no soy muy de lo grecorromano, vos sabés isinha. sin embargo, el mito de perséfone me parece una metáfora muy interesante.
dice el tal rubén darío:
Yo le canto a Proserpina,
la que quema corazones
en su cálida piscina.
Soy Satán y soy un Cristo
que agoniza entre ladrones...
¡No comprendo dónde existo!
y es que en realidad, la inocencia y la falta de ella son dos caras de la moneda, así como perséfone (proserpina) y hades. igual que las estaciones disímiles que irremediablemente siguen su paso indetenible a través de la tierra y de nuestra piel. seguramente hasta este momento es difícil comprender exactamente dónde existimos, pero tenemos esa conciencia de todas esas estaciones oscuras y brillantes que nuestros ojos han observado.
y como vos decís, lo importante es esa capacidad de regresar, con toda esa experiencia que las estaciones nos han tatuado a sangre y fuego.
por cierto, creo que no le fue mal a proserpina con el cabronazo del rey del inframundo. en las épicas del homero, se le mira muy contenta con el maje (empoderada, podríamos decir).
un gusto pasar, isinha.
salud a vos.