Childe Harold
Poeta recién llegado
Luna muerta
Sirve la lánguida luz de esta luna muerta,
Sirve la lánguida luz de esta luna muerta,
como un espejo roto en mi conciencia,
donde naufraga toda resistencia,
y la esperanza yace en su tumba, yerta.
y la esperanza yace en su tumba, yerta.
Tiembla el silencio en la noche cerrada,
hay un temblor de sombras en el suelo,
cruje el dolor alzándose hacia el cielo,
como oración de un alma condenada.
como oración de un alma condenada.
Sangra el reloj, sus horas ya vacías,
ciega el olvido, devora el instante,
sueña mi piel con fuego delirante,
y arden las ruinas de antiguas porfías.
y arden las ruinas de antiguas porfías.
Las cicatrices tiemblan en el pecho,
duermen los sueños bajo polvo espeso,
mi nombre muere en cada grito ileso,
tras el cristal del mundo más deshecho.
tras el cristal del mundo más deshecho.
Miro la luna y no hallo salvación,
su luz de hueso empaña la mirada,
soy sombra errante, voz acuchillada,
que aúlla al filo cruel de la razón.
que aúlla al filo cruel de la razón.
Gime la tinta, el verso se suicida,
late la pena en cada nueva rima,
cada palabra es cárcel que se arrima,
a esta pasión de muerte sostenida.
a esta pasión de muerte sostenida.
Y en el final, ya nada sobrevive:
ni el alma, ni la carne, ni el camino.
Solo este amor oscuro y sin destino,
que se desangra en la entraña y pervive...
que se desangra en la entraña y pervive...