Es esta nueva pena apenas suma
en su largo prontuario de reveses.
Fueron por largos siglos, años, meses,
días, horas, minutos; solo bruma.
Y vez tras vez dejó caer su pluma
haciendo de mi carne y hueso jueces.
Ese níveo amor pagó con creces
la sangre derramada como espuma.
La muerte es mi quimera, de ella escala.
Y siempre se repite aquel momento
en que mis ojos queman su bengala.
El halo de su adiós rebana el viento.
Mi palabra se corta cuando exhala.
Jamás de mí escuchó decir "lo siento"
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