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Tres palabras que me han acompañado: despedida, reencuentro y esperanza

penabad57

Poeta veterano en el portal
Como un pez que se aleja de la costa
y se aventura en el mar, así fue mi despedida.

Permaneció el hilo de la comunicación
y el deseo con sus dientes de plata
fiel al impulso tenaz de la especie,
agazapado como un felino que no mostrara el sexo,
solo la sombra traslúcida que se adivina
detrás de los pliegues de un vestido.

Y de pronto el uno que soy vuelve a ser múltiple-dos-
porque la carne es un imán,
el lado oculto del sueño.

En el corazón de las ciudades no hay noche ni día,
hay un automóvil que viaja, las manos que se juntan,
los labios que se unen, los dudosos perfiles de los cuerpos
en innúmeras habitaciones de hotel, el alcohol como un rito
que dormita en el fondo de los vasos, las iglesias, las catedrales,
los ríos, la cal de los pueblos del sur, los puentes y las colinas,
el mar imponentemente azul, los parques y las pérgolas en flor,
el agua mansa de los lagos, los museos y la suciedad multicultural
de los vagones de metro, los barrios de extrarradio, y la pobreza
acechando en las esquinas como un lobo moribundo, una multitud
de gente anónima en las plazas, en las calles, donde el comercio
refulge y tocan los músicos canciones de amor, de tristeza o de júbilo.

Creamos así una red invulnerable, un tapiz donde el reflejo
del sol es un paraíso, donde la urdimbre es el futuro,
donde tres figuras, unidas sus manos
delante de un edificio con jardín, sonríen.

Es el esbozo que un día trazó Juan,
el hijo común,
que a los cuatro años
y, sin pretenderlo,
dibujó sobre un papel
la esperanza.
 
Última edición:
Como un pez que se aleja de la costa
y se aventura en el mar, así fue mi despedida.

Permaneció el hilo de la comunicación
y el deseo con sus dientes de plata
fiel al impulso tenaz de la especie,
agazapado como un felino que no mostrara el sexo,
solo la sombra traslúcida que se adivina
detrás de los pliegues de un vestido.

Y de pronto el uno que soy vuelve a ser múltiple-dos-
porque la carne es un imán,
el lado oculto del sueño.

En el corazón de las ciudades no hay noche ni día,
hay un automóvil que viaja, las manos que se juntan,
los labios que se unen, los dudosos perfiles de los cuerpos
en innúmeras habitaciones de hotel, el alcohol como un rito
que dormita en el fondo de los vasos, las iglesias, las catedrales,
los ríos, la cal de los pueblos del sur, los puentes y las colinas,
el mar imponentemente azul, los parques y las pérgolas en flor,
el agua mansa de los lagos, los museos y la suciedad multicultural
de los vagones de metro, los barrios de extrarradio, y la pobreza
acechando en las esquinas como un lobo moribundo, una multitud
de gente anónima en las plazas, en las calles, donde el comercio
refulge y tocan los músicos canciones de amor, de tristeza o de júbilo.

Creamos así una red invulnerable, un tapiz donde el reflejo
del sol es un paraíso, donde la urdimbre es el futuro,
donde tres figuras, unidas sus manos
delante de un edificio con jardín, sonríen.

Es el esbozo que un día trazó Juan,
el hijo común,
que a los cuatro años
y, sin pretenderlo,
dibujó sobre un papel
la esperanza.



Desde que te leo, siempre afirmo que eres de los mejores aquí. No sé si tendrás algún libro publicado. De todos modos son muy hermosos todos tus poemas. Grandes de verdad. Un abrazo!!
 
En el corazón de las ciudades no hay noche ni día,
hay un automóvil que viaja, las manos que se juntan,
los labios que se unen, los dudosos perfiles de los cuerpos
en innúmeras habitaciones de hotel, el alcohol como un rito
que dormita en el fondo de los vasos, las iglesias, las catedrales,
los ríos, la cal de los pueblos del sur, los puentes y las colinas,
el mar imponentemente azul, los parques y las pérgolas en flor,
el agua mansa de los lagos, los museos y la suciedad multicultural
de los vagones de metro, los barrios de extrarradio, y la pobreza
acechando en las esquinas como un lobo moribundo, una multitud
de gente anónima en las plazas, en las calles, donde el comercio
refulge y tocan los músicos canciones de amor, de tristeza o de júbilo.
Una excelente descripción de una ciudad con sus emociones e imágenes. Un gusto leerte.
 
Es el esbozo que un día trazó Juan,
el hijo común,
que a los cuatro años
y, sin pretenderlo,
dibujó sobre un papel
la esperanza.

Mansamente leía. Y al llegar, a la última estrofa, llega el pequeño Juan dibujando en el papel la esperanza. Como en las mil y una noches esta última estrofa mi intriga y sorprende.

Me ha gustado mucho.

Un suave abrazo:
Maca
 

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