Perdonar

Qué buenos versos! "Seguir evolucionando" me impactó. Claro que es eso, aunque a veces no es tan fácil perdonar, pero es un don que debemos poner en práctica ante un daño. Hermoso, Cecilya, nos hace reflexionar.
Grandes versos.
Abrazo fraterno.

Antes yo creía que era incapaz de ejercitar el perdón, pero porque no llegaba a comprender exactamente qué era. Perdonar no es convertirnos en tontos que van a volver a exponerse, sino desear el bien al que dañó y soltarlo para seguir el camino sin la mochila de piedras en la espalda.
Muchas gracias, Ángel por tus palabras amables y por tu visita que es un honor.
Un abrazo.
 
Pedir perdón no implica degradarse

o considerar al otro una deidad entronizada a quien suplicar una indulgencia

no es resignar o perder la dignidad;

ofrecer una disculpa es silenciar el orgullo y la soberbia

comprender honestamente los efectos del daño provocado

y no trasladar jamás la culpa.


Pedir perdón es un acto de grandeza

la apertura interior de un portal de luz y bienestar.


Aceptar el perdón, perdonar

también es tarea noble

la más compleja

la más difícil…

y no es esa utopía de olvidar las heridas

porque las cicatrices todo el tiempo las recuerdan cuando duelen;

aceptar el perdón incluye aprendizaje, sabiduría

el propósito firme de no volver a caer.


No siempre es reconciliación, no siempre se puede

a veces simplemente es rogar al cielo

que quien causó el dolor reflexione y cambie

nunca desear su mal

salir del barro

del estancamiento que deja en los ojos un halo de tristeza

continuar andando sin el morral de piedras sobre la espalda

seguir adelante con el corazón más liviano.


Seguir caminando, evolucionando

soltar, pasar la página

eso es perdonar.


........................................


Ver el archivos adjunto 63654
Que difícil es perdonar cuando nos hieren en lo más hondo. Cuando ese halo de tristeza queda reflejado en los ojos y no puedes obviarlo. Muy bonito y reflexivo
Un placer visitar su espacio y dejarme arrastrar por tan bello poema
Saludos
 
Que difícil es perdonar cuando nos hieren en lo más hondo. Cuando ese halo de tristeza queda reflejado en los ojos y no puedes obviarlo. Muy bonito y reflexivo
Un placer visitar su espacio y dejarme arrastrar por tan bello poema
Saludos

Estoy de acuerdo con vos, ambos lados del perdón son muy difíciles. Pero porque nos lo enseñan de manera incorrecta.
Perdonar en la mayoría de los casos no significa reconciliación porque a veces el daño es demasiado grande.
Es más bien un acto que nos libera al dejar ir a la situación triste y pasar la página.
No soltar nos hace daño y nos limita, por eso es mejor ir por la vida aligerando cargas.
Muchas gracias por tu amable paso por mis letras.
Que tengas un bello día, saludos.
 
Mi honda y sentida felicitación, Cecilya. Pero no solo a vos. También a quienes enriquecieron el planteo con sus comentarios.

¡Tan fácil es, cuando a uno le hacen ver el error propio, decir: "perdón, me equivoqué"! Y arrepentirse realmente. Sentir esa íntima vergüenza, ese "la pucha, ¿cómo pude ser tan...?"

Y cuando a uno le piden perdón así, de esa forma, de verdad, no de hipocresía, es mágico. Uno se da cuenta automáticamente que el pedido de perdón es auténtico, y uno siente vergüenza de no perdonar.

Coincido plenamente con lo planteado hasta aquí por vos y quienes comentaron. Perdonar no significa: "bueno, dale, seguí haciendo daño". Tal vez el perdón no implique reconciliación vincular, pero sí espiritual, que es una suerte de reconciliación con nuestra misma condición humana, porque el otro y yo, en algún punto, somos partes indivisibles de un mismo todo, y como maravillosamente vos planteás, el rencor hacia el otro funciona también como una suerte de rencor hacia uno mismo. Uno se "pudre" por dentro, de bronca, como en el fondo está deseando que se pudra el otro.

Lo que sí es realmente difícil (confieso, para mí: prácticamente imposible) es perdonar al que reincide, al que no se arrepiente, al que no pide perdón, o al que pide perdón hipócritamente... Pero no queda otra que intentarlo. Y algún día lograrlo. Porque si no, nos pudrimos por dentro. Y la vida, implacable, nos mete en ese brete. La única forma de dejar de pudrirnos, es dejar de desear que se pudra el otro, ese hijo de p... ¡Qué jodida es la vida!, ¿no? O tal vez no. Tal vez los jodidos somos nosotros.

Un abrazo desde la cordillera, con una helada que petrifica.

Lisandro
 
Mi honda y sentida felicitación, Cecilya. Pero no solo a vos. También a quienes enriquecieron el planteo con sus comentarios.

¡Tan fácil es, cuando a uno le hacen ver el error propio, decir: "perdón, me equivoqué"! Y arrepentirse realmente. Sentir esa íntima vergüenza, ese "la pucha, ¿cómo pude ser tan...?"

Y cuando a uno le piden perdón así, de esa forma, de verdad, no de hipocresía, es mágico. Uno se da cuenta automáticamente que el pedido de perdón es auténtico, y uno siente vergüenza de no perdonar.

Coincido plenamente con lo planteado hasta aquí por vos y quienes comentaron. Perdonar no significa: "bueno, dale, seguí haciendo daño". Tal vez el perdón no implique reconciliación vincular, pero sí espiritual, que es una suerte de reconciliación con nuestra misma condición humana, porque el otro y yo, en algún punto, somos partes indivisibles de un mismo todo, y como maravillosamente vos planteás, el rencor hacia el otro funciona también como una suerte de rencor hacia uno mismo. Uno se "pudre" por dentro, de bronca, como en el fondo está deseando que se pudra el otro.

Lo que sí es realmente difícil (confieso, para mí: prácticamente imposible) es perdonar al que reincide, al que no se arrepiente, al que no pide perdón, o al que pide perdón hipócritamente... Pero no queda otra que intentarlo. Y algún día lograrlo. Porque si no, nos pudrimos por dentro. Y la vida, implacable, nos mete en ese brete. La única forma de dejar de pudrirnos, es dejar de desear que se pudra el otro, ese hijo de p... ¡Qué jodida es la vida!, ¿no? O tal vez no. Tal vez los jodidos somos nosotros.

Un abrazo desde la cordillera, con una helada que petrifica.

Lisandro

Buenos días, Lisandro.
Estuve leyendo y releyendo tu comentario y te lo agradezco porque suma, enriquece y denota respeto y lectura comprensiva.
Ojalá este portal se llenara de compañeros que entendieran al comentario como parte enriquecedora de las obras.
En cuanto a la temática del perdón, yo pongo la otra mejilla y no para recibir la bofetada, sino que doy vuelta mi rostro, pongo la otra mejilla y me alejo sin desear el mal.
Hay gente que nos odia, que nos odia fuerte y no podremos cambiar eso.
Les das el regalo de la amistad o cualquier buen vínculo y lo devuelven pisoteado. No tiene sentido descender a ese juego que es pura tristeza.
Los perdonamos de todos modos aunque jamás se disculpen de corazón y dejamos que mastiquen sus rencores hasta que se cansen.
No les deseamos el mal pero no los vamos a querer jamás en nuestras vidas pero porque como bien decís, siempre van a ser reincidentes.
El cuento del escorpión y la rana tendría que servir justamente para que la rana salte y sea libre antes de ser picada.
Cuesta, es un proceso complicado pero es hermoso ir por la vida sin mochilas de piedra y sin influencias negativas que nos resten luz.
Gracias de nuevo por leerme y por el tiempo invertido en tus palabras.

Un abrazo desde el otoño de Buenos Aires ( mi época favorita del año)
 
Pedir perdón no implica degradarse

o considerar al otro una deidad entronizada a quien suplicar una indulgencia

no es resignar o perder la dignidad;

ofrecer una disculpa es silenciar el orgullo y la soberbia

comprender honestamente los efectos del daño provocado

y no trasladar jamás la culpa.


Pedir perdón es un acto de grandeza

la apertura interior de un portal de luz y bienestar.


Aceptar el perdón, perdonar

también es tarea noble

la más compleja

la más difícil…

y no es esa utopía de olvidar las heridas

porque las cicatrices todo el tiempo las recuerdan cuando duelen;

aceptar el perdón incluye aprendizaje, sabiduría

el propósito firme de no volver a caer.


No siempre es reconciliación, no siempre se puede

a veces simplemente es rogar al cielo

que quien causó el dolor reflexione y cambie

nunca desear su mal

salir del barro

del estancamiento que deja en los ojos un halo de tristeza

continuar andando sin el morral de piedras sobre la espalda

seguir adelante con el corazón más liviano.


Seguir caminando, evolucionando

soltar, pasar la página

eso es perdonar.


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Ver el archivos adjunto 63654
Qué bueno Cecylia, mejor no lo puedes detallar, tan importante que es pedir perdón y además perdonar, es verdad que te quitas una losa de encima, solo conseguirlo, aunque parezca raro, te quitas años de encima, ya que eso se enquista y duele mucho, tanto si no perdonas como si no pides perdón,

me encantó, feliz tarde, un abrazo Cecilya
 
Qué bueno Cecylia, mejor no lo puedes detallar, tan importante que es pedir perdón y además perdonar, es verdad que te quitas una losa de encima, solo conseguirlo, aunque parezca raro, te quitas años de encima, ya que eso se enquista y duele mucho, tanto si no perdonas como si no pides perdón,

me encantó, feliz tarde, un abrazo Cecilya

El mandato usual de perdonar fracasa justamente porque lo enseñan como un mandato, como algo imperativo.
Perdonar no es la desinteligencia de permitir una nueva herida.
Perdonar es soltar y entender que no podemos cambiar a los otros, que es mejor una sana distancia deseando que un día cambien para bien.
Y claro que perdonando nos liberamos de un montón de pesadas sombras.
Gracias por un comentario tan reflexivo y hermoso., Mayca
Un gran abrazo y muy feliz inicio de abril.
 

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