Comenzaré por no creerte, pronto,
y aferrarme del mástil por tus cantos.
Me sienta bien el rol de siempre, tonto.
Jamás bebí la cura para espantos.
Desfilan las escenas, en racconto,
vestigios de consensos y quebrantos
sin un claro registro, ni su monto,
desvisto por vestir a nuevos santos.
Aguardo en mi mortaja por tus vientos
con un lenguaje estéril y sucinto
para afrontar un mar con ojos cruentos.
No pierdo pie, me salvo por instinto,
de tus labios voraces y sedientos.
Mi sangre es para ti divino tinto.
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