Arturo Ciorán
Poeta recién llegado
Franqueó la entrada del bar,
rebasó a sus mejores amigos,
ignoró a sus amantes,
desairó a sus hijos
y se arrumbó en la penumbra.
Mírenlo allí, encorvado sobre su libretita,
acodado en la mesa,
la cabeza sostenida por sus dedos;
intenta hallar algo triste en su cerveza
y en las cenizas y el humo de su Marlboro,
mientras sus mejores amigos,
amantes
e hijos dicen «te amo» a voz en grito.
Alguna vez alguien vitoreó
sus escritos mohínos;
se debe a su público.
Sus oídos están por vahar
como en las caricaturas.
Y de repente exclama un ¡eureka!
Desenfunda una nueve milímetros
y se la apoya debajo de la mandíbula.
La puta madre,
hasta Boris Ryzhy y Pizarnik
claudicaron.
rebasó a sus mejores amigos,
ignoró a sus amantes,
desairó a sus hijos
y se arrumbó en la penumbra.
Mírenlo allí, encorvado sobre su libretita,
acodado en la mesa,
la cabeza sostenida por sus dedos;
intenta hallar algo triste en su cerveza
y en las cenizas y el humo de su Marlboro,
mientras sus mejores amigos,
amantes
e hijos dicen «te amo» a voz en grito.
Alguna vez alguien vitoreó
sus escritos mohínos;
se debe a su público.
Sus oídos están por vahar
como en las caricaturas.
Y de repente exclama un ¡eureka!
Desenfunda una nueve milímetros
y se la apoya debajo de la mandíbula.
La puta madre,
hasta Boris Ryzhy y Pizarnik
claudicaron.