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- Sí, querida, el pequeño Cedric es un niño dulce y ejemplar. Al poco de nacer murieron sus padres, y ha sido la señora Tisdale, una hermana de su madre quien se ha encargado desde entonces de su educación, a la vez que ha alimentado su cuerpo y su alma. Es amigo de mi pequeña Brenda. Educado y servicial es la compañía perfecta que una madre querría para su hija, para que siempre vaya por el camino recto de la vida. Muchas veces los hijos se pierden por culpa de las malas compañías. Acuérdate de lo que le pasó a Boris Lauper, el hijo de Aurelia Rumsfeld, cuando se marchó a estudiar a la ciudad. Nunca sus padres habían tenido queja de su comportamiento, pero en el colegio conoció a ese Eugene Clawson, que según dicen era el diablo en persona - dijo la señora Mottershaw, una mujer de cuerpo robusto y cara colorada.
- Cierto, amiga mía, siempre he educado a mis hijos en la máxima rectitud y respeto por las tradiciones. Es la mejor manera de que no se desvíen del buen camino - contestó la otra mujer.
Estaban sentadas en un pequeño jardín, bajo un cerezo en flor. El sol estaba a punto de ocultarse. Llamaron a la puerta. La señora Mottershaw se levantó y abrió. Era la tía del pequeño Cedric que iba a preguntarle si había visto a su sobrino. Contestó que no lo había visto desde la mañana.
- No ha ido en todo el día a casa. Es extraño ese comportamiento en él. Temo que le haya pasado algo grave - dijo la tía del pequeño Cedric.
La mujer se marchó. La señora Mottershaw se disponía a volver junto a su amiga cuando vio a lo lejos a su madre. La esperó en la puerta, un poco intranquila.
- Creí que ayer quedamos en que hoy me ibas a mandar a Brenda a casa - dijo la madre a modo de saludo.
- Y allí creía que estaba. Hacia allí salió esta mañana temprano, alegre como un pajarillo - contestó la señora Mottershaw con voz temblorosa.
- Pues en casa no ha estado - dijo la madre.
- Todo es muy extraño, el pequeño Cedric tampoco ha ido a casa en todo el día. También salió a primera hora de la mañana y no lo han vuelto a ver - dijo la señora Mottershaw preocupada.
Ya se había ocultado el sol. La noche amenazaba con hacerse la dueña de todo. Decidió que lo mejor era salir a buscarlos. Cerca del pueblo había un lago rodeado por un bosque de cedros y tejos. Allí solían ir los niños a bañarse. Esperó que llegase su marido del trabajo y salieron a buscarlos junto con la señora Tisdale. Al llegar al bosque, vieron de lejos, que de uno de los árboles colgaba algo. Al acercarse descubrieron que era el cuerpo de la pequeña Brenda. La señora Mottershaw dio un grito y se desmayó. A cierta distancia, se encontraba Cedric, sentado en el suelo, y a su lado, de pie, Claudia, la hija de los Bagehot. Se extendieron las tinieblas sobre el bosque. Llamaron a la policía. Un cuervo voló de un árbol a otro. Cedric declaró que la noche anterior soñó que la pequeña Brenda se había colgado, y decidió acercarse al lugar para ver si era cierto. Dijo que en su sueño la vio colgada de un árbol en el bosque que rodeaba el lago donde solían bañarse. La pequeña Claudia dijo que había soñado que Cedric soñaba que Brenda se había colgado. El comisario no salía de su asombro. Miró el pequeño cuerpo colgando del árbol. El viento hacía que se balancease. Estaba pensativo. Su experiencia le había enseñado que los niños algunas veces no son tan inocentes como la gente cree.
- Si en vez de soñar que se había colgado, alguno de los dos hubiese soñado que tenía intención de hacerlo, quizas pudiese haber alertado a sus padres antes de hacer una cosa así - dijo.
- Yo lo hice - dijo el pequeño Cedric - hace tres días soñé que hablaba con ella, y en el sueño me decía que tenía intención de colgarse de uno de los árboles del bosque donde se encuentra el lago en el que nos bañamos algunas veces. No dije nada porque sólo era un sueño, y quién iba a hacer caso de los sueños de un niño. No puedo decir que me entristezca su muerte. Era mala. Hace unos días le pedí su lapicero verde y no quiso dejármelo. Ahora ella no lo quiere para nada. Si me lo hubiese dejado, todo habría sido distinto, seguramente su madre podría haber seguido disfrutando de su hijita. No merece la pena morir por un lapicero. Además de mala era tonta.
Un cuervo se posó sobre la cabeza de la ahorcada; después voló hasta un árbol cercano. En el bosque se oyó el grito de una lechuza. Un perro aulló en la lejanía. Había luna llena.
Eladio Parreño Elías
13-Agosto-2011
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- Sí, querida, el pequeño Cedric es un niño dulce y ejemplar. Al poco de nacer murieron sus padres, y ha sido la señora Tisdale, una hermana de su madre quien se ha encargado desde entonces de su educación, a la vez que ha alimentado su cuerpo y su alma. Es amigo de mi pequeña Brenda. Educado y servicial es la compañía perfecta que una madre querría para su hija, para que siempre vaya por el camino recto de la vida. Muchas veces los hijos se pierden por culpa de las malas compañías. Acuérdate de lo que le pasó a Boris Lauper, el hijo de Aurelia Rumsfeld, cuando se marchó a estudiar a la ciudad. Nunca sus padres habían tenido queja de su comportamiento, pero en el colegio conoció a ese Eugene Clawson, que según dicen era el diablo en persona - dijo la señora Mottershaw, una mujer de cuerpo robusto y cara colorada.
- Cierto, amiga mía, siempre he educado a mis hijos en la máxima rectitud y respeto por las tradiciones. Es la mejor manera de que no se desvíen del buen camino - contestó la otra mujer.
Estaban sentadas en un pequeño jardín, bajo un cerezo en flor. El sol estaba a punto de ocultarse. Llamaron a la puerta. La señora Mottershaw se levantó y abrió. Era la tía del pequeño Cedric que iba a preguntarle si había visto a su sobrino. Contestó que no lo había visto desde la mañana.
- No ha ido en todo el día a casa. Es extraño ese comportamiento en él. Temo que le haya pasado algo grave - dijo la tía del pequeño Cedric.
La mujer se marchó. La señora Mottershaw se disponía a volver junto a su amiga cuando vio a lo lejos a su madre. La esperó en la puerta, un poco intranquila.
- Creí que ayer quedamos en que hoy me ibas a mandar a Brenda a casa - dijo la madre a modo de saludo.
- Y allí creía que estaba. Hacia allí salió esta mañana temprano, alegre como un pajarillo - contestó la señora Mottershaw con voz temblorosa.
- Pues en casa no ha estado - dijo la madre.
- Todo es muy extraño, el pequeño Cedric tampoco ha ido a casa en todo el día. También salió a primera hora de la mañana y no lo han vuelto a ver - dijo la señora Mottershaw preocupada.
Ya se había ocultado el sol. La noche amenazaba con hacerse la dueña de todo. Decidió que lo mejor era salir a buscarlos. Cerca del pueblo había un lago rodeado por un bosque de cedros y tejos. Allí solían ir los niños a bañarse. Esperó que llegase su marido del trabajo y salieron a buscarlos junto con la señora Tisdale. Al llegar al bosque, vieron de lejos, que de uno de los árboles colgaba algo. Al acercarse descubrieron que era el cuerpo de la pequeña Brenda. La señora Mottershaw dio un grito y se desmayó. A cierta distancia, se encontraba Cedric, sentado en el suelo, y a su lado, de pie, Claudia, la hija de los Bagehot. Se extendieron las tinieblas sobre el bosque. Llamaron a la policía. Un cuervo voló de un árbol a otro. Cedric declaró que la noche anterior soñó que la pequeña Brenda se había colgado, y decidió acercarse al lugar para ver si era cierto. Dijo que en su sueño la vio colgada de un árbol en el bosque que rodeaba el lago donde solían bañarse. La pequeña Claudia dijo que había soñado que Cedric soñaba que Brenda se había colgado. El comisario no salía de su asombro. Miró el pequeño cuerpo colgando del árbol. El viento hacía que se balancease. Estaba pensativo. Su experiencia le había enseñado que los niños algunas veces no son tan inocentes como la gente cree.
- Si en vez de soñar que se había colgado, alguno de los dos hubiese soñado que tenía intención de hacerlo, quizas pudiese haber alertado a sus padres antes de hacer una cosa así - dijo.
- Yo lo hice - dijo el pequeño Cedric - hace tres días soñé que hablaba con ella, y en el sueño me decía que tenía intención de colgarse de uno de los árboles del bosque donde se encuentra el lago en el que nos bañamos algunas veces. No dije nada porque sólo era un sueño, y quién iba a hacer caso de los sueños de un niño. No puedo decir que me entristezca su muerte. Era mala. Hace unos días le pedí su lapicero verde y no quiso dejármelo. Ahora ella no lo quiere para nada. Si me lo hubiese dejado, todo habría sido distinto, seguramente su madre podría haber seguido disfrutando de su hijita. No merece la pena morir por un lapicero. Además de mala era tonta.
Un cuervo se posó sobre la cabeza de la ahorcada; después voló hasta un árbol cercano. En el bosque se oyó el grito de una lechuza. Un perro aulló en la lejanía. Había luna llena.
Eladio Parreño Elías
13-Agosto-2011
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