoño te deje,
envuelta en soledad, desnuda y seca;
saciarás con la lluvia
esa sed de belleza.
Y al sentirte radiante
bajo la luna llena,
susurrarás al viento:
¡hoy me llamaron bella
y me vieron hermosa
aunque nunca florezca!
Han pasado los años
y entre tus ramas viejas
he visto que acunabas, nuevo nido,
como un reverdecer de primavera.
Cansada y sudorosa,
me refugié en tu sombra, con mis penas;
mas, de tu tronco seco,
pude sentir la queja.
¡Cuanto años guardaste mis secretos,
sin cambiar la dulzura de tu esencia!
¡Que el viento no se olvide de arrullarte,
y amarte hasta el instante en que te mueras!
Porque en tierras extrañas,
¡yo hice de ti mi patria, compañera!
¡Reina de mis nostalgias,
mi cálida hechicera!
Higuera de mi infancia
resplandeciente y ciega.
Hay en este poema, un homenaje a la poeta Juana de Ibarbourou, y su poema La higuera, y dos versos de Miguel Hernandez.