E.Fdez.Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
SANTIDAD
La fe mueve las montañas;
invoquemos paz mundial,
acuerdo internacional
en contra de alimañas
con sus desastrosas mañas.
Los que van en procesiones
y cantan desde balcones
no practican esos lemas,
porque caudales son temas
que colman sus ilusiones.
Se arrodillan con la cruz,
rechazan a sus hermanos,
son mucho más que villanos
y hacen como el avestruz,
por no ver el arcabuz.
Son los míseros patriotas
que con chaquetas y botas
nunca trabajan la tierra
y prefieren con la guerra
ganarse buenas bellotas.
La guerra que nos divide,
la esperanza que nos une,
y la prepotencia impune
con la barbarie coincide,
el que el gran país preside.
Los que le lamen el culo
y que se nutren del bulo,
diciendo que están de acuerdo,
se nota que no está cuerdo
el que de piadoso es nulo.
Las tumbas no son bastantes
al seguir crucificando,
por los demonios con mando
que con misiles chillantes
matan a los habitantes
de los barrios y ciudades
con tantas brutalidades
que ni los endemoniados
del mal son de ellos aliados
y sí las autoridades.
E. Fdez. Castro.
La fe mueve las montañas;
invoquemos paz mundial,
acuerdo internacional
en contra de alimañas
con sus desastrosas mañas.
Los que van en procesiones
y cantan desde balcones
no practican esos lemas,
porque caudales son temas
que colman sus ilusiones.
Se arrodillan con la cruz,
rechazan a sus hermanos,
son mucho más que villanos
y hacen como el avestruz,
por no ver el arcabuz.
Son los míseros patriotas
que con chaquetas y botas
nunca trabajan la tierra
y prefieren con la guerra
ganarse buenas bellotas.
La guerra que nos divide,
la esperanza que nos une,
y la prepotencia impune
con la barbarie coincide,
el que el gran país preside.
Los que le lamen el culo
y que se nutren del bulo,
diciendo que están de acuerdo,
se nota que no está cuerdo
el que de piadoso es nulo.
Las tumbas no son bastantes
al seguir crucificando,
por los demonios con mando
que con misiles chillantes
matan a los habitantes
de los barrios y ciudades
con tantas brutalidades
que ni los endemoniados
del mal son de ellos aliados
y sí las autoridades.
E. Fdez. Castro.