Paco Valiente
Poeta que no puede vivir sin el portal
Acariciaba la noche los recuerdos
que surgían de las calles encendidas,
un mar de corazones solitarios
bañaba de deseo las aceras,
caminaba la luna entre la gente
dibujando puertas en las baldosas,
yo me buscaba en un vaso de silencio
mientras mis sueños me ignoraban,
entonces entró ella repleta de vida,
se sentó a mi lado rozando mi miedo,
nuestras miradas se cruzaron,
sentí una llamarada en mis manos,
me habló dándome luz con sus palabras,
nos bebimos la madrugada
riéndonos de nosotros,
a nuestro lado las estrellas rezagadas
apuraban la última copa,
salimos del bar cogidos de la mano,
en la calle nos besamos
abrazados al cielo niño
que perezoso despertaba,
los tranvías en pijama
bostezaban pasajeros,
nos fuimos el uno con el otro
hacia la mañana,
lo que pasó luego
forma parte de otra historia,
quizás de otro poema.
que surgían de las calles encendidas,
un mar de corazones solitarios
bañaba de deseo las aceras,
caminaba la luna entre la gente
dibujando puertas en las baldosas,
yo me buscaba en un vaso de silencio
mientras mis sueños me ignoraban,
entonces entró ella repleta de vida,
se sentó a mi lado rozando mi miedo,
nuestras miradas se cruzaron,
sentí una llamarada en mis manos,
me habló dándome luz con sus palabras,
nos bebimos la madrugada
riéndonos de nosotros,
a nuestro lado las estrellas rezagadas
apuraban la última copa,
salimos del bar cogidos de la mano,
en la calle nos besamos
abrazados al cielo niño
que perezoso despertaba,
los tranvías en pijama
bostezaban pasajeros,
nos fuimos el uno con el otro
hacia la mañana,
lo que pasó luego
forma parte de otra historia,
quizás de otro poema.
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