El regreso de Alfonsina
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soñé que caminaba por un túnel
y allí, al final, tus brazos.
Corría, y más corría, y era el mismo
lugar que se estancaba en el cansancio.
Mi vista confundía los micrómetros,
por un millón, su largo;
y allí que estabas tú, tan cerca, lejos,
tan lejos por tenerte solo a un palmo.
La risa de tu oasis me atraía,
tu voz, maná, empujó la sed del paso,
y supe que terminan los desiertos
por mucho que, en momentos, no creamos.
Así el único haz que me quedaba,
un último respiro, un primer halo,
jamás lo sujeté con tanto ímpetu,
saqué de "donde no". ¡Sí!, llegué a salvo.
Qué eterno fue abrazarte, amor, qué eterno.
¡Qué efímero el espacio!
Hay noches que merecen toda pena,
hay sueños que merecen ser soñados.
-Eva-
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