Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo que el viento trae
Azota el viento, la sequedad
del llano, trae memorias
de buenas y malas historias
en búsqueda de la alegría
y él olvidó de fracasos,
sublimados al escuchar: el crepitar
de las hojas de gramíneas abriendo
el bosque de semillas, la música
que baja del río invitando al baile
de peces, en el espejo del agua,
el familiar parloteo de la cotorra
rastreando alimento sobre el barro
o el libre andar tras la cerca
que gozan los cervatillos y el aire
fresco de abejas y aves
polinizando la vida, singularidades
de las que, mucho aprendemos,
otros las creen poca cosa,
como el faenar del gusano
de tierra procesando la fétida
bosta o nuestras pútridas carnes
para fertilizar y dar respiro
al suelo. Generosa lección
de lo pequeño, mostrando
que sobre la faz del mundo
hasta lo que nos desagrada,
es necesario.
Azota el viento, la sequedad
del llano, trae memorias
de buenas y malas historias
en búsqueda de la alegría
y él olvidó de fracasos,
sublimados al escuchar: el crepitar
de las hojas de gramíneas abriendo
el bosque de semillas, la música
que baja del río invitando al baile
de peces, en el espejo del agua,
el familiar parloteo de la cotorra
rastreando alimento sobre el barro
o el libre andar tras la cerca
que gozan los cervatillos y el aire
fresco de abejas y aves
polinizando la vida, singularidades
de las que, mucho aprendemos,
otros las creen poca cosa,
como el faenar del gusano
de tierra procesando la fétida
bosta o nuestras pútridas carnes
para fertilizar y dar respiro
al suelo. Generosa lección
de lo pequeño, mostrando
que sobre la faz del mundo
hasta lo que nos desagrada,
es necesario.
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