¿Quién eres realmente?
En esa tarde calurosa de Mayo cuando menos te esperaba, te presentaste de repente como es costumbre tuya, como si fueras un ave extraña que extiende sus alas para cubrir con su sombra un alma. Me disponía a escribir unos versos sobre el escritorio, en el momento que de pronto el teléfono hizo que diera un respingo en la silla, noté un sonido distinto, frío, dejé que sonara tres veces y a la cuarta, alguien con voz quebrada anunció lo que no deseaba oír nunca, tu presencia. Mis ojos se volvieron trémulos y empezaron a humedecerse, mi mano se aferró al auricular con fuerza, durante unos segundos, el silencio se adueñó de mi entorno, por un momento pensé que era a mí a quien buscabas y un escalofrío repentino se adentró en mi como un rayo zigzagueando pero no, tus alas cubrieron un alma noble, trabajadora a lo largo de su vida con sus manos asidas al volante de su camión, derrochando amor, cariño, ternura cuando regresaba a casa para estar con la familia a pesar de su rudeza, un hombre bueno de edad avanzada, quizás cansado de luchar durante tantos años contigo a corazón abierto y que tantas batallas te ganó. Te has llevado a mi querido Tío en el momento en que todos pensábamos que te había ganado nuevamente pero tú, muerte, tenías que mostrar el orgullo, tu sombra, tu gélido aliento y demostrar una vez más, que eres fuerte.
¿Qué dijiste para que mi Tío se resignara ante tu presencia?
¿Quién eres realmente, acaso tú, eres la vida y la vida es la muerte?
Dime muerte ¿Por qué está tan dormida la vida cuando llegas?
¿Cómo es tu rostro, acaso eres la rosa que abre sus pétalos sobre la pálida luna, una rosa negra en noches de luna llena?
Es posible que mi Tío entendiera tu visita como un alivio al sufrimiento (que no dolor) que padecía por ver como de a poco se iba consumiendo y las fuerzas empezaban a fallarle. Es posible que le ofrecieras viajar hacia una isla llamada Paz en donde aguardaban sus Padres y hermanos. Sí, es la única manera de que el accediera a coger tu mano y caminar hasta el final del oscuro pasillo en donde veía brillar una luz.
No muerte, no he visto tu semblante ni oído tus pasos, tampoco he olido tu perfume de azufre, pero he sentido en la calurosa mañana tu abrazo frío abrigándome, como los perros sienten tu llegada advirtiendo con ladridos, he visto a los cipreses inclinarse murmurando cuando los enterradores con sus palas empezaron a echar tierra en la fosa y una vez terminaron ya no me abrazabas y los cipreses se erguían. Ya descansa mi Tío en tu isla, muerte, sin pena, sin dolor pero alegre porque se ha reunido con parte de la familia que desde allí vinieron a buscarle, solo espero que cuando regreses y sea a mí a quien cubras con tus alas, me lleves navegando por los mares de tu sombra hasta la isla para encontrar allí lo que aquí se antoja difícil de conseguir.
Dime muerte ¿Por qué está tan dormida la vida cuando llegas?
Quiero entender que la existencia son tres caminos, algunos largos, otros cortos o demasiado cortos, unos claros y otros sombríos, que a lo que llamamos vida, no es tan larga en una caja como parece y que tú, muerte, eres eterna y al final del camino hay un umbral destellante que nos separa de ti.
Dime muerte ¿Quién eres realmente, acaso tú, eres la vida y la vida es la muerte?
Luis
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