• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Blogs — Mundo Poesía

Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Ver el archivos adjunto 65658 EEB - Elige estar bien - Programa de radio en línea

Pablo Tricci -conductor del programa- te regala al abordar el tema de "la benevolencia" junto a su entrevistada, la Dra. Gladys Jurczuk * Médico especialista en Medicina Familiar - Argentina.
Ver el archivos adjunto 65657
Robsalz Robsalz · · 0 comentarios · ♥ 0
Había una vez, en un lejano país cuyos edificios estaban construidos a base de sueños y estrellas fugaces…

Comencemos otra vez. Había transcurrido una semana desde que Cristina me había dejado completamente helada confesando o delirando, aún no sé bien cuál de las dos opciones es la correcta, que se encuentra embarazada. Durante esta semana no habíamos tenido la oportunidad de hablar al respecto con la devoción, claridad y el discernimiento que tal evento se merece, dado que ella se encuentra recién divorciada del hombre que le fue infiel durante años y que, en este caso, sería el presunto padre de la criatura que se halla haciendo espacio dentro de su vientre.

Caigamos en la realidad, en la cruda realidad, esa que nos grita que, a través de la historia, Cristina nunca ha sido capaz de valerse por sí misma, siempre había dependido de una u otra forma de alguien más. Abandonó los estudios cuando su padre se dio cuenta que andaba con uno de sus profesores y no tuvo la iniciativa jamás de costearlos ella misma cuando su padre dejó de darle dinero. Por eso se casó, porque la responsabilidad de hacerse cargo de sí misma, era una lápida muy pesada y era más fácil, buscar un esposo que le diera una vida cargada de buenos momentos y pocos problemas, pero… para su desgracia pasó todo lo contrario.

Era casi el mediodía cuando se asomó por la puerta de la floristería, como un chiquito que se preparaba para una regañada por parte de su mamá.

- ¡Bu! – le gritó Angélica que estaba detrás de ella sin hacer ruido y cuya presencia Cristina no había notado.

- ¡Idiota! – le gritó Cristina mientras se sujetaba a la puerta luego de brincar y aún blanca por el susto - ¡casi me matas!

- Hay que tener ojos en la espalda, querida – le respondió la otra, riendo.

- Parecen dos chifladas – les dije yo.

- Entonces contigo completamos a los tres chiflados – dijo Angélica.

Las dos pasaron, faltaban cinco minutos para el mediodía, cerré la puerta, para cubrir el almuerzo con los eventos que pasaban en la vida de Cristina. Angélica había traído unos panes con jamón y queso, yo tenía un refresco, hicimos usos sándwiches y comenzamos la charla incluyendo el asombro normal que era lógico para nosotras.

- Sí – dijo Cristina – me hice la prueba la semana pasada.

- Pudo ser errónea – le sugerí.

- Me hice dos.

- ¡Diablos – dijo Angélica, con medio sándwich en su boca – estás bien embarrada ¿y de quién es? – Cristina la miró con enojo y yo solté una risa - ¡No! ¿de tu ex?

Cristina soltó el llanto, dejó el sándwich que estaba todavía sin morder, encima del escritorio y luego se puso de pie, dio dos vueltas en el local y volvió a sentarse.

- No vas a decirle ¿verdad? – pregunté con tranquilidad.

- ¡Cómo dices!, por supuesto que tengo que decirle.

- No va a regresar contigo, debe estarse revolcando con aquella zorra, empapados en sudor con las sábanas mojadas y gimiendo de placer – fueron las palabras de Angélica que provocaron que Cristina le tirara el sándwich al piso - ¡Oye! Estaba a medio comer.

- No le digas todavía, espera un poco mientras que decidimos cómo darle la noticia.

- Ocupo decirle ya.

- Claro, cómo no se me ocurrió. Anda, llámalo, llórale y dile que estás embarazada, que tu hijo va a crecer sin padre, que puede seguir con la amante mientras esté contigo. Es más – la tomé por los hombros – dile que aceptarías un trío, así de seguro te pone atención - se sentó en el piso, con las manos en la cara y comenzó a llorar con más fuerza.

- ¡Qué insensible, Nazareth! – dijo Angélica mientras levantaba el sándwich del piso, lo soplaba y limpiaba con una servilleta antes de darle otro mordisco - ¡qué insensible! Pobrecita, está embarazada, sola, acaba de divorciarse, su esposo la engañó con cuántas ¿dos o tres mujeres? – la otra pataleaba mientras lloraba – de veras Nazareth ¡qué insensible!

Entre los lloriqueos de Cristina se evaporó la media hora que yo tomaba de almuerzo, cuando abrí la puerta, se levantó, agarró su bolso y salió limpiándose las lágrimas sin decir nada. Yo quise decirle algo, pero la conocía bien, no entraría en razón en ese estado.

- Deberías aprender a ser menos obstinada y más espiritual – me dijo Angélica chupándose los dedos llenos de salsa de tomate – las mujeres somos el lado romántico de la vida.

Le señalé la puerta con la mirada, salió dando saltos pequeños y cuando puso un pie en la acera, se volteó y se despidió. Después de dar cuatro pasos, volvió a entrar, se hizo otro sándwich más pequeño sin decir palabra y se fue.
Robsalz Robsalz · · 0 comentarios · ♥ 0
- ¿Vas con Jessica? – Deborah estaba al teléfono, conversando sobre la dichosa fiesta a la que iría hoy por la noche.

- Mamá, estoy al teléfono.

- Lo sé y por eso pregunto si vas con Jessica – hubo un silencio incómodo de cerca de cinco segundos y luego siguió hablando. Yo esperé a que terminara la llamada – otra vez ¿vas con Jessica?

- Mmm… tal vez.

- Esa respuesta no me deja satisfecha, probemos otra cosa – la miré de arriba abajo, estaba a punto de seguir cuando Gabriel me interrumpió.

- Y si le preguntas mejor quién es Matías – Deborah miró a Gabriel sin decir nada y yo la miré a ella, de la misma manera, sin decir nada. Deborah se dirigió al refrigerador, tomó una botella con agua fría, bebió dos tragos y luego se fue a su habitación.

La culpa era de Alejandro, no había que darle muchas vueltas al asunto, ella era la princesa de mi marido y él caía irremediablemente ante sus caritas de tristeza “entonces que no conozca nunca a nadie” me decía cada vez que salía a relucir alguna de esas dichosas fiestas con amigos. En el fondo yo tampoco estaba en desacuerdo, pero me enfurecía que él siempre quedara bien y yo fuera el ogro que siempre ponía un, pero.

Había, sin embargo, algo que yo también contemplaba y él no. Yo también fui colegiala, y al igual que Deborah asistí a fiestas con amigos y a la edad de ella hay cosas que pasan por capricho de la naturaleza “aparecen los hombres”, al inicio son solamente bromas, pero luego, intentan ligar contigo, y si ese hombre resulta atractivo a la vista de la mujer, los besos y caricias son inevitables. No es que yo esperara que Deborah se convirtiera en monja, nada más alejado de la realidad, pero fue a su edad que yo había perdido mi virginidad. La perdí de la manera más estúpida posible, y, sin embargo, de la manera que más comúnmente la pierden las mujeres, pensando que el chico iba a ser alguien especial en nuestra vida, luego pasa lo que tiene que pasar, nos damos cuenta de que es un cretino que no valía la pena, lloramos, nos sentimos como un pedazo de mierda y esperamos que aquel sea un episodio que pase sin pena ni gloria por nuestra vida. El problema es que nos venden la virginidad como el premio del siglo, los hombres se sienten dioses al saber que una mujer se ha entregado a ellos por primera vez, son como primates, como cavernícolas, llevan aquello con orgullo y cuando son ancianos rememoran el hecho con jodida nostalgia “no me casé con ella, pero fui el primero en probarla”, a veces usan otros términos menos caballerosos, pero no viene al caso entrar en esos detalles tan repugnantes.

- Un par de años más y podré salir hasta la hora que me venga en gana – era Gabriel, pensando en voz alta y devolviéndome a la realidad.

- Yo no pienso pagar pensión a ninguna muchacha, ojalá que cuando eso pase, te acuerdes de ir a la farmacia antes.

- No le digas eso – me respondió Alejandro – también los venden en los supermercados.

Sonó entonces mi celular, era Cristina, le hice señas a Alejandro de que en un rato seguiríamos con la conversación, pero antes de que yo pudiera siquiera saludar, Cristina soltó la bomba y al oírla, casi dejo caer el teléfono, quedé pálida, simplemente blanca.

- Nazareth ¡estoy embarazada!
luna roja luna roja · · 1 comentarios · ♥ 1
Sabías que cuando llueve los girasoles dejan de buscar al sol y se miran entre ellos ?
Hoy llueve y este girasol te sigue mirando Solcito mío
Ver el archivos adjunto 65655
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Hola a todos. Un placer saludarles.

Con sumo agrado les comparto mi aporte al volumen dieciséis de la revista virtual colombiana, "Libertad Poética Femenina"; esta entrega fue editada como un homenaje al escritor y poeta, el doctor, Joseph Berolo Ramos de Colombia.

Mi agradecimiento a la escritora, compositora y poeta, Lucero Jordán Molina - Directora y gestora de este magacín en línea, quien con su profesionalismo y entrega, hace posible todo el engranaje para el buen desarrollo y distribución de este jornal artístico, étnico, literario y cultural.

Gracias por su atención.

Ver el archivos adjunto 65647 Ver el archivos adjunto 65648 Ver el archivos adjunto 65649 Ver el archivos adjunto 65650 Ver el archivos adjunto 65651
Zulma Martínez Zulma Martínez · · 2 comentarios · ♥ 3
Amalgama misteriosa;
los sentidos fundidos
en celestial elixir.
Conexión en sintonía
de maravilloso engarce,
tus ojos y los míos,
en singular enlace,
se unen temblorosos
por un instante eterno...
¡como en vertiginoso revuelo
de mil alondras de fuego!
miguegarza miguegarza · · 2 comentarios · ♥ 1
Hola, amigos mundopoetosos:
De nuevo por aquí rescatando sonetos de antigua data.
Apapapchos para todos:
Miguel

Ofrecimiento

Mis manos, que procuran los excesos
si añaden al placer su levadura,
unos labios que pierden la cordura
cuando surcan los mares de los besos.

Mis ojos, que jamás saldrán ilesos
si los toca la flor de la hermosura.
La vida que consume con presura
esta piel, estos brazos, estos huesos.

Mis palabras, que tienen la costumbre
de buscar en el verso la pasión,
cada verso, aunque casi no vislumbre

Las notas con que escribo su canción.
El amor, si algo falta, pues es lumbre
de los altares de este corazón.
Zulma Martínez Zulma Martínez · · 2 comentarios · ♥ 1
Escapan, en bandada, los pensamientos.
En estampida revoltosa parten
hacia el erial incendiado de sol
de tus ojos lejanos,
ya sin huellas de las canciones
veraniegas de los grillos.

En el ocaso, un grito ahogado
se apodera de tu nombre.
Y, en un monótono paisaje
de tristeza y sombras,
lo disemina.
Atrás
Arriba