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La Mariña (Canción italiana)

lesmo

Poeta veterano en el portal

La Mariña

¡Qué luz tan especial
despliega en los ocasos
la Mariña de Lugo en sus parajes!
¡Qué hermoso aquel final
si al dirigir los pasos
aquella es el destino en los viajes!
En todos sus paisajes
las ancestrales piedras
de iglesias, monasterios,
se envuelven en misterios
de los musgos y el liquen y las hiedras.
Soñando la llegada
absorta va en la senda la mirada.

El mar que se aparece
inmensamente arcano,
gallego y por derechos español,
ahora que parece
tocarse con la mano
reluce bajo un místico arrebol
de otoño, y con el sol
grandes acantilados
de bóvedas gigantes
semejan arbotantes,
magníficos, de templos torreados.
Esta Mariña sabe
lo que en el corazón ya no me cabe.

La costa está desierta,
tal vez quiera decirme
lanzándome perfumes en la brisa,
que abriéndome su puerta
para allí recibirme,
espera el buen amigo –¡voy deprisa!–,
y con una sonrisa
me lleva por aquellos
rincones y lugares,
boscajes singulares
de verdes impensables, ¡todos bellos!
Y al cabo, muy despacio,
la noche oculta el cielo azul topacio.

Si me crees perdido
búscame en sus laderas
o en las suaves praderas,
de esta comarca hermosa, ¡allí habré ido!
¡Canción, es la morriña
la que me vuelve siempre a la Mariña!
 
Última edición:
Impecable y brillante canción italiana, compuesta por tres estancias de trece versos de idéntica estructura y un envío en el que invocas a la propia canción. 45 versos en total que excede en 5 la longitud permitida de los poemas.
Por consiguiente, NO APTO.
Un saludo.
Luis
 
Muchas gracias, estimado Luis, por la consideración de tus palabras para con mi propuesta. Acato, desde luego, la norma de los 40 versos que limita la medida de los poemas presentados. Debí haber sido consciente de la misma antes de presentar. No obstante la oportunidad de la norma, diré que la misma deja fuera composiciones que, excediendo la longitud permitida, se encuadran de lleno en la poética clásica, como puede ser la propia canción italiana también llamada canción petrarquista, forma poética que fue cultivada, por citar algún nombre, por Garcilaso de la Vega en su "Canción III", de setenta y tres versos, –ejemplo que pone en la entrada correspondiente el Prof. Domínguez Caparrós en su diccionario–, o Lope de Vega en su "Canción", de ciento once versos. Ambos poemas con idéntica estructura en sus estancias, la cual tomé para las mías. En fin, reflexiones que hago en voz alta, sin ánimo de generar polémica alguna.
Un saludo muy cordial.
Salvador.
 

La Mariña

¡Qué luz tan especial
despliega en los ocasos
la Mariña de Lugo en sus parajes!
¡Qué hermoso aquel final
si al dirigir los pasos
aquella es el destino en los viajes!
En todos sus paisajes
las ancestrales piedras
de iglesias, monasterios,
se envuelven en misterios
de los musgos y el liquen y las hiedras.
Soñando la llegada
absorta va en la senda la mirada.

El mar que se aparece
inmensamente arcano,
gallego y por derechos español,
ahora que parece
tocarse con la mano
reluce bajo un místico arrebol
de otoño, y con el sol
grandes acantilados
de bóvedas gigantes
semejan arbotantes,
magníficos, de templos torreados.
Esta Mariña sabe
lo que en el corazón ya no me cabe.

La costa está desierta,
tal vez quiera decirme
lanzándome perfumes en la brisa,
que abriéndome su puerta
para allí recibirme,
espera el buen amigo –¡voy deprisa!–,
y con una sonrisa
me lleva por aquellos
rincones y lugares,
boscajes singulares
de verdes impensables, ¡todos bellos!
Y al cabo, muy despacio,
la noche oculta el cielo azul topacio.

Si me crees perdido
búscame en sus laderas
o en las suaves praderas,
de esta comarca hermosa, ¡allí habré ido!
¡Canción, es la morriña
la que me vuelve siempre a la Mariña!
Preciosoooo!! Iba leyendo y mis bellos se erizaban. Un aplauso a esta belleza, Salvador.
Un abrazo. Azalea.
 
Última edición por un moderador:
Qué bueno, Salvador, que rescates esta estructura tan noble... Hermosos paisajes que describes.

Desde el punto de vista formal, no he visto la tradicional distinción entre fronte y sirima que caracteriza a las estancias, salvo quizás en la primera(te mandé un mail sobre esto).

abrazo
Jorge
 
Última edición:
Qué bueno, Salvador, que rescates esta estructura tan noble... Hermosos paisajes que describes.

Desde el punto de vista formal, no he visto la tradicional distinción entre fronte y sirima que caracteriza a las estancias, salvo quizás en la primera(te mandé un mail sobre esto).

abrazo
Jorge
Cómo te agradezco, Jorge, este comentario que viene a poner en valor esta propuesta mía. Ciertamente, salvo en la primera estancia, como dices, no hay una distinción entre la fronte y la sirima. Mal arreglo le veo, pero le daré algunas vueltas. Ahora, gracias a ti, tengo más claro que las estancias deben tener no menos de nueve y no más de veinte versos, entre otras características.
Lo dicho, mil y mil gracias por todo.
Con un fuerte abrazo.
Salvador.
 
Una excelente composición de la cual me jacto de haberla leído en primicia, y haber disfrutado estos parajes que hoy cantas contigo.
Siempre digo que la inspiración es mayor cuanto mayor es la armonía contemplativa.
Muchas gracias Salvador por compartir ésta maravilla en una estructura muy poco usual y por tanto ilustrativa.
Un abrazo
Pepe
 
Una excelente composición de la cual me jacto de haberla leído en primicia, y haber disfrutado estos parajes que hoy cantas contigo.
Siempre digo que la inspiración es mayor cuanto mayor es la armonía contemplativa.
Muchas gracias Salvador por compartir ésta maravilla en una estructura muy poco usual y por tanto ilustrativa.
Un abrazo
Pepe
Gracias mil, Pepe, por este tan generoso comentario y también por la generosidad que has mostrado conmigo en esos dos días inolvidables que he pasado en tu casa de A Mariña. Ciertamente hemos pasado momentos de eso que tú describes como armonía contemplativa. Contemplación que se ha visto enriquecida y alimentada por los exquisitos platos que hemos compartido en lugares bellísimos y recónditos. Cómo la gastronomía se une a los más nobles sentimientos para sostenerlos.
Lo dicho, mil y mil gracias. La próxima en las Rías Baixas, las macas que Dios dejó en la tierra al apoyarse en ella para descansar al cabo de su acción creadora.
Un fuerte abrazo.
Salva.
 

La Mariña

¡Qué luz tan especial
despliega en los ocasos
la Mariña de Lugo en sus parajes!
¡Qué hermoso aquel final
si al dirigir los pasos
aquella es el destino en los viajes!
En todos sus paisajes
las ancestrales piedras
de iglesias, monasterios,
se envuelven en misterios
de los musgos y el liquen y las hiedras.
Soñando la llegada
absorta va en la senda la mirada.

El mar que se aparece
inmensamente arcano,
gallego y por derechos español,
ahora que parece
tocarse con la mano
reluce bajo un místico arrebol
de otoño, y con el sol
grandes acantilados
de bóvedas gigantes
semejan arbotantes,
magníficos, de templos torreados.
Esta Mariña sabe
lo que en el corazón ya no me cabe.

La costa está desierta,
tal vez quiera decirme
lanzándome perfumes en la brisa,
que abriéndome su puerta
para allí recibirme,
espera el buen amigo –¡voy deprisa!–,
y con una sonrisa
me lleva por aquellos
rincones y lugares,
boscajes singulares
de verdes impensables, ¡todos bellos!
Y al cabo, muy despacio,
la noche oculta el cielo azul topacio.

Si me crees perdido
búscame en sus laderas
o en las suaves praderas,
de esta comarca hermosa, ¡allí habré ido!
¡Canción, es la morriña
la que me vuelve siempre a la Mariña!
Qué maravilla, Salvador !!! Un placer leerte.
Un abrazo
 

La Mariña

¡Qué luz tan especial
despliega en los ocasos
la Mariña de Lugo en sus parajes!
¡Qué hermoso aquel final
si al dirigir los pasos
aquella es el destino en los viajes!
En todos sus paisajes
las ancestrales piedras
de iglesias, monasterios,
se envuelven en misterios
de los musgos y el liquen y las hiedras.
Soñando la llegada
absorta va en la senda la mirada.

El mar que se aparece
inmensamente arcano,
gallego y por derechos español,
ahora que parece
tocarse con la mano
reluce bajo un místico arrebol
de otoño, y con el sol
grandes acantilados
de bóvedas gigantes
semejan arbotantes,
magníficos, de templos torreados.
Esta Mariña sabe
lo que en el corazón ya no me cabe.

La costa está desierta,
tal vez quiera decirme
lanzándome perfumes en la brisa,
que abriéndome su puerta
para allí recibirme,
espera el buen amigo –¡voy deprisa!–,
y con una sonrisa
me lleva por aquellos
rincones y lugares,
boscajes singulares
de verdes impensables, ¡todos bellos!
Y al cabo, muy despacio,
la noche oculta el cielo azul topacio.

Si me crees perdido
búscame en sus laderas
o en las suaves praderas,
de esta comarca hermosa, ¡allí habré ido!
¡Canción, es la morriña
la que me vuelve siempre a la Mariña!


Siempre me han fascinado, Salvador, los poemas descriptivos. Este, en particular, refleja el amor a una tierra que se presta a ello.
Sin duda, un verdadero poema que merece mi reconocimiento y mi más efusivo aplauso.
Nada que ver, pero me vas a permitir que te adjunte esta "americanada", ditirambo a la manera yanqui a esa playa carioca que tanto me gusta.


Jejejeje. Un abrazo, querido poeta.
 
Es cierto, en cuanto cruzas el Puente de los Santos, parece que entras en un mundo diferente. Y mira que lo hecho veces y veces (ahora, con el coronavirus, no se puede), pero la sensación se repite.

Saludos.
 

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