Sobre el monte callado

Luis Prieto

Moderador Global
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En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.

Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.

Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.

¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio

y a ser raíz y viento en la tormenta.
 
Última edición:
En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.

Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.

Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.

¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio

y a ser raíz y viento en la tormenta.

Un poema bello, y de gran trabajo por sus endecasílabos asonantados cruzados. Muchos trabajo detrás de él y, como dije, muy bueno.

Salud2, compañero.
 
Un excelente poema entretejido con paciencia y buenas imágenes nos compartes amigo Luis.

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En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.

Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.

Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.

¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio

y a ser raíz y viento en la tormenta.
Me ha gustado como le ruega a la montaña, maestra de silencio y paciencia, que le enseñe a elevarse sin orgullo, a ser raíz y viento en medio de la tormenta.

Saludos
 
Me ha gustado como le ruega a la montaña, maestra de silencio y paciencia, que le enseñe a elevarse sin orgullo, a ser raíz y viento en medio de la tormenta.

Saludos
Celebro mucho estimado Alde que haya sido de tu agrado uno de los lugares mas bellos que hay.
Cordial saludo y agradecido por tu visita.
 
En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.

Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.

Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.

¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio

y a ser raíz y viento en la tormenta.
La calzada de la vida, testigo fiel de nuestro transitar desde mucho antes de los tiempos romanos y hasta estos en el que los piedras nos dan cobijo. Santa piedra.
Como el monte nada; te lo dice uno que tiró hacia los riscos como, y con, las cabras... y si hay tormenta, uno se refugia.
Coincidimos, desde hace mucho, en el amor a la montaña y a las buenas letras. Ellas sí que saben.
Un abrazo, Luis.
 
En el silencio antiguo de la piedra,
donde el viento pronuncia nombres viejos,
se alza la sierra firme, muda, eterna,
guardiana de los sueños y los ecos.

Sus cumbre roza cielos infinitos,
tejida de oro al alba que despierta,
y en su pecho descansan los caminos
que el tiempo dibujó sin darse cuenta.

Allí, el rumor del mundo se hace leve
y el alma encuentra un pulso más profundo,
cada roca es memoria que se atreve
a susurrar verdades al segundo.

¡Ay! montaña, maestra del silencio,
de paciencia tallada en cada grieta,
enséñame a alzarme sin desprecio

y a ser raíz y viento en la tormenta.
Ayyy Luís cuántas cosas aprendemos y podemos aprender de la Naturaleza, de elevarnos al conocimiento como si fuésemos montañas y alcanzar su cumbre con infinita paciencia, de valorar nuestras raíces y agarrarnos a ellas ante la tormenta, y en fin, buscar rincones de paz, recodos de sosiego donde el tiempo parece pararse y nos ayudan a cargar las pilas para afrontar mejor los rumores de este mundo calenturiento y vejatorio.
Un honor y un placer leerte mi entrañable amigo Luís. Muchos besos para ti colmados de admiración, gratitud y cariño ..y para que te sobren......Muááááackssssssss...
 

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