No le engaño al pedir, entonces quiero,
las vacunas guardadas en bodega.
Aquellas que ningún gobierno entrega.
Disponibles en el minuto cero.
Deseo -lo primero es lo primero-
ser variante de la variante omega,
inmune como el héroe en la brega
con mi escudo de luz y piel de acero.
Y pido ser portada de los diarios
por promover un trance que vulnere
aforos y controles sanitarios
con mi dosis que apenas degenere.
¡¿Es mucho veinte efectos secundarios?!
No más de seis o siete. No exagere.
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