Por ti (por vosotras)

Luis Libra

Atención: poeta en obras
`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

_____
 
`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

_____
Por todo lo que le has hecho pasar y no te acuerdas de su nombre. Mmm...
Un abrazo, Luis.
 
Última edición:
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

_____
De tanto tanto tanto... tal vez sólo bastaba preguntar y entender pa qué lado iba el cuadro:p:eek:, Luis.
Joder, ¡ni que pidiéramos tanto, che! Ya viste, por ahí no era.
Abrazazo, Amigo.
 
jajaja
Lo de ponerse mazas en el gimnasio seguro que no solo fue pensando en ella. Sobre todo teniendo en cuenta que en esos sitios hay cuerpos esculturales y uno casi no puede concentrarse.
 
Por todo lo que le has hecho pasar y no te acuerdas de su nombre. Mmm...
Un abrazo, Luis.

No me acuerdo del de la niña de la guardería :), y es que el poema habla de las féminas que gustaron al yo poético de manera especial en un momento dado de su vida (por eso el paréntesis del título), pero la verdad es que a mí ya se me han olvidado la mayoría, ... mi memoria ya empieza a flaquear seriamente :rolleyes:. Gracias por la visita y un abrazo, Sergio.
 
Última edición:
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

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Dile que la pared se ve mejor así, virgen, sin cuadros ni nada que le quite su blanco como su pureza de mujer. Hermoso poema bro, muy lindo. Qué gusto da leerte mi amigo. Un abrazo.
 
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

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CONTIGO

Viajar a Marte
o al cuarto de la plancha.
Pero contigo

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Pero lo cierto que a ellas les encantan Marte o incluso la luna y también el cuarto de la plancha. Y al principio no es molestia, pero los años, las cajones desordenados, las mudanzas, las tolerancias y los hábitos, la cervezas, los cigarrillos y las borracheras, la historia de nuestras vidas tienen ese pesado traje de etiqueta de como cuando te casaste que se empolva y ya no tiene el brillo pulcro de antes. Y es ahí cuando surgen todas las querencias y también carencias, las que fueron imposibles de concretar "como el viaje a la luna" y solo conformarse con el cuarto de la plancha o el baúl trasero del auto. La vida y sus complejos en los traspiés de necesidades que tarde o temprano siempre salen a flote. Vivir todo eso nos hace más humanos incluso lo que cumplimos y lo que prometimos y jamás logramos como un politiquero de cuarta. ;)

PD: yo recuerdo el nombre de todas aunque solo elijo a una.

Me gustó mucho leerte Luis.

un abrazo.

(la verdad que el poema esta muy bueno, me encantó... un a estupenda obra en verso libre)
 
Última edición:
De tanto tanto tanto... tal vez sólo bastaba preguntar y entender pa qué lado iba el cuadro:p:eek:, Luis.
Joder, ¡ni que pidiéramos tanto, che! Ya viste, por ahí no era.
Abrazazo, Amigo.

Jajaja, que no es broma, que colgar un cuadro tiene su ciencia :), ... sobre todo hacer el jodido agujero en la pared, ... la última vez hice un boquete en el ladrillo con el taladro que tuve que rellenarlo después con un buen puñado de yeso :eek:; prefiero planchar una veintena de camisas (también odio planchar :mad:). Y bueno, tienes razón, la verdad es que nosotros generalmente pedimos más que vosotras, somos bastante más inútiles :D. Un abrazazo pa ti, Romi.
 
Última edición:
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

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Maravilla.¿porqué escribes tan pocos de estos? Un placer leerte.
 
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

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Bueno, Luis, es que... No has oído un chiste feminista que dice :
Los hombres son como el horno de microondas, una cree que sirven para todo, pero nomás sirven para calentar.
Ya ves lo del cuadro.
 
jajaja
Lo de ponerse mazas en el gimnasio seguro que no solo fue pensando en ella. Sobre todo teniendo en cuenta que en esos sitios hay cuerpos esculturales y uno casi no puede concentrarse.

En realidad en esos tiempos yo prefería los deportes de combate y las artes marciales a ponerme cachitas -siempre me han aburrido las pesas- y no veía tantos cuerpos esculturales, pero sí, algún pibón había ;). Un abrazo amigo y gracias por la visita.
 
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

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Me gustó mucho, Luis. Un poema que lleva el peso de una historia.
Gracias por compartir.
Abrazo.
 
Dile que la pared se ve mejor así, virgen, sin cuadros ni nada que le quite su blanco como su pureza de mujer. Hermoso poema bro, muy lindo. Qué gusto da leerte mi amigo. Un abrazo.

Jajaja, pues sí, qué ganas de agujerear las paredes, con lo bien que lucen vírgenes e impolutas :p
Muchas gracias, Alejandro, me alegra que te gustara el poema. Un fuerte abrazo, bro.
 
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

_____
Muy bueno, Luis. Percibo cómo vas ascendiendo desde la niñez, pasando por la pubertad y juventud, hasta esa pared con la que muchas veces se tropieza, ¡qué cuadro!, je, je. Me pareció todo un poema de amor que se va reflejando en cada encuentro para volver al espejo del que salimos. Quizás también seamos unos incomprendidos... pero que nos quiten lo bailao, je, je.
Te mando un pequeño manual, por si sirviera para algo. Confieso que no lo he leído, je, je.
Un abrazo, compañero, hasta el centro de la península.
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CONTIGO

Viajar a Marte
o al cuarto de la plancha.
Pero contigo

LUIS ALBERTO DE CUENCA

Pero lo cierto que a ellas les encantan Marte o incluso la luna y también el cuarto de la plancha. Y al principio no es molestia, pero los años, las cajones desordenados, las mudanzas, las tolerancias y los hábitos, la cervezas, los cigarrillos y las borracheras, la historia de nuestras vidas tienen ese pesado traje de etiqueta de como cuando te casaste que se empolva y ya no tiene el brillo pulcro de antes. Y es ahí cuando surgen todas las querencias y también carencias, las que fueron imposibles de concretar "como el viaje a la luna" y solo conformarse con el cuarto de la plancha o el baúl trasero del auto. La vida y sus complejos en los traspiés de necesidades que tarde o temprano siempre salen a flote. Vivir todo eso nos hace más humanos incluso lo que cumplimos y lo que prometimos y jamás logramos como un politiquero de cuarta. ;)

PD: yo recuerdo el nombre de todas aunque solo elijo a una.

Me gustó mucho leerte Luis.

un abrazo.

(la verdad que el poema esta muy bueno, me encantó... un a estupenda obra en verso libre)

Pues sí, pienso que esas carencias, a ciertas alturas de relación, se suplen ampliamente con el potente vínculo y complicidad que solo da el haber compartido y recorrido el largo y bacheado camino de una vida (o una importante parte de esa vida) en común. Las frustraciones, las derrotas, las heridas..., cuando se superan incluso se pueden convertir en cemento de una relación, y al final solo son dificultades/escollos de ese "viaje a la luna", ... y la luna es haber llegado juntos (y casi enteros :)) hasta ahí.

PD: está bien eso de elegir a una, quedarse con más de una suele ser un problema :D

Muchas gracias por tu visita y gran comentario, Danie. Un abrazo, compa.
 
Maravilla.¿porqué escribes tan pocos de estos? Un placer leerte.

Muchas gracias, Luciana; y bueno, es que este tipo de poemas que parecen tan sencillos en realidad son los más complicados, y supongo que también la inspiración es caprichosa. Un abrazo, amiga.
 
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Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...

Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.

Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...

Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...

Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-

Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.

Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...

Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...

¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!

¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?

_____
Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías

o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.

Sencillamente excelente estimado poeta Luis. Un abrazo con la pluma del alma
 

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