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Qué efímero el espacio

El regreso de Alfonsina

Poeta que considera el portal su segunda casa




Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
saqué de "donde no". ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​
 
Última edición:



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​
Un placer enorme leerte, hay poesías que merecen ser leídas intensamente. Saludos cordiales
 



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.


Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.


La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.


Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​

Mi querida, Eva, qué hermosa y emotiva silva arromanzada, cuántos de sus versos merecen mención. Esta primera estrofa donde hablas de un sueño...

Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
"Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio."


"La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso",
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

y ya esa última estrofa

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.


Y hay poemas que merecen ser guardados en nuestra memoría, hacerlos nuestros.
Gracias Eva, porque el placer leer tu poema,me devuelve la esperanza en la poesía.
Un abrazo grande, y mi agradecimiento por compartirnos tu arte.
Isabel

 
Última edición:
Una linda silva, estimada Eva, que me ha recordado la famosa carrera de Aquiles y la tortuga, tan cara a los matemáticos por poner en evidencia la finitud del infinito.

Esta estrofa
Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

que considero nodal para el poema, me resultó oscura y, a la vez, defectuosa.
Por los dos primeros versos parecería que te pones en el lugar de una estrella en extinción, o algo semejante, la luna en su poniente quizás...
En el tercer verso el «yo» lo veo ripioso: tratándose de ti, preguntaré ¿qué hace ahí? La expresión, que supongo coloquial, «de donde no», que imagino truncada «de donde no había más», me resulta demasiado oscura. En fin, revisaría este cuarteto, que adivino trascendente.

abrazo
Jorge



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​
 
Última edición:
Mi querida, Eva, qué hermosa y emotiva silva arromanzada, cuántos de sus versos merecen mención. Esta primera estrofa donde hablas de un sueño...

Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
"Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio."


"La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso",
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás yo lo agarré con tanto ímpetu,
saqué de donde no. ¡Sí!, llegué a salvo.

y ya esa última estrofa

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.


Y hay poemas que merecen ser guardados en nuestra memoría, hacerlos nuestros.
Gracias Eva, porque el placer leer tu poema,me devuelve la esperanza en la poesía.
Un abrazo grande, y mi agradecimiento por compartirnos tu arte.
Isabel

Gracias a ti, Isabel, por tu generosidad. Disfrutar de la poesía al tiempo es uno de los mejores regalos y tenerte de compañera es un lujo siempre.
Un abrazo grande, querida Isabel,
Eva
 
Estimado Jorge,
no te falta cierta razón al cuestionar la estrofa.

que considero nodal para el poema, me resultó oscura y, a la vez, defectuosa.
Por los dos primeros versos parecería que te pones en el lugar de una estrella en extinción, o algo semejante, la luna en su poniente quizás...
Los dos primeros versos hacen referencia al manido tópico de "ver la luz al final del túnel" (por eso intenté decirlo de la forma más poética posible, no digo que lo haya conseguido), pero a esa luz es a la que me refería. Pensé que se podría entender.
En el tercer verso el «yo» lo veo ripioso: tratándose de ti, preguntaré ¿qué hace ahí?
jajaja todo un halago que agradezco. Paso rauda a corregirlo.
La expresión, que supongo coloquial, «de donde no», que imagino truncada «de donde no había más», me resulta demasiado oscura.
Supones bien, de entrada tuve que haberla puesto entre comillas.

Quizás quise jugar mucho con las antítesis y, aquí no digo "quizas", intenté mezclar el lenguaje coloquial con otro lenguaje más poético para enfatizar la relación natural con la situación y el ser amado.

Creo que lo voy a dejar así, aunque te lo agradezco mucho, de veras. De todos modos respondo al ejercicio de buscar otra opción, que para mí es un placer. Por ejemplo:

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
(el de "la luz del túnel)
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
la esfera se rompió. ¡Sí!, llegué a salvo.

No sé si te parecerá mejor o puede que no tenga enmienda.

Ésto, por disfrutar.

Gracias.
Un abrazo,
Eva
 
Sí, me parece mejor.

No me dices nada de Aquiles, y este no es espacio para contártelo, pero tiene mucho que ver. Más si en ese verso pusieras el abismo salté: sí, llegué a salvo.

Lo de la luz del túnel no lo vi por el «me» de «me quedaba», quizás «que entreveía».

abrazo
 
Última edición:
Sí, me parece mejor.

No me dices nada de Aquiles, y este no es espacio para contártelo, pero tiene mucho que ver. Más si en ese verso pusieras el abismo salté: sí, llegué a salvo.

Lo de la luz del túnel no lo vi por el «me» de «me quedaba», quizás «que entreveía».

abrazo
Mi humilde silva no pretendía tratar esa paradoja, aunque entiendo que te lo sugiera. Puedes contárnosla si te complace y te parece que viene al hilo.

"así el único haz que me quedaba", en este caso me refiero al "haz de esperanza"

"un último respiro, un primer halo", en éste a la "luz del túnel"

Un abrazo,
Eva
 
Mi humilde silva no pretendía tratar esa paradoja, aunque entiendo que te lo sugiera. Puedes contárnosla si te complace y te parece que viene al hilo.

"así el único haz que me quedaba", en este caso me refiero al "haz de esperanza"

"un último respiro, un primer halo", en éste a la "luz del túnel"

Un abrazo,
Eva
Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

En los versos 3 y 4 pareces sugerir que, a pesar de correr, no avanzabas: esto me sugiere que tus pasos eran muy breves, que en muchos pasos recorrías poco espacio. La mención de los micrómetros en el verso refuerza esa intuición, confirmada además en el verso 8, que ve lejos lo que está a «un solo palmo», donde lejos querría decir a muchos pasos. Este asunto me llevó a recordar la carrera de Aquiles y la tortuga.

El genio de los griegos da vértigo, y el de Zenón en particular tuvo un rol anticipatorio insólito para las matemáticas. El primer asunto es el de que el espacio puede ser dividido en unidades tan pequeñas como se quiera, lo sugerido por tus micrómetros. El análsis de este asunto solo se completó en el siglo XIX, cuando Dedekind y sus contemporáneos formalizaron la noción de número real. El segundo asunto, el hecho de que la unidad (un palmo) puede ser descompuesta como suma de infinitos términos (tan lejos), llevó a Kolmogorov a introducir el axioma de sigma aditividad, que jugó un rol esencial en la fundación, en 1923, de la teoría de probabilidades (en justicia, este axioma fue introducido algunos años antes en la teoría de la medida por Lebesgue).

Para la anécdota de Aquiles y la tortuga podéis consultar la wikipedia, solo quería destacar su enorme trascendencia y su relación con el poema.

Para sumar a este comentario los restantes cuartetos, diré que Jacques Lacan llamó «Aquiles y la tortuga» al Capítulo I de su Seminario XX, refiriendo a esta paradoja la de las aporías del deseo...


abrazo
Jorge
 
Última edición:



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
saqué de "donde no". ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​
Precioso poema!! Un placer leerte.
Saludos cordiales.
 



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
saqué de "donde no". ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​


Una hermosura de poema, que deleite su musicalidad natural
Un placer haber pasado.
Mis saludos más cordiales.
 
Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

En los versos 3 y 4 pareces sugerir que, a pesar de correr, no avanzabas: esto me sugiere que tus pasos eran muy breves, que en muchos pasos recorrías poco espacio. La mención de los micrómetros en el verso refuerza esa intuición, confirmada además en el verso 8, que ve lejos lo que está a «un solo palmo», donde lejos querría decir a muchos pasos. Este asunto me llevó a recordar la carrera de Aquiles y la tortuga.

El genio de los griegos da vértigo, y el de Zenón en particular tuvo un rol anticipatorio insólito para las matemáticas. El primer asunto es el de que el espacio puede ser dividido en unidades tan pequeñas como se quiera, lo sugerido por tus micrómetros. El análsis de este asunto solo se completó en el siglo XIX, cuando Dedekind y sus contemporáneos formalizaron la noción de número real. El segundo asunto, el hecho de que la unidad (un palmo) puede ser descompuesta como suma de infinitos términos (tan lejos), llevó a Kolmogorov a introducir el axioma de sigma aditividad, que jugó un rol esencial en la fundación, en 1923, de la teoría de probabilidades (en justicia, este axioma fue introducido algunos años antes en la teoría de la medida por Lebesgue).

Para la anécdota de Aquiles y la tortuga podéis consultar la wikipedia, solo quería destacar su enorme trascendencia y su relación con el poema.

Para sumar a este comentario los restantes cuartetos, diré que Jacques Lacan llamó «Aquiles y la tortuga» al Capítulo I de su Seminario XX, refiriendo a esta paradoja la de las aporías del deseo...


abrazo
Jorge
Interesante, Jorge.
¡En mis versos el "deseo", afortunadamente, se cumplió!
Gracias por compartir tiempo y conocimientos.
Un abrazo,
Eva
 



Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.

Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.

La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.

Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
saqué de "donde no". ¡Sí!, llegué a salvo.

Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.



-Eva-​
Como un aperitivo en el momento oportuno, ¡qué excelente sabor de boca deja este poema!, Eva, muchas gracias.
Un enorme y admirado abrazo.
Javier
 
Como un aperitivo en el momento oportuno, ¡qué excelente sabor de boca deja este poema!, Eva, muchas gracias.
Un enorme y admirado abrazo.
Javier
Igual que tu comentario que es plato fuerte:)
Muchas gracias, Javier, por leerme y dejar siempre las palabras oportunas que hacen sentir bien. Gracias por tu generosidad.
Un abrazo grande,
Eva
 

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