No me ampara la noche con sus senos.
Ahora a todas horas ya me aborda.
Es esa araña que en mi mente borda
telares que sostienen sus estrenos.
Un aroma me guía a sus terrenos.
Los dedos índices preceden horda
que traza la caricia fina y sorda.
Si exhalo, sus consignas arden menos.
Emiten ruido pieles de concreto.
Alertan a sus triadas del lirismo
con que frota su suerte de amuleto.
Casi puedo palpar el hermetismo.
En el doble cerrojo su decreto
se estrella contra el fondo de mi abismo.
Última edición: