Hermanos en Cristo, vamos a rescatar tierra santa de las manos de esos bárbaros.
Barbáros. Así nos describen a los que no vivimos en ese pequeño territorio del mundo que ha sido un gran mal para los pueblos del mundo (los incluye a ellos): Europa.
Con lo que acabo de escribir basta para que los fanáticos me tilden de terrorista, no obstante de existir interminables argumentos históricos y sociales para fundamentar lo dicho. Pero no soy partidario de ningún tipo de terrorismo, llevo muchos días subiendo información sobre las masacres de civiles en Afganistán, en Siria, en Iraq, en Estados Unidos, en España, en Rusia y en donde se produzcan actos desesperados de los radicales en contra del poder que enfrentan y que consideran injusto e invencible.
A mí no me alertan consignas como la de "Un terrible fantasma recorre Europa llevando hambre y miseria." Lo decían por el comunismo hoy -dicen- anacrónico, pero en aquel entonces una perspectiva de justicia social para los que morían en las fábricas y en las minas para hacer ricos a otros. Más destrozos causó la banca en las familias de Europa y otras partes del mundo despojándolos de sus bienes. Antes de que saliera de tierras de oriente el primer yijadista se convocaron los fanáticos para ir a rescatar tierra santa. Hubo alguien tan estúpido que convocó a un acto terrorista en el medievo, dijo, desde el púlpito, que como los niños eran sagrados para Dios nuestro Señor, si mandaban un ejército de niños a liberar la tierra santa no tendrían que combatir: ángeles bajarían del cielo para combatir por ellos. Pues no. Con todo el amor de Dios por los niños todos murieron de hambre y de frío sin que lograran siquiera salir de Europa Medieval. O a Dios no le interesaba rescatar Tierra Santa o este era un asunto meramente humano.
Decía que llevo mucho tiempo subiendo imágenes de ciudadanos árabes masacrados por cientos todos los días por el ejército islámico y no se ve respuesta alguna de nadie, como que nos han enseñado a pensar que las vidas de los habitantes de los pueblos "bárbaros" no valen nada; talvez sigan pensando que no tienen alma. No nos conmueven las imágenes dantescas que vemos por la red, les damos una única respuesta: son fanáticos víctimas de su propio fanatismo.
Un niño sirio les dice a través de los medios: "Paren la guerra y no vendremos" y nadie piensa en quién la provoca, la alimenta. Uno de los detonadores es el fanatismo religioso; otro es la mano que los arma, los entrena, les da toyotas nuevos y les compra petróleo como si fueran una nación. ¿Quién es? Señores dejen de ver solo CNN y los grandes medios de los emporios que tienen inversiones e intereses por todos lados; sigan la ruta del dinero, donde conduce el dinero está la casa del que detona todos estos elementos incendiarios, descubrirán que es la casa de siempre. Estamos dolidos por los seres humanos víctimas del terrorismo, los de París y los de oriente, para nosotros los seres humanos de cualquier latitud del mundo valen lo mismo, así sean pastores, o sean gente cosmopolita desarrolladores de alguna actividad altamente tecnificada. Estos hechos seguirán horrorizándonos y azotando al mundo y no pararán mientras los efectos que las causan no cesen. Paren la guerra no es póngannos en paz; es, no aticen el fuego. No pensemos que cada individuo de origen árabe es un criminal y lo condenemos antes de probar su responsabilidad. No condenemos civilizaciones que no son la nuestra, pensemos antes qué hay detrás de estas reacciones.
Estimado Juan, creo que tu poema tiene el ingrediente de sinceridad que nos compartes. Los pueblos heridos por las guerras y los terroristas son víctimas del mismo demonio, no habrá paz en el mundo mientras los señores del dinero, del poder y del fanatismo no sean encadenados, pero está difícil, son operadores de la opinión pública desde sus tronos. Celebro que en este tema haya habido respeto al autor y encuentro de opiniones. Que se ejerza la libertad de expresión con respeto y plugo a los dioses de las neuronas porque se ponga a funcionar la libertad de pensar que solo restringen nuestras propias pasiones. Nadie quiere más mundos ensangrentados.