No hay en mi pluma nada, nada, nada,
mi esencia de poeta se ha esfumado,
la búsqueda incesante de lo amado
solo me deja llanto y madrugada.
Llueve y de nuevo quise ser la gota
de lágrima que oculta el aguacero,
la estrella que acompaña al marinero.
Y aunque busqué en la higuera de mi infancia
no encontré entre sus ramas nuevos nidos,
ni de sus frutos la sutil fragancia:
solo paz y silencios compartidos.
Mi verso es un caudal, fuente infinita
que se vierte en la nada que me habita.
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