Carrizo Pacheco
Moderador Global.Corrector.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderador Global
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Corrector/a
Director de concursos
Equipo Revista "Eco y latido"
Los choques de la deriva
Otro amanecer arrimando el fin.
Da lo mismo si en mi casa o en la cárcel.
Despertar de sueños olvidados
volviendo a la realidad sensorial.
Oír, ver, degustar, oler, palpar...
presentir nuestro impropio alrededor
enmascarándonos la vida.
Ser conscientes de nuestras limitaciones;
admitir que ninguna libertad es absoluta.
La mañana avanza indiferente hacia la tarde.
Quien no entienda las implicancias de esta obviedad,
tal vez logre un transcurrir más imbécil y risueño.
Se puede volver a pasar por el mismo sitio,
pero nunca por el mismo tiempo.
Vuela la mente en múltiples velocidades y rumbos,
como si el repugnante cerebro no la tuviera encerrada.
Las cadencias pulmonares y cardíacas
insisten hasta la perversa muerte;
enigmático límite hacia el que vamos a la fuerza,
tirando una historia más entre las innumerables
que acrecientan la Historia Absoluta.
Es muy cansador acometer diariamente
contra la decadencia, la suciedad, el desorden...
Trabajar en sacrificios para mantener
las pautas aceptables de "la estadía vital";
para no dejarse deglutir por el abandono.
Gran parte de nuestra existencia
consumida en los ordenamientos domésticos,
en el necesario aseo personal. ¡Siempre lo mismo!...
Ocuparnos de la materia hasta desmaterializarnos.
Lo más aceptable es estar bien limpios
para enfrentar el asco que nos acecha por todas partes.
La rutina es batallar desde que salimos de las sábanas,
pensando que también podríamos, como tantos,
levantarnos desde las hojas de árboles y diarios,
desde un revoltijo de trapos o desde la mugre del piso...
Las clases se emparejan en determinados puntos.
Cada jornada es para todos un mortífero reto,
sólo que los marginales resisten con la ilusión más podrida.
¿Qué solución puede amputarnos el hartazgo?
El ánimo envuelto en una disímil variedad de fuerzas,
no es más que un fugaz sostenedor de la subsistencia.
Continuar pujantes es el deber que nos mitiga el sinsentido.
Salir a la calle nos reconfirma las certezas sociales
hechas para disimular la desorientación humana.
Las civilizaciones sólo lograron los objetivos clasificatorios
que le convenían a su comodidad hipócrita...
Se han acomodado las estructuras, y nosotros,
civil contenido tan útil como descartable, año tras año,
apenas intentamos esquivar los choques de la deriva.
Otro amanecer... ¡Despertemos!
Ariel Carrizo Pacheco
Otro amanecer arrimando el fin.
Da lo mismo si en mi casa o en la cárcel.
Despertar de sueños olvidados
volviendo a la realidad sensorial.
Oír, ver, degustar, oler, palpar...
presentir nuestro impropio alrededor
enmascarándonos la vida.
Ser conscientes de nuestras limitaciones;
admitir que ninguna libertad es absoluta.
La mañana avanza indiferente hacia la tarde.
Quien no entienda las implicancias de esta obviedad,
tal vez logre un transcurrir más imbécil y risueño.
Se puede volver a pasar por el mismo sitio,
pero nunca por el mismo tiempo.
Vuela la mente en múltiples velocidades y rumbos,
como si el repugnante cerebro no la tuviera encerrada.
Las cadencias pulmonares y cardíacas
insisten hasta la perversa muerte;
enigmático límite hacia el que vamos a la fuerza,
tirando una historia más entre las innumerables
que acrecientan la Historia Absoluta.
Es muy cansador acometer diariamente
contra la decadencia, la suciedad, el desorden...
Trabajar en sacrificios para mantener
las pautas aceptables de "la estadía vital";
para no dejarse deglutir por el abandono.
Gran parte de nuestra existencia
consumida en los ordenamientos domésticos,
en el necesario aseo personal. ¡Siempre lo mismo!...
Ocuparnos de la materia hasta desmaterializarnos.
Lo más aceptable es estar bien limpios
para enfrentar el asco que nos acecha por todas partes.
La rutina es batallar desde que salimos de las sábanas,
pensando que también podríamos, como tantos,
levantarnos desde las hojas de árboles y diarios,
desde un revoltijo de trapos o desde la mugre del piso...
Las clases se emparejan en determinados puntos.
Cada jornada es para todos un mortífero reto,
sólo que los marginales resisten con la ilusión más podrida.
¿Qué solución puede amputarnos el hartazgo?
El ánimo envuelto en una disímil variedad de fuerzas,
no es más que un fugaz sostenedor de la subsistencia.
Continuar pujantes es el deber que nos mitiga el sinsentido.
Salir a la calle nos reconfirma las certezas sociales
hechas para disimular la desorientación humana.
Las civilizaciones sólo lograron los objetivos clasificatorios
que le convenían a su comodidad hipócrita...
Se han acomodado las estructuras, y nosotros,
civil contenido tan útil como descartable, año tras año,
apenas intentamos esquivar los choques de la deriva.
Otro amanecer... ¡Despertemos!
Ariel Carrizo Pacheco
(2º Premio del Concurso de Realismo sucio - Mundo Poesía, 30/03/2015)
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