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Blogs — Mundo Poesía

MP MP en JULIA© · · 5 comentarios · ♥ 1
No espero ya historias apasionadas
ni intensas aventuras
ni viajes por parajes desconocidos
ni grandes o pequeños éxitos
ni reconocimientos o halagos
ni densas e interesantes charlas
ni besos que intensifiquen mi pulso vital

solo quiero un poco de calma
un poco de certidumbre
algo de sosiego
que se destensen las cuerdas
bajar la tensión de mis días
que se diluyan mis miedos

siquiera una tarde serena
tumbada en la arena
sin más preocupación que cuidarme del sol

27.6.2012
JULIA
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
dejó de ver sin cerrar los ojos
así partió la única huella de su especie
contemplando los destellos
de su último día

cuántos ancestros navegaron por los mares azules
como carabelas vivientes
entre continentes
tras corrientes marinas
el viejo mundo ¿guardará sus huellas?
¿algo recordará
sus arribos de playa?

la extinción
parteaguas de un proceso evolutivo
derrota del instinto de sobrevivencia
Solitario George
mi adiós se escribe con un dejo de nostalgia
y otro dejo de advertencia desairable.
Adiós para siempre
insustituible George,
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
las ideas venían de no sé dónde
eran murmullos del despertar
ecos del no sé qué...
o del no sé quién
asombroso construir de rostros nunca vistos
de voces jamás escuchadas
y esas playas que están ahí tan reales
sin que haya estado en ellas nunca

....libro interno...
...........vidas pasadas...
................... iluminaciones divinas...

nunca me gustaron las respuestas fáciles
mucho menos, las que llevan siglos rondando
en el imaginario o anti-imaginario colectivo
de rito en mito
de la superstición arcaica a la moderna
hoy sustentadas con cuño hollywodence
para mujeres y hombres mitolinfáticos

entre mi voz y yo cocemos los entuertos a coces de preguntas
y miramos ese lugar sin sitio especifico
desde donde se anuncia el latido de mi Yo No Soy

para establecer un punto de acuerdo con mi consciente
mi mente se dibuja en infinito universo
que se liga con el enano que resguarda
en cápsula mortal
todos los pasos viejos y recientes
todas las palabras escoltadas por las imágenes
tabúes, paradigmas, ahí,
en su punta de alfiler etéreo y neuronal
más allá de todos los universos comprensibles y auditables
la palabra sin lengua conocida
el verbo que brota para ser traducido a mi consciente
desde la fuente de mi yo no soy:
la inexplorada mente
que inventa para cada Era
su demonio y su dios.
MP MP en JULIA© · · 0 comentarios · ♥ 0 Poemas de JULIA
Es más de medianoche
en este domingo que se acaba
-otro de tantos que se suman
líneal y estático-

un domingo más
en el que lo singular
fue
estas ganas de verte
de leer tus historias
sin más pretensiones que sentirte
cercano y cálido

pero hoy no te llegaste
y me sentí un poco sola

25.6.2012
JULIA
MP MP en JULIA© · · 0 comentarios · ♥ 0 Poemas de JULIA
Matices de grises
en tu rostro
esbozando unos ojos tristes
entre sombras
que derraman melancolía

susurran
de tiempos pasados
me embriagan
de aromas extraños

y en las penumbras
diviso un hilo de humo
de luz y de colores

un calidoscopio

de breves presentes


23/6/2012
JULIA
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 6 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4140518 dijo:
Como un ladrón me has robado
la calma, la paz y el sosiego;
entras en el laberinto sutil donde se entretejen mis sueños;
descubro la tristeza de las lágrimas que ruedan
sobre mi níveo rostro,
y la luna se agita al clamar por un beso,
…me aconseja que despierte
para guardarme el secreto.


De encrudecida vigilia me abordó la realidad;
se reconcilió el deseo con las ganas de soñar,
porque encontré en los anhelos a mi alimento vital.


En intentos fenecidos de arrebato crucial,
mis pensamientos vuelan en perfidia sin igual,
este torbellino arrastra a mi intelecto a la angustia,
reflejando en el espejo al umbral de mi silencio.


Tu cautelosa sombra de faz reveladora;
se perdió con el abrazo de tu cruel amor furtivo;
el dolor me quiebra el alma en mil pedazos pequeños,
sortilegio que me obliga a despertar de mis sueños.


Hoy se ilumina el sendero que lleva a la eternidad,
y en los rincones de mi alma ya te ocultas temeroso;
sólo escucho los sollozos de las nubes que caminan,
del meteoro y de la luna, desafiando esa noche
en que robaste mi aliento y mis deseos de amar.
Mamen Mamen · · 2 comentarios · ♥ 0
Versos regalados por Aprendiz de poeta,
por mi poema "Nanas para mi princesa"
(poema nº 52)



Duérmete mi niña
que los angelitos están presentes,
te mimaran y te darán su amor
hasta que yo a tu lado me presente,
mientras tanto te llevaré en mi corazón
y te cantaré nanas todos los días
para que te acuerdes de tu mamá,que a pesar de mi dolor... Solo veras alegrías.

No tengo palabras para para describir tan bello poema, dulce pero melancólico, lleno de amor y ternura, solo puedo decir felicidades y gracias por este poema que te llega al alma,un todo es poco lo que te mereces, besos, Ricardo.

http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/338409-nanas-para-mi-princesa-poema-n-52-a-2.html
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Nos quedamos en silencio.
###### de la primera parte.


Se quitó los zapatos, y sus dedos, medio flacos e irregulares, quedaron al descubierto. Seguro que no le gustaban, pues cuando se dio cuenta que los estaba mirando los cubrió de inmediato con la sábana.

Nos quedamos callados.
Yo le llevaba unos meses de edad.

Ambos estábamos en la misma escuela, aunque en grupos diferentes.

Sorbió más de mi chocolate y luego me convidó un trago.

Veíamos enternecidos la llovizna sobre toda la costa y el mar.

Abajo empezó a escucharse ahora el primer movimiento del "Concierto Andaluz". Satisfaciendo la incurable megalomanía del Abuelo.
Nos relajamos ambos con la música.
Luego, sin quitar la vista del horizonte, me preguntó, simulando en la pregunta, mera curiosidad, y una muy estudiada indiferencia.

-¿Es cierto que ya es tu novia “la Bety”?

- No, respondí de inmediato.

Y eso dio campo para que ella soltara un despectivo discurso:


-Es una boba, se ríe como guajolote, me choca… ¡y tiene un diente raro! ¿No se lo has notado?

Bety y yo compartíamos el mismo pupitre en el salón de clases, justo al centro y al frente de todo el salón, ya que era el límite de la división entre la sección de niños y niñas, y en esos tiempos dos niños usaban un mismo mesa banco.
Todos los que quedaban en la línea del centro tenían a un niño y a una niña de usuario.

No respondí porque Bety y yo éramos muy buenos amigos. Intercambiábamos lápices, sacapuntas; las tortas, los refrescos, los dulces; y muchas sonrisas, y charlitas breves durante todo el día; y muchas veces andábamos juntos a la hora del recreo.


Laurita se incorporó ligeramente en la cama, me miró de reojo y modificó la pregunta:

-¿Andan diciendo por ahí que ustedes son novios?...

-No, -respondí, intentando parecer muy ajeno al tema.


Me levanté para beber lo poco que había dejado de chocolate en la taza.

Se volvió a recostar sobre la almohada y se quedó con la mirada fija en el techo.

Abajo iniciaba ya, el segundo movimiento del “Concierto Andaluz”. Seguramente el abuelo ya había revisado todos los chismes del periodiquillo local y se aprestaba a pasar al desayunador.

Me volví a recostar sobre las sábanas desordenadas.

Sentí que su manita flaca sujetó suavemente la mía.
Me admiró su valor, porque, aunque yo había estado pensando hacer lo mismo, temí tomar su mano y hacerla ir de chismosa con la Tía, que seguramente me reprendería por más de una hora, como era su costumbre.

Algo sentí.
Algo nuevo: nervios, agruras, escalofríos.
Mi corazón latía apresurado mientras el tiempo de detenía.
La miré a los ojos y me sostuvo la mirada.
Me miró de forma extraña, como nunca me había visto.
Yo también la miré así. Era una forma de ver que hablaba, que decía cosas a través de sus destellos emotivos.
Una mirada que no me percibía como algo ajeno. Nunca más otra persona, otro ser.

Siguió sin apartar su mano de la mía.
Estuvimos agarrados de la mano mucho rato.
No quería mover los dedos por temor a que la retirara.

Ella entonces apretó la mía con más fuerza.
Me emocioné muchísimo y sentí que ella también se emocionaba.
Los dos nos hacíamos los tontos.

Muy nervioso.
Titubeante.
Sin verla a la cara por temor a una mala respuesta, le pregunté:

-Laura: ¿Quieres que seamos novios?

Ella, con la vista puesta en la ligera lluvia que acariciaba la costa sin robarnos la presencia del mar, me respondió casi impersonalmente:

-Sí. Pero sin besos. Advirtió.

Entonces nuestras manos se sujetaron más amorosamente.
Como estableciendo una posesión antes desconocida, del uno con el otro.

Y esa mañana.
Compartiendo la llovizna, y compartiendo un chocolate casi frío, en una mañana de domingo fresco y haragán, iluminados por una luz de tal ternura que nunca dejó de ser luz de un amanecer, hasta que regresó la noche.
Ella y yo nos convertimos, de alguna forma infantil e inocente, en pareja.

Nos llamaron al desayunador.
Nos soltamos las manos y descendimos por la escalera de madera.

Más tarde, la familia y nuestros vecinos más cercanos nos desayunábamos unos riquísimos tamales de bola, galletas hechas en el horno de la casa, y deliciosas tazas de chocolate de la mejor calidad, que solo se producen en la región. Alimentos preparados con la inigualable sazón de la tía, entremezclados con el aroma del inseparable café humeante del abuelo.

Charlas vestidas con los diversos temas cotidianos poblaban los sonidos del ambiente. Como fondo, el Concierto de Aranjuez, por enésima vez, a bajo volumen, mientras que afuera, la lluvia ligera se daba de besos con los alcatraces, los lirios y las piedras del río.

Laura y yo, en silencio.

Ajenos como siempre, al interés de los adultos, nos veíamos fijamente desde uno y otro lado de la mesa.
Por primera vez no estábamos atentos a la charla para entender el mundo emotivo de los mayores porque teníamos el nuestro.
Éramos cómplices de un bello secreto.
El primer gran secreto de nuestras vidas.

Todo esto sucedió hace mucho tiempo. No recuerdo la fecha exacta. Solo sé que fue en el verano de 1967.
Un verano como pocos han habido en mi vida.

Ciudad de México, verano de 2003. Melquiades San Juan.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Ayer, inmerso en este verano de 2003. El día nublado trajo a mi alma evocaciones de ternura, y recordé.

Recordé aquella mañana de 1967 en la finca del abuelo, en las faldas del Volcán Tacaná.
Era uno de esos días en que el Sol no asoma nunca. Espesas nubes poblaban el cielo y no acertaban a descargar de una vez por todas, sus aguas torrenciales sobre la tierra.
Nada se podía hacer con ese tiempo, más que tomar un aromático café, un chocolate espumoso, leer un periódico viejo, escuchar la radio o el tocadiscos Telefunken con esa enorme bocina que el abuelo (orgulloso de su compra) había traído en su último viaje a la ciudad de México.

Allá afuera reinaba la humedad. La suave y permanente llovizna parecía no tener ninguna prisa. Era una de esas brisas constantes que no entorpecen la visión, antes la adornan, la hacen acogedora, romántica, y tremendamente perezosa.

Ese domingo del verano de 1967. Alojado en la recámara del segundo piso de la finca, me quedé en la cama hasta muy entrado el día. Mi abuelo, procurando que me levantara, me abrió las amplias cortinas de la habitación; y sin hacer ruido, esperó a que la tierna luz me despertara suavemente.

Abajo, en la sala, puso en el tocadiscos su acetato preferido (y el mío también) "Aranjuez," de Rodrígo, interpretado por las pulcras manos de Narciso Yepes.
Al terminar se dejaría escuchar " Fantasía para un Gentil Hombre”.
Siempre he relacionado este recuerdo con ese Concierto.

Desperté. Me acomodé las almohadas y me quedé mirando la inmensidad del paisaje selvático que aparecía a través del enorme ventanal panorámico.

A lo lejos apenas se distinguía el mar, gracias a esa cintilla blanca espumosa con cuerpo de víbora inquieta y mutante, que distinguía, como olas, el inmenso azul celeste en el que se confundían cielo y mar, a la vista. Persistentes olas, en su perenne intento de remontar sus límites naturales, desafiando a las costas.

Las costas... Ahí estaban las costas, verdes, derrotadas por la vegetación que las cubría como si fuera una cabellera esmeralda.
Luego, como tejoncitos colorados, los poblados: barro vuelto teja protegiendo de las lluvias y del sol inclemente del trópico al barro vuelto hombre, del que nos hablan todas las leyendas.
Barro desafiando a la selva: la reina de todos los espacios, con su color esmeralda de irregulares matices, que la hace parecer a la distancia, como una alfombra remendada o desteñida.

La llovizna bañaba cariñosamente a toda la tierra que mis ojos veían, como un maná cristalino del cielo.

Mi tía Clemencia, que se auto nombraba "La Solterona". Con su rostro difícil, como lleno siempre de ira, que matizaba con una permanente sonrisa, para equilibrarlo, ya que según ella “el gesto” no le ayudo para pescar marido, llegó y me consintió con una taza de chocolate espumoso y tibio, para que no me quemara la lengua. Acompañó su maternal gesto con un: "eres un “güevón" primero; y luego: "estos días son como para ti".

Acto seguido me empezó a hacer cosquillas en las plantas de los pies, provocando mi risa y algunas patadas defensivas pero siempre afectuosas, con las que trataba de hacerlas desistir de su travesura.
Solo me dejó en paz cuando sonó la campana de la entrada de la casa, anunciando, por lo insistente del tañido, que quien llamaba era una visita conocida, cercana a la familia.

Escuchamos. a través de la puerta entre abierta, que llegaban unos amigos muy queridos.


Mi Tía bajó los escalones con la alegría dibujada en su raro rostro, mientras gritaba y gritaba:

-¡Aquí estoy Bere! ¡Ya voy! ¡Ya voy!

Los saludos afectuosos se dejaron oír.
Imaginé una escena llena de abrazos y besos.

Se escuchó el castigo apresurado de los tacones sobre las duelas de madera de la sala, y también unos pasitos que venían subiendo velozmente por la escalera hacia mi cuarto.

Apareció Laurita en la puerta. También me llamó "güevón", palabra muy de moda ese día, por cierto.
Se abalanzó sobre mi cama con las negras intenciones de quitarme cobijas y sábanas.
Tuve una reacción tardía y defendiendo lo único que me quedaba, empezamos a luchar por la sábana.

Laurita y yo habíamos jugado juntos desde niños. Algunas veces nos habíamos liado a golpes por cualquier motivo: dulces, juguetes, papeles protagónicos en los juegos…

Últimamente, había notado que tenía unos ojos muy grandes, una nariz muy dibujadita, delgadita y exquisitamente breve; y que sus labios eran como los de una de sus muñecas, parecían un corazoncito, siempre húmedos. A escondidas se ponía el lápiz labial de su madre. De repente me gustaba mucho su voz; y a veces repetía constantemente las palabras más chistosas de su repertorio, esas que no completaba por pereza o descuido, o aquéllas que eran de uso muy particular en su núcleo familiar.

Le gané la contienda por la sábana y, atándola con ella, la hice estar inmovilizada un buen rato bajo el peso de mi cuerpo.

Primero asimiló su derrota (con alguna resistencia, claro); y luego, cuando ya no había motivo para que la continuara sujetando, empezó a moverse compulsivamente, sin disputar la sábana, indicando con ello, que el juego había terminado.

Conociendo su carácter y lo chismosa que era con mi Tía, que la adoraba como su madrina que era, la dejé en libertad.

Reacomodé las almohadas debajo de mi cabeza y hombros.
Recogí el cobertor y me quedé mirando a través de la ventana la costa y el mar.

Ella –abusiva- sorbió un poco de mi chocolate, que ya se enfriaba, y se acomodó a mi lado quitándome bruscamente una de las almohadas.

Sentí que también le gustaban los días así.

Nos quedamos en silencio.

######## a la segunda parte
MARIANNE MARIANNE en El inercia. · · 0 comentarios · ♥ 0
por Juan Cardoza Romero Desde que recién llegué al portal una dama me ha tenido cautivado...
¿será su carisma o lo arcano de su belleza? sin ningún interés y
con el respeto que merece le he escrito estos cándidos versos...





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Foto: Marian Gonzales ©

De esto podría tocar su melodía
mas no corresponde a su sentido
tendría que obrar en poesía
mi amor ante tus pies extendido.

Paroxismo ejecutado en mi cuerpo
lujuria que me traslada un infierno
y dulzura al recorrer en ellos un cielo
vehemente hipnosis fluyendo en ellos.

Pupila inocente no ocultes de mí sus labios
deslizo en tus pestañas y muero en tu misterio
admito tal secreto de amor, no puede ser ocultado
Marian, en tus ojos habito levemente enamorado.

Juan B. Cardoza Romero.© (16-Jun-2012)Inédito
Mamen Mamen · · 0 comentarios · ♥ 0
Comentario regalado por Filan,
por mi poema "El Mirador de los Ausentes"

Me estremecí toda al leer tu solemne homenaje, querida Mamen.
Recuerdo con claridad ese día: llamando a todas mis amistades de Gran Canaria, para saber si estaban vivos y si habían tenido familiares cercanos en ese vuelo.
Un amigo, un entrañable amigo me comentó esto: "Carmela, han fallecido amigos del trabajo, primos..tengo el alma rota" No supe qué contestar.
Rosas blancas para el Mirador de las Ausencias.
Tu voz cristalina los ha honrado de manera sublime.
Abrazos fuertes, Mamen.
elpoetaartesano elpoetaartesano · · 0 comentarios · ♥ 0
Agua Mar;4126404 dijo:
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Abrazo con fuerza la arena
y espero en una cala
que llegue la sirena
que del mar
me contará
la pena

Cada tarde de verano

viene con una flor en la mano,
cuenta historias y hace canción
con la mar y su inspiración

Una mañana puso melodía

a una ola discreta que tejía,
la ola en silencio fingía
y de la sirena se escondía,
pero al final al mirarla
un velo blanco descubría

La ola, con mirada cerrada

admitió estar enamorada
de una nube
morena y cargada
que esa mañana
juro, bajar a besarla

La ola tejía con espuma

su velo para ser desposada,
por la nube
que siendo de agua
volvería hasta el mar
para amarla.

La sirena esa mañana de mayo

fue testigo del hermoso encuentro,
se amaron desde el firmamento
nube y ola sin cuerpo
en la mar se fundieron en un beso.

Aún no llega mi querida sirena

Que del mar me cuenta la pena,
Esperaré en la cala serena
A mi amiga y a su flor de arena.

alec
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 6 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
es en tu cuerpo,
en ti, de esa manera

mientras aromatizas mis sentidos
y te vuelves marea


marea alta
..................marea baja


marea alta
.................marea baja


(¡ ay mi espumosa lengua
derramada en tu arena !)

que me haces olvidar
el estúpido absurdo, de soñar
con ser nube.
MARIANNE MARIANNE en El inercia. · · 0 comentarios · ♥ 0
FILANTROPÍA PANORÁMICA
(Dedicado a MARIAN)

Hay momentos de silencios
que el misterio hace boceto
de lo que muchos queremos
y nos hace circunspectos.

Ocasiones, mil instantes
donde nace una tonada
que entre cáfilas será
siempre,muerte suscitada.

Impasible a la dicción,
(que es soez y sustantiva)
pero no a la bella flor
no me importa si me miras
porque aunque soy vulnerable,
solamente la belleza
puede hacer que me inmunice
de lo absurdo y de los males.


Espero, cierro los ojos.
Schubert suena, se hace paso
a "La muerte y la doncella".
Yo no escucho ni hago caso
y aparece una vidriera
en colores ofuscados
perfilando los bosquejos
de un serafín de ojos claros.


(De no soy poeta)
Mamen Mamen · · 2 comentarios · ♥ 0
Comentario regalado por Aprendiz de poeta,
por mi poema "La reliquia de mi corazón"

Realmente muy bonito, todo lleno de dulzura, de amor, de sentimientos que llegan al alma, por una criatura que tanto se quiere, que se lleva en el pensamiento hasta más allá de los días, es muy hermoso tu poema lleno de inspiración,que sabe como entrar al lector sin quererlo ni pensarlo, directo, te felicito Mamen por tu gran obra,gracias por compartirlo, te dejo todo lo que el sistema me deje, besos.
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4123903 dijo:
Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste.
Un soplo milenario trae amagos de peste.
Se asesinan los hombres en el extremo Este.

¿Ha nacido el apocalíptico Anticristo?.
Se han sabido presagios y prodigios se han visto
y parece inminente el retorno del Cristo.

La tierra está preñada de dolor tan profundo
que el soñador, imperial meditabundo,
sufre con las angustias del corazón del mundo.

Verdugos de ideales afligieron la tierra,
en un pozo de sombras la humanidad se encierra
con los rudos molosos del odio y de la guerra.

¡Oh, Señor Jesucristo!. ¿Por qué tardas, qué esperas
para tender tu mano de luz sobre las fieras
y hacer brillar al sol tus divinas banderas?.

Surge de pronto y vierte la esencia de la vida
sobre tanta alma loca, triste o empedernida,
que, amante de tinieblas, tu dulce aurora olvida.

Ven, Señor, para hacer la gloria de ti mismo,
ven con temblor de estrellas y horror de cataclismo,
ven a traer amor y paz sobre el abismo.

Y tu caballo blanco, que miró el visionario,
pase. Y suene el divino clarín extraordinario.
Mi corazón será brasa de tu incensario.
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 4 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4123897 dijo:
En un jardín florecido va viajando una ilusión…
Se refleja suavemente en el espejo del amor,
en la dulce sensación de las begonias que extrañan
el naranja terciopelo en pétalos tricolor.


Sosiego de un detalle de esperanza tenue.
Tangible lienzo de un artista pintando desnuda la piel,
reavivando con amor la tintura de un clavel.
Temporal que con furia azota al lila y azul Jacinto,
que se oculta remojado tras de las piedras del río,
perdido con azucenas, orquídeas y rosas blancas,
en un sendero cautivo en el alma de los suspiros.


Narcisos exuberantes meditan en su color,
en la floresta que fallece reclinada en el dolor;
en los campos verdes cargados de placer,
en el inmenso valle donde dormita el vergel,
cuando se alzan girasoles justo al atardecer.


Se avista una genciana junto a flores de azahar,
en el lago que tranquilo le hace rimas al amar,
crisantemos, primorosas, le sonríen felices
al jardín de las mil flores con que sueña la cascada.
Las margaritas lloran junto a las nubes grises,
por una joven doncella que murió enamorada.


El amor profanó el fuerte olor del incienso,
se desmayaron las llamas de las velas de los cirios,
con los tulipanes de hermosos rosados,
perfumando airosos el cuerpo de aquella niña.


Ella no había pisado un lindo jardín de flores silvestres,
ni rojo carmín;
sólo el paraíso, gloria del Edén,
donde la belleza de aquel gran vergel
son de una amapola que destila versos en dulce querer.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 4 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
como tú piensas yo no pienso
no miro donde tú miras
los gritos tuyos no son mis gritos
sin embargo
nada de eso tiene que ver con nuestro encuentro
eres tú y tu manantial de aguas cristalinas
soy yo y mis tormentas

de alguna forma ciclo del agua
de alguna forma, beso.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Lo que no escuchamos.

Antes de la invención de la radio no sabíamos que hay en el cosmos muchas señales.

El oído humano solo tiene la capacidad de escuchar ondas sonoras.

La vista, el rango de frecuencias relacionadas con la luz.

¿Qué rangos de frecuencias perciben los demás órganos como la piel, el cabello?

¿Cuál el cerebro?

Qué otras partes del cuerpo emiten o reciben señales y en qué frecuencia oscilan éstas.

A diferencia de otras personas, desde temprana edad (por mi cercana relación con la radiocomunicación) sé que el universo emite muchísimos sonidos. Sonidos que no percibimos porque nuestros receptores de señales de radio naturales no tienen la capacidad de percibir todas las frecuencias, solo lo hacen con aquéllas que tienen relación con su sobrevivencia y actividades cotidianas.

Con la invención de la radio, la humanidad se encontró con señales que desconocía. Por ejemplo, las generadas por el campo magnético de la tierra, esas que quedan después de una tormenta eléctrica, las que resultan después de una explosión solar que incide en el campo electromagnético del planeta, modificando la capas de la ionosfera.

Cuando disfrutamos desde una playa, un valle solitario o una montaña, de la visión de una noche estrellada, disfrutamos del silencio.

Nos enternecemos con su paz y vuelcan esas impresiones tantas inspiraciones en nuestros sentidos que decimos
¡Maravillosa paz!
¡Maravillosa silencio celestial!

Nada más errado.
Nuestras limitaciones perceptivas nos hacen la broma.
Un simple radio receptor de Alta Frecuencia nos permitiría escuchar la vorágine de señales que desde todos sitios del universo se emiten. Explosiones solares nocturnas, interacciones de los cuerpos celestes. Señales viejas, viejísimas que no somos capaces de interpretar inmediatamente.
Señales que siguen su viaje por el cosmos cientos de miles de años luz y rebotan en algún cuerpo, o se fragmentan en alguna zona de asteroides, debilitándose quizá, o reflejándose con más fuerza en diversas direcciones.

En los inicios de la radiocomunicación, las primeras radiotransmisiones humanas fueron hechas a partir de antenas emisoras de polarización vertical y en frecuencias poco apropiadas para largas distancias. Marconi hizo su primera emisión transcontinental en frecuencias muy bajas, frecuencias que percibían todos las señales radioeléctricas emitidas desde el cosmos y sobre todo, las generadas por la interacción de la superficie de la tierra, de sus objetos y superficies elevadas, eternamente buscando el equilibrio de sus cargas (potencialidades) eléctricas.

Hoy, la radiocomunicación tiene pocos misterios. Las frecuencias bajas tienen poco uso, las muy altas y ultra altas construyen el vehículo para la magia del mundo moderno, las que están en el rango de la luz dentro de la fibra óptica. Todas aparejada a proyectos de infraestructura que hace apenas un siglo eran una utopía: Los satélites, las estaciones espaciales, los sistemas repetidores ubicados en la luna y quizá en otros cuerpos celestes dentro del sistema, ocuparán la capacidad inventiva de los seres humanos.

La red que usamos para estar tan a mano, como si nos tocáramos dedo con dedo o nos miráramos de pupila a pupila, tal como apreciamos el progreso de la tecnología, será obsoleta, si no es que ya lo está, para los proyectos vanguardistas de la siguiente década.

Qué sigue.
Qué otra maravilla surgirá y nos cautivará en los siguientes años.
Qué en el próximo siglo.

Por hoy solo podemos respirar entre momento y momento interactuando en la red. Nos absorbe la vida, nos suple las carencias físicas y casi nos hace, virtualmente omnipresentes. Todavía es cosa de ciencia ficción pensar que nos podría alguna vez hacer materialmente omnipresentes.
No lo veremos quizá, pero podemos pensar en ello.

Quedan murmullos todavía por escuchar, estoy seguro.
No los escuchamos porque el Siglo pasado se mantuvo ocupado en el desarrollo de la radio; y el inicio del presente, en el perfeccionamiento de los patrones de modulación y coordinación para el manejo de las señales. La inteligencia humana crea cada día dispositivos y sistemas para que parezcamos más galácticos que terrenales. Estamos embebidos en nuestro encantamiento, unos diseñando y otros usando. Tan entretenidos que quizá no estamos poniendo atención a más formas de comunicación. Que las hay, estoy seguro.

Bueno ya habrá espacio para ello cuando se agote esa veta, la que nos lleva en la montaña rusa a la velocidad de la luz.
En el trayecto (como casi siempre pasa) ocurrirá un accidente tecnológico que abrirá otras puertas. O quizá ya estén abiertas y la experimentación esté en pañales. Bueno, de algún modo estaremos al pendiente, y si esa puerta es suficientemente amplia, probablemente, estaremos en contacto.



Post Data, luego reviso qué hicieron los dedillos.
Por fortuna aquí nadie lee.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 0 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Fragmento de una charla, con una leve adaptación de mi texto original.

Hay algo que los devotos no saben de los ateos. Estas "basuras humanas" tenemos una relación, quizá más cercana y recurrente al "concepto de Dios", que la sostenida por el confesionalismo por hábito irreflexivo, sin descartar que existen formas de religiosidad reflexiva (¿).

Por ejemplo, en mí, el concepto asiste, como lo hace con cada mente humana, a mis instantes de contemplación y reflexión interna. Viene sin nombre, como amigo.
Sin la vieja y hurgada doctrina que le emponzoña la investidura con homicidios, genocidios, egolatrías e iracundias.
Se viste con ropas desgastadas (sin marca) y gusta de escuchar más que mandatar o predicar.

Detesta los ropajes ridículos con que lo presumen omnipotente, y no es autoritario. Ama la voz del hombre porque destruye la soledad de los silencios que lo habitan en ese mundo terrible de ser eternidad obligada.

Me mira amoroso y me dice que no trasmute nunca mi obsesiva cauda de preguntas, porque en tal caso, de ser creatura suya, es la pregunta y la búsqueda la senda que conduce al saber (...), semilla de toda sabiduría.

Cómo puede un sabio -me dice- odiar la sabiduría y alimentarse únicamente de la fe ciega y sorda.

Las preguntas suben al cielo y alimentan los oídos que puedan existir en cualquier lado; es el silencio la respuesta que invita a elucubrar respuestas: erróneas, aceptables, certeras...

¡Ay hombres, qué daños os hacéis en mi mítico nombre!


Mi Dios tiene que ser necesariamente tolerante y filosófico.

En cambio, se desfonda el dogma, bajo el costal de las preguntas sin respuestas.
Acosado.
Sitiado por las lanzas que quieren desgarrar el velo, recurre a la mentira.

No hay mentiras eternas ni preguntas que perduren ante la resultante del silencio: la búsqueda. Se enconcha y surgen los purgatorios: El dogma llama “tentación” a lo que no puede cubrir con falsas respuestas, “Demonio” a lo que trasgrede sus oscuridades obligadas.


Dios se me desvanece por las tardes apagando los fulgores de hogueras hechas con libros poblados de pensamientos.

¡Anciana paz te digo adiós!
¡Vieja mentira, romántica, producto de mi instante casi fantasmal: te despido!

Se vuelve Neptuno con cuerpo de ballena gris. ¡Lo puede hacer, es Dios! Lo puedo afirmar: soy la pluma de un cuerpo formado con genes de espejismos.

Dios espera que vuelva a ensombrecerse el mundo ante mis ojos para conversar conmigo esas charlas eternas.

Yo le digo ¡No existes! y él responde: ¿de verdad?... y explota en risas como niño travieso.

Nos sorprende la tarde con sus vientos tibios y deliciosos ocasos.

Con su magia crea una playa desierta de hogueras de libros, espadas y cruces.

No hay voces que anuncien burdos juicios ni amenacen conciencias con condenas.

Emisarios del miedo se devoran en su propia inmundicia.

Veo al viejo desnudo. Inocente de todos los horrores fatales que le adjuntan los promotores de la fe.

La playa nos concede su espuma, el viento quiere volverse música.

Algún lucero quiere volverse -a lo lejos- vanidoso pavo real, al que se le perdona hasta su exceso de belleza por el bien de la belleza misma.

Mi desnudez se viste de pluma y cuenta.
Crea un nuevo Dios cada día.
Uno para cada horizonte que me acecha, para cada angustia que brota más allá del misterio que me espanta con su espejismo infinito.

De mi cuento dirán: ¡es demonio, no existe!
Son dioses berretas que nos convierten en siervos, esclavos, en fantasmas sumisos del sermón que provee todos los miedos y amores absurdos.

En la playa, Dios ha desaparecido; quizá pez, quizá agua, quizá sueño fantástico de cunas infantiles; quizá nada.

¡Qué importa! Después de todo: ¿No somos espejismos? Luces que se encienden y se apagan. Voces que se atrapan a sí mismas para llamarse vida.


Las preguntas suben al cielo y alimentan los oídos que puedan existir, es el silencio la respuesta que invita a argumentar respuestas.


No es la fe la que impulsa la vida. Es la vida la que comprende todo en la cápsula sideral donde resuenan tantos ecos.

¡Heme aquí hablando de Dios!
¡Por Dios!... ¡Soy Ateo!

Dios, desde su universo de mitos en la mente del hombre, sonríe.

Somos hombres. Espejismos vueltos instantes en los cuerpos del hombre con una pluma y un lenguaje.
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