Los niños del hambre

FanÁngel

Poeta recién llegado
¡Aguantad el peso del cielo!
¡Aguantadlo!

Ya bajan por los caminos de tierra los niños píos
del hambre, buscando monedas de lagartija en la vereda
sedienta; descalzos sus pies de leche de penumbra en la luminiscencia
cegadora del día sobre la piel verde del cocodrilo.

¡Ya van bajando!
Bajan demudados por el dolor del hambre
y la sordera del hombre que rompe sus corazones
con el triscar de los billetes duros, con el alma de cántaro
frío como metal quemado en la danza tributaria de voraces
voces de banqueros que comen níquel y revientan calaveras
de llanto de niños muertos. En su baile mordaz desgranan
el hambre cuajada en las gulas sedientas de los niños del hambre, con
bocas que lamen el alquitrán de los asfaltos y revientan paisajes
de penacho inmundo.

¡Ya van bajando!
¡Ya se ven sus tristes rostros cadavéricos!

El sol gime con mueca sordomuda
y los niños del hambre estremecen sus cuerpos
con la sangre de sus nervios apuñalados y la escarlatina
de sus manos macilentas.

¡Mas aguantad!
¡Aguantad el peso del cielo!

De ese cielo azul plomizo que se derrumba
sobre vuestras bocas, aplastándoos tripas y cercenando
los intestinos de la pobreza; pobreza impía que todo
lo devora cual agujero negro que se traga el último resquicio
de luz, de luz sin lumbre y sin esperanza para los niños del hambre.

¡Mas enterrad sus esqueletos!
Enterradlos bajo los escombros del peso del cielo
para esconder los vestigios de sus miserias.

¡Los niños del hambre!
Los niños del hambre.
 
¡Aguantad el peso del cielo!
¡Aguantadlo!

Ya bajan por los caminos de tierra los niños píos
del hambre, buscando monedas de lagartija en la vereda
sedienta; descalzos sus pies de leche de penumbra en la luminiscencia
cegadora del día sobre la piel verde del cocodrilo.

¡Ya van bajando!
Bajan demudados por el dolor del hambre
y la sordera del hombre que rompe sus corazones
con el triscar de los billetes duros, con el alma de cántaro
frío como metal quemado en la danza tributaria de voraces
voces de banqueros que comen níquel y revientan calaveras
de llanto de niños muertos. En su baile mordaz desgranan
el hambre cuajada en las gulas sedientas de los niños del hambre, con
bocas que lamen el alquitrán de los asfaltos y revientan paisajes
de penacho inmundo.

¡Ya van bajando!
¡Ya se ven sus tristes rostros cadavéricos!

El sol gime con mueca sordomuda
y los niños del hambre estremecen sus cuerpos
con la sangre de sus nervios apuñalados y la escarlatina
de sus manos macilentas.

¡Mas aguantad!
¡Aguantad el peso del cielo!

De ese cielo azul plomizo que se derrumba
sobre vuestras bocas, aplastándoos tripas y cercenando
los intestinos de la pobreza; pobreza impía que todo
lo devora cual agujero negro que se traga el último resquicio
de luz, de luz sin lumbre y sin esperanza para los niños del hambre.

¡Mas enterrad sus esqueletos!
Enterradlos bajo los escombros del peso del cielo
para esconder los vestigios de sus miserias.

¡Los niños del hambre!
Los niños del hambre.
Tremendo poema, compañero. Vergüenza me da muchas veces de pertenecer a esta raza... pensar que, con lo que han costado las bombas que han caído sobre esos niños, se puede levantar un país entero, es para perder la cabeza, todo aquél que le quede algo de conciencia.

"Los intestinos de la pobreza"... ¡Brutal!

Realistas y necesarios tus versos.

Saludos.
 
Tremendo poema, compañero. Vergüenza me da muchas veces de pertenecer a esta raza... pensar que, con lo que han costado las bombas que han caído sobre esos niños, se puede levantar un país entero, es para perder la cabeza, todo aquél que le quede algo de conciencia.

"Los intestinos de la pobreza"... ¡Brutal!

Realistas y necesarios tus versos.

Saludos.
Muchas gracias, Manolo, por pasarte por este rincón, por tu tiempo y por comentar mis letras.

Este poema, Los niños del hambre, forma parte de mi otro álbum musical llamado 'Atmósferas', siendo el tema 5 de dicho trabajo. El texto fue concebido para dotarlo de una atmósfera opresiva, claustrofóbica y de un crudo realismo que utiliza el surrealismo para golpear directamente el interior de los cuerpos de esos niños; no en vano el título del disco sintetiza esa naturaleza oscura y conceptual.

Para la producción de este álbum, al contrario que en 'Cante y Romance' -donde utilizo samplers de guitarra flamenca y estipulo un diálogo entre la cadencia andaluza y secciones de cuerda, como en la intro del sencillo 'Ojos de la Noche'-, decidí arriesgar con un diseño de sonido vanguardista y experimental.

En 'Los niños del hambre' hago uso de samplers de percusiones sordas e industriales muy pesadas que crecen en tensión armónica para imitar de forma acústica ese 'peso del cielo' azul plomizo que se derrumba sobre los cuerpos. Es una estética que transita por la música alternativa e inmersiva, explorando incluso el trap en el tema 7, 'Mundo Desmembrado' (un poema sonoro distópico sobre el colapso planetario por la caída de fragmentos lunares), o el Spoken Word y la palabra hablada sobre texturas oscuras en el tema 8, 'Nocturnidades'. Si leyéndolo se siente el impacto de la denuncia, con la ambientación musical de fondo la experiencia se vuelve una inmersión absoluta.

Este poema sintetiza toda la brutalidad humana que has captado con tanta lucidez: la metáfora del peso del cielo, que son las bombas cayendo sobre la ciudad, y la perversidad del capital que promueve las guerras para beneficio de esa caterva de asesinos inhumanos del Complejo Militar Industrial. Para ellos, los inocentes son solo 'daños colaterales' en un negocio basado en el sucio color del dinero, justificando el sufrimiento con la mal llamada economía. Una espiral de violencia eterna de la que la especie humana, desgraciadamente, jamás aprenderá.

Como siempre, un verdadero placer tener tus certeras y necesarias reflexiones por aquí.

Un saludo, compañero.
 
¡Aguantad el peso del cielo!
¡Aguantadlo!

Ya bajan por los caminos de tierra los niños píos
del hambre, buscando monedas de lagartija en la vereda
sedienta; descalzos sus pies de leche de penumbra en la luminiscencia
cegadora del día sobre la piel verde del cocodrilo.

¡Ya van bajando!
Bajan demudados por el dolor del hambre
y la sordera del hombre que rompe sus corazones
con el triscar de los billetes duros, con el alma de cántaro
frío como metal quemado en la danza tributaria de voraces
voces de banqueros que comen níquel y revientan calaveras
de llanto de niños muertos. En su baile mordaz desgranan
el hambre cuajada en las gulas sedientas de los niños del hambre, con
bocas que lamen el alquitrán de los asfaltos y revientan paisajes
de penacho inmundo.

¡Ya van bajando!
¡Ya se ven sus tristes rostros cadavéricos!

El sol gime con mueca sordomuda
y los niños del hambre estremecen sus cuerpos
con la sangre de sus nervios apuñalados y la escarlatina
de sus manos macilentas.

¡Mas aguantad!
¡Aguantad el peso del cielo!

De ese cielo azul plomizo que se derrumba
sobre vuestras bocas, aplastándoos tripas y cercenando
los intestinos de la pobreza; pobreza impía que todo
lo devora cual agujero negro que se traga el último resquicio
de luz, de luz sin lumbre y sin esperanza para los niños del hambre.

¡Mas enterrad sus esqueletos!
Enterradlos bajo los escombros del peso del cielo
para esconder los vestigios de sus miserias.

¡Los niños del hambre!
Los niños del hambre.
Muy triste la desgarradora imagen de niños hambrientos.

Saludos
 

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