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Puertas en la mente

Évano
Puertas en la mente
Algún título tenía que poner. En fin, son poesías elegidas por mí, entre el montonazo que tengo publicado en M.P.
13 entradas · 2825 visitas
· 2 comentarios · ♥ 2
Fijo el arnés al bello vello,
clavando el piolet en tus poros,
y me asciendo hacia ti
con pies de gato maltratado
y sin magnesio de duda en las manos que suben.

¿No ves la frente cansada que me cuelga
doblegada a sí misma una y otra vez?
¿No ves la nariz y la boca callada que la aguanta;
y a los ojos que son encerrados por la misma piel
que de la frente cuelga?

No debes ver, de momento, mi diminuto,
lo distinto que soy,
ni la misma grandeza ilusoria de la picota tuya,
ni al animal para la vida que eres,
ni mi onírica existencia de asceta que culmina
cada día. Y desciende...

Y yo escalo con la cajita que contiene
la sabiduría que recogí con los pasos
que me han ido alzando por montañas paralelas.
Llevo ante ti la cajita de mi verdad
y allí la abriré.

Será entonces cuando observes incendiarse
a otro universo;

será cuando veas caer,
reventar y desaparecer

lo que creías un mundo.

Arderán edificios irreales,
coches, joyas y diamantes,
y todos los billetes acumulados para
tanta cosa inexistente.

Y las luces del cosmos serán amor;
y las sombras,
divididas en oscuros más aún,
serán rayitos de odio, dolor
soledad...

Como láseres oscuros que viajen
dentro del nuevo universo de luz
al sinfín eterno.

Pero claro, este es mi sueño,
porque,
quizás,
tú,
simplemente no quieras empequeñecer
te para mí.
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Los aires de pueblos y aldeas
los ululan laderas del Norte
que desparraman casas y odio
y calles donde domina Caín.

Nos liberan al miedo a la vida:
un buey que nos arrastra a la noche
más eterna que las propias almas;
mientras, golpeamos adoquines
que cierran nuestras mentes anémicas.

El buey inmenso resopla
por sus narices la muerte
de neuronas que prefieren
compartir a competir.

Nadie pensó jamás en infierno
tan cercano a los ojos caídos
de los árboles clavados a témpanos
por diablos del páramo que luce.

Los ecos de largas piernas y faldas
son los premios ficticios de ahora.
Tacones, oros, tangas y fracs
entre raposos que huelen esquinas
de los mundos de la ciudad.

Morirán los pueblos entre nieblas,
como humo que consume a las velas
y a maderas de todos los tiempos
que arden en la siempre chimenea.
· 2 comentarios · ♥ 2
Volverán los pasos a otra cuna
y en otra cuna solos morirán;
y veremos caminos que avanzaron
tan solo en los adentros. Nada más.

Se imaginan paisajes, al no andar,
y quizás algún invento, y nada más.

Porque seguimos siendo la ignorancia
deambulando dentro de universos
que no son más que siempre los reversos
de pasos que no vienen, y no fueron,
que siempre estuvieron quietos, y están,
y son muerte esperando la semilla
que dentro de nosotros germinó.

Los pasos andarán el más allá
del camino interior. Ninguno más.
· 1 comentarios · ♥ 1
Tenía cientos de arcoíris en canicas
que acariciaban mis manos en la bolsa
—terciopelo y baúl de mi esperanza—.
En los duelos marchaban sueños y arcoíris
con los niños que ganaban las partidas.

Quizás faltaba una princesa
a quien pudiera deslumbrar.
Quizás... quizás.... quizás.

Crecieron las canicas, o quizás...
Ahora cada una es una estrella
y el terciopelo guarda soledad,
la que fue sustituyendo los vacíos
de cada canica perdida en la niñez.
· 0 comentarios · ♥ 1
Si diluviaran selvas en elefantes,
y las selvas vírgenes fueran,
quisiera ser entonces Arca y Noé
de las nubes que contuvieran
tanto elefante como gota que cayera.

Y que las trompas en el aire sonaran
como trompetas anunciando el arco
de un Eros que apuntara al iris
y a los pies de los árboles andantes;
y que estos caminaran como red
y retuvieran las matanzas de los trompas.

Si los aires fueran alas de orejas elefantinas,
el horizonte no sería límite con fin de fin;
sino cataratas recogiendo las aguas
en lagos y fuentes para baños paquidermos
y para un yo arborícola y distante
que nadaría elegante entre elefantes,
y bucearía con flores
de pétalos de peces
y aletas de azahares.

Si yo viera a elefantes
soplar sus trompas sonoras
sobre hormigas maleantes
—narcisistas destructoras—,
me uniría con talante
a las cigarras cantoras.

Malo el imitar de los humanos
a bichos tan matemáticos.
Mejor la guitarra en las manos
y morir como lunáticos
entre elefantes acuáticos
que cayeran como marranos.

cri cri crí cri cri crí cri cri cri cri crí
· 0 comentarios · ♥ 1
Cuarenta y siete vueltas navegando
a bordo de una balsa de la noche
con rumbo a un sol de círculo distante.

Bajo la nave, las babas, el lodo
del alma moribunda de lo humano.

Son retales de semen, nuestros hijos,
los que a lo lejos veo en los veleros
de mástiles ardiendo por los vientos
que soplan los eructos de la Tierra.

Cuarenta y siete son las primaveras
de pájaros que acaban naufragando
en los cielos de lágrimas oscuras.

Solitario universo de un sol ajeno
al mundo que reniega de los sabios.

Cuarenta y siete vueltas he viajado
vomitando palabras al espacio.

Quizá las aguas del planeta sean
llanto guardado al grito de los cielos,
ciclo de sexo eterno sucediéndose
—como senos erizados a una muerte
que coge entre su pene a la esperanza
de los hombres que quieren detener
el suicidio conjunto de los tontos—.


Si la letra es de arena, va a la duna
y al mundo de los hombres de cerillas,
los que hacen de la vida, este desierto.

Que voz y letra sean luz y espada:
blande a todo poder que te silencie
e ilumina la sombra que te cubra.
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Pensé que al morir mi padre
de tinta y pluma volarían
ángeles de luz;
que brotaría sangre
de los manantiales de la tierra;
que cuchillos de nubes rajarían
a los vientos
hasta acuchillar los suelos que piso.

Pensé todo eso, pero nada fue
mas que mirar al cielo de la noche
y descubrir a las estrellas apagando
el infinito universo que me rodea.

Pensé todo eso, pero nada fue
mas que soledad rompiendo
a su cuerpo y mi cuerpo;
desparramándose en mi ahora,
inundando a mi espacio y tiempo
de un vacío que vaga libre
por toda el alma mía.

Ahora huelo a rincón
de una piel de cristal;
pero solo se ve
a huesos y carnes llorando
dentro de huesos y carnes.

Pensé todo eso, pero nada fue.

No titilan velas en las venas,
ni las costillas lloran.
Sólo la brisa se ha hecho presente.
Sólo un sin ruido implosiona
y crea un agujero que me arrebata
y me llena la vida de ausencia.

Pensé todo eso, y todo fue.
· 1 comentarios · ♥ 1
Paseaba la lluvia de la tarde
la vereda de un río y sus meandros.
El viento voleaba una hojarasca
que acudía a los pasos de mi rostro.
Un revuelo entre nubes alocadas
que dibujaban luces y solombras.

La corriente del río me mostraba
claro susurro y alma de cristal.
Intenté desnudarme de lo humano,
pero yo era de carne, hueso y miedo,
una vida adherida al universo
y nula para el reino de los cielos.

No pude compararme a la corriente
del agua y su principio con destino,
de su dar a la tierra sin pedir.

Llovía en el paraguas de mi aura
y formaba arcoíris en mi cuerpo
al ver a tanto humano asesinando
a quien regala vida sin medir.

Fui lágrima brillando por los cauces
de un río asesinado y sin destino.
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El amor, o dos niños dudando entre la niebla
de un paisaje que inventa cada uno a su manera;
o la confianza ingenua en la ciudad erguida
con cristales, cementos y gentes demolidas.
El amor, o dos niños ciegos jugando a ver
a pesar de las vendas que ocultan a sus garras.

Aunque inundara el odio a la sangre del alma
con los muertos de toda la tierra artificial,
todavía el amor, aún sobre los cadáveres,
se abriría camino con tan solo un querer.

Porque la humanidad es una enorme fosa
donde zombis y muertos deambulan con vivos
que nos inyectan virus y envidias en la sangre.

Seamos animales salvajes, sin mañanas,
ni cementerios donde los vidrios y el cemento
conviven desgarrándose, comiéndose los cuerpos,
hasta que no les queda por morder ni el aliento.
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Es una calle donde las bocas fuman penes
y eyaculan un humo que gotea del viejo.
Pegajosas aceras que pisan las putas
con sus botas de piel de pardillo.
Los niños gatean entre las piernas y puros.
Desnudos recorren las calles veloces,
entre los coches que mean bocinazos estúpidos.
¡Y ese imbécil en lo alto del púlpito,
con su corbata de madera, qué reza!
Quizás se dé cuenta que el tonto de turno
está atento, que babea y medita
exprimir más al pueblo y crear esas, sus guerras.
En una calle donde las bocas son peces,
mimos que expanden la estupidez en la tierra.
Todo son penes y coños, y tontos de turno.
· 4 comentarios · ♥ 1
Quisiera iluminar la cama a la que aferras
cuando recibes miles de caricias y besos.
Incendiar cada poro que titila en tu cuerpo
y estar en tus adentros, sentir a cada uno
como si fuera la última vez que acudo al amor.

Quisiera la almohada que acoge a tus alientos
y envolver a tus oídos de susurros y besos
del aire de la brisa que viene de mi alma
y vuela a tu almohada a rendirse ante ti.
Ser la luz que caliente y recorra sin fin
cada rincón de un cuerpo que nunca imaginaste.


Y luego alzarme hasta la esquina de tu alcoba,
y ser allí la estrella que brille en tus noches:
un faro que destelle como estela en tu vida
y que viaje a tu cama cuando quieras que vaya
a invadir a tu cuerpo de calma y locura.
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.
En los baúles que guarda nuestro polvo
hay dos bocas que besan todavía
y ojos viendo lo eterno de su adiós;
hay cuerpos en los campos y la cama
y estatuas abrazadas en la arena.

¡Cuánto pesa la arena entrometida
entre aquella primera vez que fuimos!
Como eco que retumba libre y dentro
y acuchilla los baúles entre el polvo.

—No lleves corazones en tus manos—,
dijiste con tus lágrimas y boca.
Como bomba que explota a cada instante
y libera a los baúles polvorientos.

¡Con las flechas lanzadas por Cupido
y hay dos seres ilesos todavía!
· 1 comentarios · ♥ 1
.

En arenas tu viento se llevara
al ánima que vaga en el estigio.
un aire que librara al feudo ligio
del Señor De La Tierra Que No Amara.

Medí al amor de forma tan avara
que no quedó de mí ningún vestigio,
sino un cuerpo de piedras en litigio
por cada corazón que se encontrara.

Como duna que vuela en el desierto,
con alas de los vientos que me dieras
y sin miedo a mares enemigos.

Deshaz la efigie de este casi muerto
y libera mis latidos de quimeras,
que ya no quiero más de este castigo.
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