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Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 1 comentarios · ♥ 0 Poesía Sensual y Erótica
Rubula;4117132 dijo:
Tus ojos se manifiestan; me reclaman.

Emociones sensitivas que proclaman
la calma confiesa.

Con ardor se apresa
entre sábanas que claman
un ansia velada, –pero– ilesa.

Tu mirada me pronuncia. –Apresa–.
Mis labios te beben, calman
tu latir que atiesa.
–O se plasman–.

–Así–, plasman
verdades que atiesa
unos deseos que claman
por tus labios:¡que me beban! –Esas–,
cual latir que atiesa –pero– que reclaman.​
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0
Rubula;4111009 dijo:
Es por la aventura de llegar amarte
-un "cedo"-.

Un "quedo"
perdido en el eco
de tus pasos hacia mi encuentro
donde me desfleco.

Uno, en donde ahueco
mi "yo" compartido en un encuentro
antaño reseco.
-Un "cedo"-
entre tu "yo", y el mío; un encuentro
ya no tan reseco.

Donde me desfleco
por mis pasos, hacia tu encuentro
perdido en el eco
del "quedo".

-Un "cedo"-;
desvarío entre “un estando" y “un amarte”.
Raúl Rouco Raúl Rouco en Mis sueños en poemas (Raúl Rouco) · · 0 comentarios · ♥ 0
Raúl Rouco;4107741 dijo:
Este poema está escrito por una de mis hijas y deseo publicarlo en mi rincón ya que ella no es miembro del portal. Ésta es una de sus primeras poesías, espero os guste. Gracias de antemano por vuestra atención.


Me abandono de ti,

de tu ausente mirar,
refugiándome en mí
sin ultimar de pensar,
en sueños forjados
que un día me fingí
con esa poca o mucha
de tu jovial sonrisa,
como alegre mariposa,
en mi cabeza posada.


Me abandono de ti,
regresando a la vida sin tu mano en la mía,
infinita fantasía que, al despertar,
teñía mi corazón de alegría
por verte de nuevo ahí;
el destello de tu piel me reflejaba
esa dulce sensación
que adormece dentro, aletargada,
esperando el sonido
que susurrara mi nombre pausado.


Me abandono de ti,
sin saber que decir,
proclamando a tu pasar
un prodigio de amor que hiciera sentir
en tu pecho, al respirar,
un latido por mí
como parte del argumento
de este loco corazón
que, por tus labios rozar,
se acababa de enamorar.

Autor: Ana María Rouco Zufiaurre
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Matilde Maisonnave;4109997 dijo:
Mi querida Katia qué belleza has traído, siempre admiré a Rubén Darío.
Fue el primer libro de poemas que leí de adolescente. ¡Qué poeta; éste poema no lo recordaba, pero me doy cuenta que está de actualidad en su contenido.
¡Amiga, qué gusto leer un poema que me lo haga recordar y ver lo maravilloso de sus letras!
¿Seremos nosotros capaces de escribir tanta belleza, sin demasiados rebusques, comprensible y elevado a la vez?
Nunca me siento complacida del todo con lo que escribo; me siento decadente y sin inspiración.
Por mis problemas ya no leo ningún libro. Será que leí demasiado desde mis 8 años. Bueno, me fui para otro lado, disculpa.
¡Te agradezco infinito tu aporte amiga!

¡Besos y mil estrellas!
Mamen Mamen · · 0 comentarios · ♥ 0
Comentario regalado
por
Ramiro de la Danza,
por mi poema "Todo el mar"
(poema nº 6).


inmenso e intenso regalo le haces a un ser tan amado... ¡ese mar!

bellísimos versos MariCarmen

abrazos australes lleguen a ti

Ramiro.

http://www.mundopoesia.com/foros/poemas-de-amor/264308-todo-el-mar-poema-n-6-a-3.html
MP MP en JULIA© · · 3 comentarios · ♥ 0
Hoy te he leído con ojos distintos. Entré por curiosidad y, al leer tu relato, primero me he sorprendido, después me has emocionado. He sentido que me entregabas un regalo, un pedacito de ti (algo muy distinto a lo que solemos cruzarnos). Te he imaginado de niño, con unos ojos grandes y oscuros sufriendo esas primeras decepciones que el progreso trae consigo a veces, dejando atrás otras maneras de hacer con sabor a infancia. He alucinado con tu huída hacia la vida tan temprana. Luego te he visto en ese sofá inmerso en la melancolía. Me ha fascinado.

Hoy han hospitalizado a mi padre (en Madrid, yo vivo en Barcelona) no se sabe si es una embolia pulmonar, una neumonía o una infección..., todos mis hermanos están allí con él y yo aquí, a 600 km... y tengo miedo.

Mis recuerdos de infancia están siempre asociados a él y al orgullo que sentía de tener un padre tan alto, tan fuerte, tan guapo y además era extranjero (de Brasil) y eso le deba un toque aún más especial. Recuerdo que el colegio estaba a un nivel superior a la calle y para acceder había que subir por una rampa. Cada día, a las cuatro y media, miraba esa rampa por la ventana de clase y el primer padre que se veía subir era siempre el mío: con sus dos metros de altura, su cabeza se alzaba antes que ninguna otra y sus ojos dirigiéndose hacia mi ventana, me miraban y sus labios sonreían. Me sentía embargada de emoción y orgullo y me daban ganas de gritar: "ese es mi padre".

Somos cuatro hermanos, tres chicos y yo. No era la pequeña pero sí la niña de la casa y el ojito derecho de mi padre. Me recuerdo con él nadando kilómetros (y digo kilómetros de verdad), perdiéndonos en altar más. Él era una gran nadador (yo también, él me enseñó) así que nunca tuve miedo, ni siquiera en aquélla ocasión que nos sorprendió una tormenta y yo intentaba nadar y no avanzaba; me sujeté a sus aletas y dejé que me remontara con esas brazadas tremendas que apartaban el agua como una locomotora. Al llegar a la playa mi madre le echó una bronca tremenda por irse con la niña tan lejos con tan mal tiempo, yo le miré con tristeza pero él me sonrió y me guiñó el ojo como diciendo "ella no sabe que somos invencibles".


Un beso

(Pd: ese relato tuyo debería ser el comienzo de un libro, autobiográfico, tiene una calidad extraordinaria...).
Raúl Rouco Raúl Rouco en Mis sueños en poemas (Raúl Rouco) · · 1 comentarios · ♥ 0 Inéditos
Miren mis amigos

miren como amo,

subí demasiado

y ahora estoy bajando,

nada me sostiene,

nada del pasado,

ya no hay presente

ni estoy ilusionado,

solo veo sombras

de oscuro calado,

y en medio de todas

me quedé parado,

lejos veo lomas,

mas no veo prados;

¡miren!, ni está sola

ni se encuentra a mi lado.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Yo adoro los trenes. Cuando era niño solía huir de la casa para mirar a las máquinas de vapor hacer maniobras en el patio de la estación de ferrocarril de mi pueblo. Después de comer, escuchaba el pitido de la locomotora y cruzaba corriendo las tres cuadras que separaban a mi casa del enorme patio. Me ponía en cuclillas y me pasaba horas enteras mirando ese hueso que salia de un cilindro y echaba humo blanco.

Mi mayor felicidad, cuando la abuela nos llevaba a todos los nietos a un poblado vecino para comprar huevos frescos, queso y chocolate para su tienda. Eramos once nietos y la abuela, con sus casi 80 años encima, dejaba ver su "buena madera" como buena generala ordenándonos a todos para ir bien acomodados en los asientos de madera y hierro.

Recuerdo bien el traca traca y los pitidos de la máquina espantando al ganado dormido sobre las vías. Asomábamos la cabeza para mirar la cauda de vapor desde la punta del tren. Mirábamos a los maquinistas y le gritábamos lo más fuerte que podíamos, nunca nos descubrieron, ensordecidos sus sentidos por el chaca chaca y el puffff de la enorme caldera de vapor. El viaje duraba una hora. Cuando estábamos por llegar pasaba un señor vestido de azul recogiendo los boletos de los que se iban a bajar.

Ya entrada la noche, desde la estación del ferrocarril se escuchaba el silbato de la locomotora que venía desde Guatemala. En medio del silencio se escuchaba el crujir de los ganchos de los trenes al empalmarse unos con otros, se escuchaba también, como si fuera una ola, el sucesivo tirón de los carros al ser arrastrados tras la máquina.

Algo de melancolía me da al recordar el día que fuimos todos los vecinos a ver la llegada de las nuevas máquinas de diesel. Cambiaron todas las vías hasta la estación de mi ciudad porque el tren era más ancho. Todos ellos agitaban pañuelos para saludar a la máquina nueva que arribaba por primera vez. Yo volteaba a ver al lado contrario, hacia donde estaban formadas todas las máquinas viejas que serían mandadas a la Ciudad de El Carmen, en país vecino de Guatemala, para que siguieran dando servicio hasta sus últimos días. Las máquinas nuevas no me gustaron. No tenían ese llamativo brazo que parecía torcerse dolorosamente cuando daba inicio la marcha del tren, tampoco dejaba esa estela de humo como cola de caballo. Se lo dije a mi prima Juanita y se puso a llorar. Nos tuvieron que llevar a comer muchos helados para que se nos olvidaran las máquinas de vapor.

Un día (después de ver una película de un tal Joselito, un niño español muy llorón, que cantaba bonito) después de cumplir los 12 años, me fugué de mi casa. Me fui en uno de esos camiones que remolcan enormes cajas llenas de botellas de cerveza (en México les llaman "trailers"), el viaje fue de más de 2000 kilómetros, más de medio país, el último tramo lo hice en ferrocarril, todo una noche hasta llegar a la ciudad de México. Desde entonces vivo en esta ciudad y viajo en tren casi todos los días. Estos trenes no hacen ruido, no echan vapor, hasta hace unos cuantos años dejaban salir de sus ruedas un olor a balata quemada, luego les cambiaron el sistema de frenos; ahora son magnéticos, no hacen ningún ruido.
Los trenes y yo nos hemos vuelto silenciosos. Algo solemnes. Yo por las canas y las arrugas; ellos, por la rigidez de su fría estructura modernista.

Todos los trenes de pasajeros son urbanos. Por los valles y montañas de México solo corren trenes de carga. A veces siento nostalgia y quiero viajar en tren, me hago un delicioso té de canela, me arrellano en mi sillón "reposet" favorito y cierro los ojos. Lo primero que escucho son unos ladridos: es mi "Terry", que se alegra de verme después de tanto tiempo.
Me ato los cordones de los zapatos y salimos corriendo por el traspatio para que nadie nos descubra.

Cuesta mucho volver.
Cada vez las calles son más borrosas.
Si no fuera por los ladridos con que mi perro marca el rumbo, talvez no podría volver.
No obstante llegamos. Las máquinas están esperando.
El maquinista nos ve y empieza su jornada: Chun Chun para atrás. PSHHHHHEEEEE el freno.
Trararack el cambio de dirección.
Luego hacia adelante, hasta pasar el cambio de vía.
El garrotero se baja y cambia la vía.
Viene de reversa para dejar los furgones que llevarán granos de café.
Silbidos, traqueteo, vapor, y el brazo de hierro que juega a las vencidas con las ruedas.
Desvanecidas casi, la siluetas intangibles, hacen su rutina.

Terry está, como en aquéllos años infantiles, echado a un lado de mí.
Son siluetas fantasmales que pronto dejarán de existir.
Es quizá el encuentro final. El maquinista viene y me saluda. Veo manchas de grasa desvanecidas sobre su nariz, y entre sus manos la inseparable estopa. Tiene ojos tristes, casi llorosos. Sufre, como todos esos fantasmas a los que se les ha destruido todo su mundo. Extiende la mano y le pago con unos billetes de 100 no me olvides por hacer volver las imágenes de mis recuerdos.

Se va.
La tarde vaporosa, por las primeras lluvias, me invita a oler al naranjo, que ha entrado en celo.
Unas moscas zumban cerca de mí, arrullándome para la siesta.
Me dejo ir con la esperanza de volver.
Al volver es que te lo cuento: un cuento de trenes.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Cuentos
Rubula;4105523 dijo:
“Cabrón –pensaba para sí.”
Catherine miraba a través de la ventana de su dormitorio pero aunque lloviese como lo estaba haciendo, su atención no recaía en ello ya que su mente vagaba por otros rumbos, en el hijo que llevaba dentro. Con un mes de gestación se hallaba inmersa en un mar de dudas.
Había conocido a Matías dos años atrás en el cumpleaños de su mejor amiga, Ivonne, una noche de julio. Por ese entonces le faltaba una materia para recibirse de Ingeniería. Luego de algunos encuentros no carentes de sexo decidieron irse a vivir juntos al departamento, el de él. Por ese entonces Catherine había estado viviendo en el Campus Universitario.
Si bien la atracción en principio fuera mutua, no todo se dio como ella esperaba.
Si, era cierto, la relación de sexo era muy buena y no faltaba oportunidad para practicarlo, pero luego vino el embarazo.
Un embarazo que Matías no quería.
Por ese entonces, él acababa de egresar del Campus; se había recibido de físico y entre sus aspiraciones era especializarse en cuántica. En su mundo no había lugar para criar un hijo.
Así pensaba.
Pero no habiéndose casado, solo conviviendo, fue que ella quedó encinta.
No se lo esperaba.
Quedó.
Fue cuando empezaron los problemas.
Estando en la cocina, ella acostumbraba a prepararle un suculento desayuno: huevos revueltos, un vaso de zumo de naranja, yogurt con cornflakes y un sanwiche hecho con pastrami y queso. Desayunaban así, incluso con alguna fruta en el medio, luego cada uno se iba por su lado.
Catherine se marchaba para el Campus a temprana hora en la mañana. El por su parte, había adquirido un trabajo de medio tiempo en el Centro Universitario; estando allí y viendo como se desempeñaba, un buen día, ayudado por un profesor logró matricularse en una maestría sobre Física Cuántica.
Ocasión que no desaprovechó.
El quería el Master en esa materia.
–¿No querrías unos niños corriendo por aquí? –una mañana desayunando le dijo.
Ella no solo no tenía ni idea sobre lo que pensaba él sobre la posibilidad de ser padre, menos que menos hablar de como abordar ese tema. Cuando realizó esa pregunta Matías estaba leyendo el matutino, con un croissant en la boca. Casi atragantándose, dejó a un lado lo que comía.
Había quedado mudo.
–No –fue su repuesta.
La sola idea de que Catherine quedase encinta no solo le sentaba mal sino que ni interés tenía siquiera de ser padre. Por lo que siguió leyendo como desechando una mosca molesta.
–¿No? –Se levantó, se giró hacia donde estaba la mesada, se sirvió un vaso de leche cuyo recipiente reposaba sobre la mesada y casi inmediatamente acotó ya más firmemente–: ¿no?
Se sentó y lo miró.
–Estoy con el período –dijo, colocando su mano derecha sobre la de él. Adrede, pues se la apretó, provocativamente, insinuante.
Hacía ya un tiempo que rondaba por su cabeza la idea de ser madre, de procrear. Matías levantó sus ojos y éstos se dieron de frente con los de ella. Fue el momento que toda esperanza acumulada se viniera abajo.
–No es momento Cat –dijo–. No ahora.
Catherine abrió los ojos como platos.
Depositando el matutino sobre la mesa, él agregó:
–Tú no te has recibido; yo apenas tengo un magro ingreso y tú dependes de una beca para terminar tus estudios.
“Carajo con el tío” pensó más para sí misma pues esa repuesta indiscutiblemente la había agarrado
Un un momento de debilidad.
“Pero que pedazo de imbecil”
Aún así, aunque se molestare y pensare que Matías era un cabronazo de primera, un individuo que pensaba en sus propios intereses, no dejó de insistir aunque el tiempo llegó a hacer lo suyo.
Y así pasó.
Este hizo lo suyo.
El tiempo.
Catherine se sentía cada vez más veterana, le faltaba una materia para recibirse, y Matías acababa de adquirir el Master que tanto había ansiado. Fue cuando ella quedó encinta; no de él precisamente; había buscado consejo en el que menos debía: un amor de antaño, uno que a ella lo dejó.
Ahora sin esperarlo, no sabía como decirle a su pareja, pues no quería saber nada sobre el tema que tanto le afectaba.
Eso.
Hasta que se lo dijo.
Ese hecho, la relación con otro estando ya con uno, aunado al acostumbramiento en la pareja, el hastío fue adquiriendo forma. Al principio no se notó, luego fue adquiriendo más incidencia en la pareja. Cada vez fue alejando y enfriando la relación.
Ello se había ido manifestando a través de lo escaso en hacer el amor, pretextos que se imponían cuando alguno de los dos quería algo del otro. Catherine estaba sumergida en un mar de emociones y sensaciones cada vez más proclives a un mal talante, en tanto Matías, más sumergido en su trabajo como físico. Un escapismo.
Ser madre en Catherine, era una idea que se había ido gestando con el transcurrir del tiempo; el evitar ser padre, por temores inculcados o sentimientos no encontrados, hacían de Matías un huraño. Uraño, cuya faceta no se había expresado en su total magnitud.
No hasta ahora.
No hasta que se enteró.
Lo de la infidelidad.
“A joderse tío –pensaba Matías– ¿y es a mi quién critica?”
Matías comenzó a frecuentar ambientes más sórdidos, tan así, que hasta relaciones extramatrimoniales llegaban a consumarse en su propia cama matrimonial, la que hasta ese entonces compartían con Catherine.
“Yo solamente quería un hijo –pensaba ella en contrapartida– y con él, no con Sebastián”
Por otro lado, estaba más inmersa en su trabajo, que si bien era demandante, no lo era tanto como pareciere ser. Ella se demandaba a sí misma.
No quería ver a Matías.
Con Sebastián se conocía de niña. El había vivido a dos cuadras de la casa donde naciera. Cursaron la escuela pública para luego ya siendo adolescentes, su amigo de infancia se ausentase del país. No lo volvió a ver hasta el día que se encontraron en un cafetín.
Nunca se lo había dicho, pero por ese entonces Catherine veía en Sebastián un amigo, no una pareja.
Hasta ese día.
En el cafetín.
De ahí a la cama fue sólo un momento.
Un instante de debilidad.
Por aquello de lo que hubiera podido ser y no fue.
Por querer ser madre y no poder serlo.
Por hastío.
En Matías veía otra cosa: un cabronete. Uno a quien culpar de no querer ser padre y vivir para él y únicamente para él, eso, hasta el día en que:
–Eres un hijo de puta –le espétare en su propia cara– ¡Cabronazo!
–¡Malparida!
Eran palabras que otras circunstancias o se habrían suscitado nunca.
Ahora sí.
Su matrimonio estaba en crisis.
Catherine dio a luz un varón al cual recibió el nombre de Esteban. Inconscientemente le había puesto el nombre del padre de Matías.
El no fue a verla.
Ivonne si.
Ivonne era amiga de niña. Se conocían desde los primeros años de la escuela. A partir de ahí fueron inseparables, hasta pasaron por los mismos cursos y compartían los mismos amigos, entre ellos Sebastián.
“Cabrón”, pensaba para sí.
Con su hijo en manos, sola, un único pensamiento rondaba por su mente.
Catherine miraba a través de la ventana de su dormitorio pero aunque lloviese como lo esta haciendo, divagaba en otro rumbo, hacia su hijo, no en quien alguna vez fuere su compañero, el que se enamoró locamente aquella noche de julio en casa de su amiga Ivonne.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 2 comentarios · ♥ 0 Microcuentos
Rubula;4101734 dijo:
¿Por qué golpeas? –espetó el clavo enojado–. ¡Matratante!

Nota.
Nanorelato: relato expresado entre 6 a 10 palabras incluido el título.
Raúl Rouco Raúl Rouco en Mis sueños en poemas (Raúl Rouco) · · 2 comentarios · ♥ 0 Inéditos


Recuerdos que pasean por tu amor perdido,
no saben que mi corazón ya está cansado
con el paso del tiempo, con lo que ha sufrido,
mientras tu alma entona un eco desesperado
que rebota en el lecho del amor dormido
y al retornar encuentra que todo ha pasado,
nada queda ya de aquello que hemos vivido,
solo un sueño que regresó desesperado
cuando se dio cuenta que ya habías partido
y su eterno despertar lo dejó callado.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Microcuentos
Rubula;4099446 dijo:
¡¡Auchh!!... ¡¡Piedras!!

Nota:
Picorelato: relato compuesto por 3 palabras incluido el título
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 0 comentarios · ♥ 0
Bolìvar Alava Mayorga;4096698 dijo:
Querida Katia.
Tu poema debe de ser entendido en la unidad suprema del "Amor", donde la correlaciòn de emosiones que no podemos descifrar, conlleva a a dentrarnos en lo maravilloso que encierra el misterio de la Creaciòn, creando a veces un desesquilibrio aparente dentro del tema filosòfico o evolucionista. Cuando el Creador nos habla por medio de las maravillas entre las cuales se encuentra la màs perfecta el "Ser Humano" realizado igual a su semejanza, entra allì la identificaciòn de estructuras y proporciones similares como la "poesìa" se exprime en ese camino simbòlico, por medio del espìrito o soplo de vida, para hacer encender la cintilla o luz mental por medio de las imàgines y la razòn, y donar por medio de los versos, la creaciòn que se aprecia como una gracia en el circular diverso del amor, mediante la inspiraciòn y talento del Ser, profundo tu poema, te felicito. Bolìvar.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0
Rubula;4098475 dijo:
Cronometrémonos –dijo el reloj–. Es hora: ¡Huelga!

Nota.
Nanorelato: relato expresado entre 6 a 10 palabras incluido el título.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Poesía existencial
Rubula;4097736 dijo:
–Gustosilla–, como cerezo lozano
o fruto incipiente.

De andar consistente
de fémina con desgano
suscita –en áquel–, que aún anuente,
deslumbrado cae a sus pies cual insano.

-- oo --

De pelo aciago, –o bien–, al tiempo espartano
oteo, ausente se reconvierte
incubando un existente
deseo malsano.

–Uno–, insano.

–En fragor pelviano–
incubando una existente
presencia, que se autoreconvierte
en un permanente figurín lozano.

-- oo --

Fascinado, ante sus pies recala –insano–,
una presencia vigorizante
forjando un empeño sano.
–Reconstituyente–.

–Un fruto incipiente–.
Gustosilla como cerezo lozano.

Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 0 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Cuando le dije a Mariana que a partir del día X iba a dejar de llamarla "Mi Mujer", "Mi Esposa" fue y compró para mí una enorme pulsera grabada con su nombre. :S
Katia N. Barillas Katia N. Barillas en EfÍmera ilusión · · 4 comentarios · ♥ 0
Katia Barillas;4095885 dijo:
¡Cuánta inspiración guarda el color del mar!.
En su ondeante movimiento de las olas con la sal,
en cada grano de arena brillando con el sol,
en una rosa erosionándose en el arrecife de coral.


Ningún pintor ha plasmado aun en sus lienzos,
el secreto que atesora el eco del caer de las hojas,
el sonido con que ulula el frío de los vientos
y que en suaves movimientos, las encausa al manantial,
hacia el río…hacia la gruta,
donde amargamente llora, de tristeza soledad.


Inspirado estaba Dios en el azul celeste.
Lanzó pinceladas de rayos de colores en todo el bosque agreste;
revistió el horizonte de anaranjado crisol,
… a la aurora y el amanecer en aventurado esplendor.
Estuvo entretenido haciendo el universo;
a los ángeles enfiló para simular su ejército.
Talló el blanco de las nubes, en polos y glaciares
y el rojo del rubí, en claveles y corales.
Escarchó la noche con miles de diamantes,
con cachitos de luna, luceros y granates;
se inspiró en tu mirada al hacer la luz del día;
con el brillo de tus pupilas, le dio energía al sol,
…le dio luz a la luna en la inmensidad obscura,
haciéndola soñar con misterios de amor
bajo las sábanas de la bruma.


Inspiración y talento…nada se quedó atrás.
Hizo del Edén una morada familiar…
su infinita proeza sólo la tiene un poeta,
que hace rima y poesía al secreto de los días
con la magia de las letras.
Melquiades San Juan Melquiades San Juan en Dibujando Voces · · 2 comentarios · ♥ 0 Dibujando Voces
Y solo se ha quedado solo así: solo, para todo. Aunque en los libros viejos seguiremos encontrando la presencia de ese “sólo” que se ha quedado en solo, diga lo que diga, sea lo que sea; los hábitos tardarán en desaparecer. Pensaremos en “sólo,” y luego lo dejaremos así: solo, porque hoy las redacciones ya han tomado medidas para que no se permita la entrada a “sólo” bajo ninguna circunstancia.

Bajo la lluvia, cobijado entre las letras moribundas de algún periódico viejo que espera el viaje a los centros de reciclado para volver a ser papel o pulpa para algún algo. “Sólo” disfruta sus últimos instantes de presencia ante cualquier iris analfabeta o desquiciado antes de ser pasado por los lavadores de tinta poblados de solventes y disolventes químicos y orgánicos para borrar de la plana, el cachete, la hoja, cualquier detalle de su vida.

“Sólo” no existe, se ha quedado en solo para todo.

él solo cuida a su madre.
Rubula Rubula en Rubula dentro de Mundo Poesía · · 0 comentarios · ♥ 0 Poesía existencial
Rubula;4089457 dijo:
Sois como el viento que las dunas moldea;
–una, con su vela extendida–.
Sois como el agua que a los cantos, zurrea.

Sois bramido que puja y se regordea
entre la audacia acongogida
y una gracia rea.

–Sois rea–.

Sois entre vitrea
y lastimera; endurecida
roca, –pujante–, al igual que majadea.

Sois como el agua; a los cántaros zurrea.
La que siendo acero, –ella–, oxida.
Sois como el viento que a las dunas moldea.
elpoetaartesano elpoetaartesano · · 0 comentarios · ♥ 0
LUVIAM;4086619 dijo:

Ver el archivos adjunto 29045
[video=youtube;58VvYSsW3Pk]http://www.youtube.com/watch?v=58VvYSsW3Pk[/video]

En más de una ocasión encontramos en el camino obstáculos que nos hacen perder la esperanza, problemas ante los cuales no vemos otra alternativa que la de auto limitarnos, sin percibir que el límite está en nosotros mismos. Ante una "piedra", optamos por detenernos,o nos sentamos sobre ella a llorar sin saber como apartarla,o la cargamos y la llevamos a cuesta el resto del camino, y en ese accionar, en esa lucha por ganarle la batalla a la vida, es donde: o crecemos desmesuradamente o nos quedamos tan minimizados que a penas nos alcansan a ver los demás, porque decrece tanto nuestra auto estima que nos sentimos insignificantes.
"La incapacidad" es tan relativa que la padecemos en la medida que la dejemos crecer dentro, No hay incapacidad física, el límite de tus posibilidades reales está solo en tu mente, en lo que te propongas lograr, siempre que tu fortaleza sea capáz de imponerse ante tus debilidades.
Hay quienes al igual que Nicky (el protagonista de mi video), luchan por escalar un peldaño más, y hay quienes se rinden sin intentarlo siquiera.

Dedico este comentario a una persona muy especial para mí, que también lucha por buscar alternativas de crecimiento personal ante los obstáculos, y ya aprendió a apartar las piedras para abrirse camino en la vida,no dejen de verlo.
Gracias a ustedes por pasar.

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