Luis Libra
Atención: poeta en obras
Me gustó mucho, Luis. Un poema que lleva el peso de una historia.
Gracias por compartir.
Abrazo.
Muchas gracias, Angelcesar, celebro que te gustara. Un abrazo compañero.
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Me gustó mucho, Luis. Un poema que lleva el peso de una historia.
Gracias por compartir.
Abrazo.
Muy bueno, Luis. Percibo cómo vas ascendiendo desde la niñez, pasando por la pubertad y juventud, hasta esa pared con la que muchas veces se tropieza, ¡qué cuadro!, je, je. Me pareció todo un poema de amor que se va reflejando en cada encuentro para volver al espejo del que salimos. Quizás también seamos unos incomprendidos... pero que nos quiten lo bailao, je, je.
Te mando un pequeño manual, por si sirviera para algo. Confieso que no lo he leído, je, je.
Un abrazo, compañero, hasta el centro de la península.
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Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías
o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.
Sencillamente excelente estimado poeta Luis. Un abrazo con la pluma del alma
Ajajajj bueno, yo si sé usar el taladro sin voltear la pared y sé comprar camisas que no se arrugan.Jajaja, que no es broma, que colgar un cuadro tiene su ciencia, ... sobre todo hacer el jodido agujero en la pared, ... la última vez hice un boquete en el ladrillo con el taladro que tuve que rellenarlo después con un buen puñado de yeso
; prefiero planchar una veintena de camisas (también odio planchar
). Y bueno, tienes razón, la verdad es que nosotros generalmente pedimos más que vosotras, somos bastante más inútiles
. Un abrazazo pa ti, Romi.
Ajajajj bueno, yo si sé usar el taladro sin voltear la pared y sé comprar camisas que no se arrugan.
Beso.
`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...
Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.
Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...
Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...
Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-
Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías
o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.
Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.
Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...
Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...
¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!
¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?
_____
Excelente recorrido... Según parece no somos tan distintos en cuestión de sentidos. Y el cierre, magnifico, las frases hechas son un recurso bien avenido...
Me encantó el poema, Luis. Bueno, gracias por la dedicatoria (me sumé, jaja).
Un fuerte abrazo, beso
El tiro está donde tú flaqueas, es el motivo imperdonable y a tomarse la molestia que va para todo el día. Los mejores dones están colgados por si a la vista se llene de recuerdos de todo lo que ellas dan.
Saludos
Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
Creo que esta línea preciosa que cité resume lo que hacemos cada día al elegir a la persona que nos va a acompañar en el camino.
No es un camino perfectito, ni ideal, ni tapizado de margaritas, no.
Es un camino imperfecto, lleno de distracciones, que nos da la oportunidad de sortear obstáculos y seguir eligiendo a la misma persona.
La enemiga, villana número uno de los vínculos es la rutina- entre otras dificultades- pero sabiendo eso, se pueden idear mil estrategias, ritos y otros conjuros para que no gane. El amor es más fuerte, como dice una canción.
Y lo digo después de 33 años en pareja que avalan mi argumento
Me gusta mucho tu claridad característica en las historias que se leen de manera ágil, que se comprenden, que fluyen y es como si en lugar de leer, te estuviéramos escuchando. Ese es un talento que admiro.
Fue un gusto pasar por tu espacio y es un gusto volver cada cierto tiempo a visitar a los compañeros que aprendí a valorar.
Un abrazo con admiración.
`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...
Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.
Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...
Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...
Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-
Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías
o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.
Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.
Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...
Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...
¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!
¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?
_____
Tus versos Luis están llenos de desparpajo, me encantan, empiezan tiernos aunque al final he notado un poquito de rencor. Es que la vida de unos y de otras es así, sobre todo a determinadas edades. Voy leyendo tus letras y es como un viaje enamoradizo donde los sentimientos y el deseo se zambullen en el tiempo con una cronología muy bien definida. Aprendizaje y esfuerzo para llegar a la otra persona cueste lo que cueste. En fin que me ha encantado leerte chavalote.
Un abrazo
Y seguirás sin entender que no hay misterio alguno en ellas, no hay deconstrucción sino de deconstruirse: solo existimos personas y los huecos por llenar entre ambos, y no con falos, sino con humanidad. Seguirás estrellándote, apelando a la testosterona que confunde rosa con gasolina, erección con monumento a erigir, a sentir con demostrar lo sentido. Persona es igual a un igual, ni menos ni más: vale igual si pinto el cuadro y tú lo cuelgas. Somos iguales hasta que nos mal informan que somos diferentes porque la diferencia implica más y menos. De ambos lados de la ecuación somos lo mismo: una igualdad.`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...
Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.
Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...
Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...
Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-
Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías
o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.
Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.
Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...
Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...
¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!
¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?
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Y seguirás sin entender que no hay misterio alguno en ellas, no hay deconstrucción sino de deconstruirse: solo existimos personas y los huecos por llenar entre ambos, y no con falos, sino con humanidad. Seguirás estrellándote, apelando a la testosterona que confunde rosa con gasolina, erección con monumento a erigir, a sentir con demostrar lo sentido. Persona es igual a un igual, ni menos ni más: vale igual si pinto el cuadro y tú lo cuelgas. Somos iguales hasta que nos mal informan que somos diferentes porque la diferencia implica más y menos. De ambos lados de la ecuación somos lo mismo: una igualdad.
`
Yo, que allá por mi infancia
-en el hoy borroso videoclip de una guardería-
te entregué mis primeros
y más tiernos sentimientos.
A ti, niña de nombre olvidado,
mi primer arco iris, mi primera vez en ese mar salvaje
del amor, insoportable dolor de tripa
y obnubilación boba e incontenible...
Sí, yo, que una tarde
al salir de la aburrida catequesis
me imaginé un futuro de alucinantes colores
infinito a tu lado.
Y frotar de mayores nuestras narices a lo esquimal
cada día antes del desayuno.
Y ver pelis de miedo acurrucados bajo una manta en invierno.
Y besarnos como en un anuncio de pegamento superglú.
Y pescar sardinas para barbacoa cogidos de las alas,
juntos
como dos gaviotas que vuelan siempre en paralelo
sobre los tejados y las calles
de una ciudad portuaria sin rotondas,
perdigonazos traidores
ni problemas de aparcamiento...
Yo, que recibí mi primer puñetazo
cual enclenque y bajito quijote
entre un corro de niñatos
por defender tu honor
en el embarrado patio de un feo colegio de barrio...
Que años después descubrí la magia de la música
bailando una de Scorpions contigo:
Recuerdo
tus pequeños y mullidos pechos apretados contra el mío,
y tus ojos verde esmeralda,
y nuestros corazones a mil,
y mi primera y traicionera erección en público
-en aquel cumpleaños de la Trini del 2ºA-
Yo, que por ti bebí como un vikingo,
que fumé hasta toser el alma,
que gasté cada ángulo y cada centímetro
de cada espejo que encontraba,
que regué con mi sudor
cada centímetro del gim-center
como un despiadado e incansable pirómano de calorías
o que expuse mi fresca piel hasta el límite del incendio
como un cangrejo idiota y enamorado
al terrible peligro de los rayos ultravioleta.
Y solo para que me regalaras
un sábado de sexo nuclear
sobre la torturada hierba
y ante la mirada envidiosa de la luna
en esa arboleda de nuestra resplandeciente
e irrepetible juventud.
Yo, que te concedí la exclusiva de mis sueños;
que te comía la boca diez veces por noche
pero sin ti,
que me corrí más de cien veces contigo
pero sin ti.
Que te engañé por puro acojone
(y un poco, sí, por cuestión hormonal)
Que robé tu corazón sin que te enteraras,
y que luego se escapó sin enterarme.
Y hasta encontré un sentido a la vida
durante casi un agosto entero...
Yo, que añadí el morado
a mi monocromática paleta política,
que quemé la culata de mi Corsa
negro brillo como tus ojos,
que me arruiné con el jodido Audi de quinta mano;
y aprendí yoga, mecánica, poesía,
respeto, locura (de la buena) y paciencia
solo por ti...
¡Que me estrellé, me reconstruí,
me hundí, levité, reí, lloré,
me volví a hundir, volví a reír,
me rendí y me volví a levantar
también por ti...!
¿Y ahora me dices que si no sé colgar
un puto cuadro en la pared,
que si mi apoteósica inmadurez es
digna de los mundos azules de Avatar,
que no sé lo que es el amor
y que no entiendo a las mujeres...?
_____
Menos mal que no le escribes al amor, me refiero en el foro
porque aquí hay un poquito de amor, amor a nosotras, amor del bueno
y además nos sacas una sonrisa, qué importa si no eres un "manitas"
Qué complicado es encontrar ahora los poemas, compi, pero mereció la pena.
Ya seguiré buscando...Un abrazo grande, grande.
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