Escúchenme bien, pues esto, señoras y señores. Pues podría pensarse que ambos hechos en la historia guardan una relación. Que de alguna manera una de esas cosas es consecuencia de la otra.
Un poco de historia.
Respecto a lo primero, la conquista de la Luna, el hecho más llamativo sucede en el año 1.961, cuando el presidente electo norteamericano, John F. Kennedy, seducido por la facilidad con que se mandaban naves al espacio, anunció a la nación, a la suya, por supuesto, que se comprometía a poner hombres en la Luna antes del paso de una década.
Las misiones Apolo comenzaron en el año 1.967. En Julio de 1.969 el Apolo XI aluniza en la Luna y dos astronautas pisaron por primera vez el suelo lunar. Los viajes Apolo tripulados se suceden hasta el mes de Diciembre de 1.972.
Respecto a lo segundo, el famoso Caso Watergate, el personaje principal protagonista es Mr. Richard Nixon que fue elegido presidente de la República en Norteamérica en Noviembre del año 1.968 y en representación del Partido Republicano de aquel país. En las siguientes elecciones de 1.972, Mr. Nixon volvió a presentarse para presidente y fue de nuevo elegido por una mayoría total y absoluta: 49 estados de los 50 lo votaron para presidente.
Es de colegir, entonces que ambos hechos históricos se hallan asociados, no solo por su registro cronológico parecido y simultáneo, sino por la presencia de unos protagonistas, sean gentes o entidades que asisten la realidad de ambos casos. Sobre todo, pues, La NASA y el presidente Nixon.
Tenemos pues que el concreto de la conquista de la Luna cae de lleno dentro del mandato republicano de R. Nixon. Éste acosado por la presión judicial a raíz de los hechos en 1.972 del Caso Watergate dimite de su cargo en Agosto del año 1.974. El último viaje tripulado a la Luna fue en Diciembre de 1.972, justo un mes después de la reelección multitudinaria de Nixon para presidente.
Vayamos pues al tema concreto del Caso Watergate.
En Junio del año 1.972, agentes leales al republicano R. Nixon, con nocturnidad y alevosía, entraron en las oficinas del complejo Watergate, sede del comité nacional del Partido Demócrata en Washington City. Misión: fotografías y robo de documentos y colocación de sistemas de escuchas por micrófonos ocultos. Objetivo: expiar estrategias de campaña electoral, obtener secretos sobre los candidatos demócratas y descubrir información comprometedora sobre el Partido Demócrata, que asegurase la reelección de R. Nixon.
El plan de los agentes fracasó porque fueron descubiertos por la guardia de seguridad del propio centro Watergate.
El comité especial de investigación creado por el Senado del país USA, se percató de las reticencias y falta de colaboración para el esclarecimiento del caso por parte del presidente y su ejecutivo. Mientras tanto, el Caso Watergate ya era conocido por la opinión pública, no sólo por la investigación y publicación de los periodistas del Post de Washington, sino por la presencia política de los hechos en la Asamblea parlamentaria del país.
El comité judicial de investigación del Senado descubre cierta relación entre el dinero de la campaña electoral del Partido Republicano y los pagos que se habrían efectuado al grupo de los agentes invasores.
Posteriormente, pero casi justo a continuación, el comité de investigación descubren otros hechos colaterales, referidos a un plan de escuchas por micrófonos ocultos en las mismas oficinas y dependencias de la Casa Blanca, promovido por el mismo presidente Nixon y sus consejeros. Y la existencia de una cantidad notoria de cintas magnetofónicas rellenas del resultado de las conversaciones obtenidas por el sistema de micrófonos.
Pero estos hechos colaterales escapan, por decirlo así, del ámbito genuino del caso Watergate y adquieren relevancia primordial en el afán inculpatorio del comité de investigación hacia el presidente Nixon y col.
A las instancias, pues, del comité de investigación judicial para la entrega de las cintas, unas 400 cintas grabadas, Nixon y col. se niegan a lo mismo alegando un perentorio recurso legal de secreto para alguna clase de acciones de la presidencia, algo, alguna clase de ley que ofrece inmunidad al presidente y a su puesto presidencial en el último caso de que estaba en juego la seguridad nacional.
Parece ser pues, que el motivo más importante de la dimisión de Nixon tendría que ser pues esta segunda clase de escuchas por micrófonos ocultos, algo a todas luces fuera de cualquier clase de ley o normalidad política. Esto debería ser pues un caso de análisis aparte del Caso Watergate.
No obstante, parece que se descubrieron indicios en el contenido de las cintas magnetofónicas que relacionaban al presidente Nixon con la ilegal acción de los asaltantes a la sede Watergate del Partido Demócrata.
Así visto pues el Caso Watergate parece un hombre de paja. Por una parte no tendría nada que ver con la deposición del presidente y por otra el asunto en sí del edificio Watergate habría quedado sin aclarar. Todo ello, por supuesto, si no se incluyen en el contenido las dos razones importantes: el asunto de la Luna y la seguridad nacional.
Recordemos, pues ahora, dos simples datos: todos los viajes tripulados a la Luna sucedieron a una velocidad pasmosa, ¡siete viajes que llegan a la Luna! Y dentro de los años de mandato y autoridad de R. Nixon y que en las elecciones del año 1.972, todas las previsiones estadísitcas y de encuestas públicas daban por vencedor a Mr. Richard Nixon, presentado a la reelección por el Partido Republicano.
La pregunta, entonces es: ¿qué necesidad tenían R. Nixon y los hombres de su gobierno de espiar a los demócratas si estaban seguros de ganar las elecciones por una total mayoría?
Y la respuesta no puede ser otra, bífida, pero de una sola esencia, la que relaciona los viajes Apolo a la Luna con la seguridad nacional.
Por otra parte, entonces, Nixon y los hombres encargados de la inteligencia en su partido, deben seguir y estar muy al tanto de las misiones Apolo tripuladas que alunizan astronautas en la Luna. Pero si están al tanto de la verdad de lo que se muestra y aparece según unos montajes y filmaciones que pueden ser mentira, es decir, algo falso desde principio a fin, deben estar enterados asi mismo de una realidad que de hecho sucede en esos viajes que se muestran. Es decir de una realidad que es un montaje fabricado desde la Nasa, los servicios secretos de la nación y los departamentos especializados en la zona gubernamental en contacto directo con el presidente. Esto. Por mí, es lo fantástico, lo que escapa a cualquier clase de control.
El otro punto, la seguridad nacional queda perfilado. Si el asunto de los viajes a la Luna es falso, es decir, no hay tales viajes al satélite y todo ello trasciende a la Opinión Pública y cae en manos del comité judicial de investigación del Senado, la ruina de los sistemas políticos y democráticos del país será patente. Seguridad nacional de hecho comprometida con una situación de conflicto creado en el engendro de la Guerra Fría contra la URSS, principal protagonista que lo sería, pues, ahora, de la conquista del espacio. Y seguridad nacional comprometida en la imagen pública ostentada por el país USA con sus aliados y las otras naciones seguidoras de su peripecia.
Nixon, pues, los hombres de su gobierno, y su partida de agentes invasores han pensado o se vieron afectos por una clase de espionaje e inteligencia, que se haría en manos del Partido Demócrata, de datos e información fidedigna sobre lo que se estaba cociendo en Cabo Cañaveral, Florida, y que de cierto, ahora sí, comprometería, de ser esos datos puestos en dominio público, la triunfante campaña electoral de reelección del presidente Nixon. Por eso pues sería la acción del grupo de agentes que asaltaron la Sede Watergate, demócrata, Y por supuesto, pues, el plan secreto de escuchas en el interior de la Casa Blanca. En previsión de que esa información sobre la falsedad de los viajes Apolo fuese motivo de conversaciones en el mismo palacio presidencial.
Bueno, ¿y a usted qué le interesa? Alguien podría decir. Esto es una buena objeción. He de estar de acuerdo con ello.
Un poco de historia.
Respecto a lo primero, la conquista de la Luna, el hecho más llamativo sucede en el año 1.961, cuando el presidente electo norteamericano, John F. Kennedy, seducido por la facilidad con que se mandaban naves al espacio, anunció a la nación, a la suya, por supuesto, que se comprometía a poner hombres en la Luna antes del paso de una década.
Las misiones Apolo comenzaron en el año 1.967. En Julio de 1.969 el Apolo XI aluniza en la Luna y dos astronautas pisaron por primera vez el suelo lunar. Los viajes Apolo tripulados se suceden hasta el mes de Diciembre de 1.972.
Respecto a lo segundo, el famoso Caso Watergate, el personaje principal protagonista es Mr. Richard Nixon que fue elegido presidente de la República en Norteamérica en Noviembre del año 1.968 y en representación del Partido Republicano de aquel país. En las siguientes elecciones de 1.972, Mr. Nixon volvió a presentarse para presidente y fue de nuevo elegido por una mayoría total y absoluta: 49 estados de los 50 lo votaron para presidente.
Es de colegir, entonces que ambos hechos históricos se hallan asociados, no solo por su registro cronológico parecido y simultáneo, sino por la presencia de unos protagonistas, sean gentes o entidades que asisten la realidad de ambos casos. Sobre todo, pues, La NASA y el presidente Nixon.
Tenemos pues que el concreto de la conquista de la Luna cae de lleno dentro del mandato republicano de R. Nixon. Éste acosado por la presión judicial a raíz de los hechos en 1.972 del Caso Watergate dimite de su cargo en Agosto del año 1.974. El último viaje tripulado a la Luna fue en Diciembre de 1.972, justo un mes después de la reelección multitudinaria de Nixon para presidente.
Vayamos pues al tema concreto del Caso Watergate.
En Junio del año 1.972, agentes leales al republicano R. Nixon, con nocturnidad y alevosía, entraron en las oficinas del complejo Watergate, sede del comité nacional del Partido Demócrata en Washington City. Misión: fotografías y robo de documentos y colocación de sistemas de escuchas por micrófonos ocultos. Objetivo: expiar estrategias de campaña electoral, obtener secretos sobre los candidatos demócratas y descubrir información comprometedora sobre el Partido Demócrata, que asegurase la reelección de R. Nixon.
El plan de los agentes fracasó porque fueron descubiertos por la guardia de seguridad del propio centro Watergate.
El comité especial de investigación creado por el Senado del país USA, se percató de las reticencias y falta de colaboración para el esclarecimiento del caso por parte del presidente y su ejecutivo. Mientras tanto, el Caso Watergate ya era conocido por la opinión pública, no sólo por la investigación y publicación de los periodistas del Post de Washington, sino por la presencia política de los hechos en la Asamblea parlamentaria del país.
El comité judicial de investigación del Senado descubre cierta relación entre el dinero de la campaña electoral del Partido Republicano y los pagos que se habrían efectuado al grupo de los agentes invasores.
Posteriormente, pero casi justo a continuación, el comité de investigación descubren otros hechos colaterales, referidos a un plan de escuchas por micrófonos ocultos en las mismas oficinas y dependencias de la Casa Blanca, promovido por el mismo presidente Nixon y sus consejeros. Y la existencia de una cantidad notoria de cintas magnetofónicas rellenas del resultado de las conversaciones obtenidas por el sistema de micrófonos.
Pero estos hechos colaterales escapan, por decirlo así, del ámbito genuino del caso Watergate y adquieren relevancia primordial en el afán inculpatorio del comité de investigación hacia el presidente Nixon y col.
A las instancias, pues, del comité de investigación judicial para la entrega de las cintas, unas 400 cintas grabadas, Nixon y col. se niegan a lo mismo alegando un perentorio recurso legal de secreto para alguna clase de acciones de la presidencia, algo, alguna clase de ley que ofrece inmunidad al presidente y a su puesto presidencial en el último caso de que estaba en juego la seguridad nacional.
Parece ser pues, que el motivo más importante de la dimisión de Nixon tendría que ser pues esta segunda clase de escuchas por micrófonos ocultos, algo a todas luces fuera de cualquier clase de ley o normalidad política. Esto debería ser pues un caso de análisis aparte del Caso Watergate.
No obstante, parece que se descubrieron indicios en el contenido de las cintas magnetofónicas que relacionaban al presidente Nixon con la ilegal acción de los asaltantes a la sede Watergate del Partido Demócrata.
Así visto pues el Caso Watergate parece un hombre de paja. Por una parte no tendría nada que ver con la deposición del presidente y por otra el asunto en sí del edificio Watergate habría quedado sin aclarar. Todo ello, por supuesto, si no se incluyen en el contenido las dos razones importantes: el asunto de la Luna y la seguridad nacional.
Recordemos, pues ahora, dos simples datos: todos los viajes tripulados a la Luna sucedieron a una velocidad pasmosa, ¡siete viajes que llegan a la Luna! Y dentro de los años de mandato y autoridad de R. Nixon y que en las elecciones del año 1.972, todas las previsiones estadísitcas y de encuestas públicas daban por vencedor a Mr. Richard Nixon, presentado a la reelección por el Partido Republicano.
La pregunta, entonces es: ¿qué necesidad tenían R. Nixon y los hombres de su gobierno de espiar a los demócratas si estaban seguros de ganar las elecciones por una total mayoría?
Y la respuesta no puede ser otra, bífida, pero de una sola esencia, la que relaciona los viajes Apolo a la Luna con la seguridad nacional.
Por otra parte, entonces, Nixon y los hombres encargados de la inteligencia en su partido, deben seguir y estar muy al tanto de las misiones Apolo tripuladas que alunizan astronautas en la Luna. Pero si están al tanto de la verdad de lo que se muestra y aparece según unos montajes y filmaciones que pueden ser mentira, es decir, algo falso desde principio a fin, deben estar enterados asi mismo de una realidad que de hecho sucede en esos viajes que se muestran. Es decir de una realidad que es un montaje fabricado desde la Nasa, los servicios secretos de la nación y los departamentos especializados en la zona gubernamental en contacto directo con el presidente. Esto. Por mí, es lo fantástico, lo que escapa a cualquier clase de control.
El otro punto, la seguridad nacional queda perfilado. Si el asunto de los viajes a la Luna es falso, es decir, no hay tales viajes al satélite y todo ello trasciende a la Opinión Pública y cae en manos del comité judicial de investigación del Senado, la ruina de los sistemas políticos y democráticos del país será patente. Seguridad nacional de hecho comprometida con una situación de conflicto creado en el engendro de la Guerra Fría contra la URSS, principal protagonista que lo sería, pues, ahora, de la conquista del espacio. Y seguridad nacional comprometida en la imagen pública ostentada por el país USA con sus aliados y las otras naciones seguidoras de su peripecia.
Nixon, pues, los hombres de su gobierno, y su partida de agentes invasores han pensado o se vieron afectos por una clase de espionaje e inteligencia, que se haría en manos del Partido Demócrata, de datos e información fidedigna sobre lo que se estaba cociendo en Cabo Cañaveral, Florida, y que de cierto, ahora sí, comprometería, de ser esos datos puestos en dominio público, la triunfante campaña electoral de reelección del presidente Nixon. Por eso pues sería la acción del grupo de agentes que asaltaron la Sede Watergate, demócrata, Y por supuesto, pues, el plan secreto de escuchas en el interior de la Casa Blanca. En previsión de que esa información sobre la falsedad de los viajes Apolo fuese motivo de conversaciones en el mismo palacio presidencial.
Bueno, ¿y a usted qué le interesa? Alguien podría decir. Esto es una buena objeción. He de estar de acuerdo con ello.