Ayax
Poeta que considera el portal su segunda casa
Arrullo de garúa en la ventana.
Tarde de otoño casi en hora sexta.
Un toquido sutil sobre la puerta
y tu sonrisa, bajo azul paraguas.
Es tiempo en que a la piel nos sube el alma:
su instante de cenit luciente espera:
vendrá luego, cual ola que se aleja,
un remanso de mimos sin palabras.
Los ocasos de otoño, cuando llueve,
añoranza sensual nos insinúan:
son lapso sin concepto en que convergen
dulce angustia y pasión que la atenúa
cuando confluyen besos y garúa
y en un solo murmullo se entretejen.
Tarde de otoño casi en hora sexta.
Un toquido sutil sobre la puerta
y tu sonrisa, bajo azul paraguas.
Es tiempo en que a la piel nos sube el alma:
su instante de cenit luciente espera:
vendrá luego, cual ola que se aleja,
un remanso de mimos sin palabras.
Los ocasos de otoño, cuando llueve,
añoranza sensual nos insinúan:
son lapso sin concepto en que convergen
dulce angustia y pasión que la atenúa
cuando confluyen besos y garúa
y en un solo murmullo se entretejen.
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