Domingo de una mañana de invierno

Luis Prieto

Moderador Global
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Moderador Global

Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías lo que mis labios te decían cuando te besaba y que nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis
 
Última edición:
Que tal Luis, quiero darte las gracias por tan bonita lectura, por cada letra que tocó al sentir mío. En sí, es interesante como desde del principio al fin lo transformaste en el bello leer que me gusto.

Fidel...
 
Última edición:
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis
He leído despacio esta prosa tan llena de nostalgias y amor de otoño, y tan mía la hice que de repente hasta sentí la llovizna en mi rostro jeje.
Maravillosa! Me encantó.
Aplausos y abrazos.
 
He leído despacio esta prosa tan llena de nostalgias y amor de otoño, y tan mía la hice que de repente hasta sentí la llovizna en mi rostro jeje.
Maravillosa! Me encantó.
Aplausos y abrazos.

Halagadoras palabras me brindas Luviam, me alegra mucho que te hayan gustado y las hicieras tuyas pero eso de llover en tu rostro...pufff ya dice todo...espero que no haya sido así.
Me alegra saludarte y mandarte gran abrazo y un besote con mis mejores saludos.
 
Que tal Luis, quiero darte las gracias por tan bonita lectura, por cada letra que tocó al sentir mío. En sí, es interesante, como desde del principio al fin lo transformaste en el bello leer que me gusto.

Fidel...

Me alegra mucho que te haya gustado esta prosa tanto poética y que la hicieras tuya Fidel.
Muchas gracias!!
Saludos cordiales
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis
....Desde el desvelo hasta el final, me enganche con tu prosa, te felicito, un monólogo totalmente distinto. Mis saludos!
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis
Mi querido amigo Luis, ya te he expresado alguna ocasión que tienes una maestría especial para recrear momentos en los que se instala la melancolía. Esta es una nueva muestra de lo que digo. He imaginado esa mañana envuelta en las luces frías del invierno. Tiene tu relato momentos de magnífica poesía encerrada entre sus líneas. Te felicito por esa capacidad.
Con mi abrazo anclado en la amistad.
Salva.
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis
Melancolía que trae más melancolía en los domingos cuando amanecemos en los recuerdos. Excelente prosa, reflexiva. Al fin y al cabo no hay nada más que el aquí y ahora, tal cual es, con las canas que el tiempo ha pintado, por más que el desvelo nos lleve a caminar por las calles del pasado.
Abrabesos en tu alma amigo. Gracias por escribir
 
Uffffff que bella prosa!!! A pesar de toda la tristeza y el dolor que acuna en sus letras, es hermosa, porque los recuerdos del amor serán un flagelo, pero también momentos felices, hoy todo desapareció y solo queda el agujero negro de las ausencia, como esas calles desoladas del domingo. ¡Magistral escrito! Un verdadero placer disfrutar de su maravillosas letras, Luis, reciba la más cordial felicitación y saludo.
 
Mi querido amigo Luis, ya te he expresado alguna ocasión que tienes una maestría especial para recrear momentos en los que se instala la melancolía. Esta es una nueva muestra de lo que digo. He imaginado esa mañana envuelta en las luces frías del invierno. Tiene tu relato momentos de magnífica poesía encerrada entre sus líneas. Te felicito por esa capacidad.
Con mi abrazo anclado en la amistad.
Salva.

Halagadoras palabras me brindas amigo mío que son todo honor viniendo de ti y agradezco de corazón. Es que he de confesar que me gusta más la prosa poética que la simple sin desmerecerla.
Muchas gracias querido Salva.
Te mando un fuerte abrazo de amistad y gran admiración.
 
Melancolía que trae más melancolía en los domingos cuando amanecemos en los recuerdos. Excelente prosa, reflexiva. Al fin y al cabo no hay nada más que el aquí y ahora, tal cual es, con las canas que el tiempo ha pintado, por más que el desvelo nos lleve a caminar por las calles del pasado.
Abrabesos en tu alma amigo. Gracias por escribir

Así es querida amiga, como muy bien dices...el aquí y ahora es lo único que existe, lo demás es día a día.
Muchas gracias por acercarte Ropittella.
Muchos abrabesos para ti con cariño y admiración.
 
Uffffff que bella prosa!!! A pesar de toda la tristeza y el dolor que acuna en sus letras, es hermosa, porque los recuerdos del amor serán un flagelo, pero también momentos felices, hoy todo desapareció y solo queda el agujero negro de las ausencia, como esas calles desoladas del domingo. ¡Magistral escrito! Un verdadero placer disfrutar de su maravillosas letras, Luis, reciba la más cordial felicitación y saludo.

Muchas gracias Daniel por acercarse con sus gratas palabras que siempre valoro.
Reciba mi sincero saludo y un fraternal abrazo.
 
Y cómo jode ese maldito tic tac cuando el sueño se demora o se ha marchado a dar una vuelta; y las campanas ni te digo, que tengo un campanario en el patio y tiene la malévola manía de recordarme mis horas de insomnio. Pero siguiendo con la prosa (que me voy por momentos porque me ha encantado), ¿un café?; adiós sueño... Y me alegro, que trajiste una estupenda prosa llena de reflexiones y de recuerdos que, aunque duelan, plasmaste con todo el sentir de quien sigue despierto a pesar de las dolorosas ausencias.
Un abrazote, Luis, y encantado con tu obra.
 
Y cómo jode ese maldito tic tac cuando el sueño se demora o se ha marchado a dar una vuelta; y las campanas ni te digo, que tengo un campanario en el patio y tiene la malévola manía de recordarme mis horas de insomnio. Pero siguiendo con la prosa (que me voy por momentos porque me ha encantado), ¿un café?; adiós sueño... Y me alegro, que trajiste una estupenda prosa llena de reflexiones y de recuerdos que, aunque duelan, plasmaste con todo el sentir de quien sigue despierto a pesar de las dolorosas ausencias.
Un abrazote, Luis, y encantado con tu obra.

Jajajaja soberbio tu pase amigo mío... mejor no digo nada del reloj y si del campanario que si me toca a mi, a buen seguro que cada hora me acordaría a bien de quien lo hizo...justo ahí.
Honrado por tus palabras Alonso que por cierto...vaya foto de perfil...un buen tronco parece!!
Un fuerte abrazo Alonso y siempre encantado de saludarte.
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis

Caramba querido amigo !! Cuanta nostalgia y melancolía, te acompañe por el camino de estas líneas empañadas de Rocío para dejarte un saludo sincero, el sol brillara mañana !!
 
Caramba querido amigo !! Cuanta nostalgia y melancolía, te acompañe por el camino de estas líneas empañadas de Rocío para dejarte un saludo sincero, el sol brillara mañana !!

Mera inspiración que trajo el insomnio y estado del amanecer y que algunas veces me gusta salir a esas horas, coger el coche y poner rumbo a la sierra.
Muchas gracias estimado Selenscheck por acercarte con tus gratas palabras que siempre valoro.
Vaya un fuerte y afectuoso abrazo.
 
Me ha encantado esta hermosa prosa llena de sentimiento y nostalgia, me transporta al instante mismo que describes y me eriza la piel al miSmo tiempo que me humedece los ojos.
Felicidades por tus letras. Un abrazo.
 
Me ha encantado esta hermosa prosa llena de sentimiento y nostalgia, me transporta al instante mismo que describes y me eriza la piel al miSmo tiempo que me humedece los ojos.
Felicidades por tus letras. Un abrazo.

En primer lugar...bienvenida Sara a Mundopoesía en donde será un placer disfrutar de tus letras.
Me alegra que te hayan gustado estas letras y de alguna manera las hayas sentido.
Muchas gracias Sara.
Te mando mis saludos cordiales con un abrazo hasta tu bella tierra.
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis


¡WOW! Luis, he caminado junto a ti en esta mañana de invierno, escuchando tu sentir en esos paso ya sin huella.
¡Vaya! que me ha gustado disfrutar tu melancólica y nostálgica narrativa, estupenda en su original creatividad, excelente en su hilo conductor, magnifica en su cautivo contenido. No me queda mas que felicitarte y agradecerte por compartirla. Un abrazote con mucho afecto.
 
Última edición:
¡WOW! Luis, he caminado junto a ti en esta mañana de invierno, escuchando tu sentir en esos paso ya sin huella.
¡Vaya! que me ha gustado disfrutar tu melancólica y nostálgica narrativa, estupenda en su original creatividad, excelente en su hilo conductor, magnifica en su cautivo contenido. No me queda mas que felicitarte y agradecerte por compartirla. Un abrazote con mucho afecto.

Ya decía yo que sentía tu presencia amiga mía en este paseo matutino.
Muchas gracias mi querida Mireya por tu bella presencia con muy gratas palabras que siempre valoro.
Recibe un fuerte y cálido abrazo Mireya.
 
libro-y-rosa-jpg.31607



Prosa del MES


(Seleccionada por la administración entre las propuestas remitidas por moderadores y/o usuarios)

Muchas FELICIDADES
MUNDOPOESIA.COM
 
Domingo de una mañana de invierno,
se supone que hoy era un día en el que podía aprovechar a dormir un poco más de lo habitual, aunque fueran dos horas más de sueño, un par de horas más apartado del mundanal ruido de al otro lado de la ventana a pesar de que fuese domingo pero no, alguien a quien no esperaba ni por imaginación, tubo que presentarse de imprevisto, era él, el incordio del sueño, ¡el desvelo! Había venido hasta mi cama cuando las farolas aún no se habían apagado, el reloj de la mesilla, reflejaba las seis y media de la mañana, las tenues luces del parque, las mismas que me acompañan cuando disfruto del silencio en los jardines sentado en un banco, estaban sentadas en la silla de la habitación, el tic-tac no hacía más que turbar al silencio y a mis adormecidos ojos y me estaba empezando a poner nervioso. Me di la vuelta buscando el calor de la almohada, tratando de olvidar al jodío despertador (por no ponerme a quitarle la pila) pero no conseguía reconciliar el sueño y entre que pensaba que hacer y no hacer, me encontré con un café caliente en el estómago, las manos en los bolsillos del abrigo y caminando por solitarias y calladas calles...
¡Qué gusto fue pasear sin ruidos!
El cielo estaba cautivo por nubes anaranjadas, se había despertado una tíbia brisa haciendo danzar la suave llovizna que me acompañaba, había un mirlo asperjándose debajo de un banco y los árboles desnudos, parecían estar llorando más que las propias nubes mientras yo seguía caminando sin importar mojarme... (Me gusta sentir la pureza del agua sobre mi rostro besándome y abrazándome mientras respiro el aroma de la tierra mojada sin perturbar al silencio...) como el tiempo que llega y pasa sigiloso sin darme cuenta hasta que no veo tiznadas de blanco mis sienes. ¡Qué inexorable e implacable es el tiempo, que hace su camino y nadie puede pararle...! ¿Verdad mujer, verdad?
Como tú, como yo, que no fuimos capaces ni con tus manos ni con las mías viendo como se llenaban nuestras vidas de años vacíos.
El tiempo separó nuestros caminos, ya no tengo pasos para otros senderos más que el del errante mientras que tú, vas y vienes surcando otras estrellas que a buen seguro serán transitorias. Vas y vienes fingiendo ser otra, con otras risas, con otros gozos queriendo escuchar de bocas hambrientas pero vacías, lo que mis labios te decían cuando te besaba mas nunca te detuviste a escucharlos.
De tanto quererte y de esperar tu fuente, mi corazón fue ahogándose y vistiéndose de luto hasta llegar a hacer de su pena, un traje perpetuo. De entre las sombras y el olvido, clamé a tu alma sin saber yo quien era pero tú, oíste, que no escuchaste el dolor de un corazón quebrado, me dijiste adiós sin mirarme para toda la vida y tus palabras, afiladas dagas clavadas en mi pecho, me decían que debía olvidarte... y quizás debiera haberlo hecho, quizás no debí dar luz a mi esperanza ciega para no hacerle sufrir por algo que que mi alma sabe que nunca llegará pero al quedarme solo, vienes callada y riente a mi recuerdo y al recordarte, puedo sentir la suavidad de tu piel pegada a la mía, el candor de tu mirada alterando mis latidos, el calor de tus labios junto a los míos recuperando cuanto nos privó el tiempo pero al volver a la realidad, lo único que acierto a ver es lo lejos que quedaron aquellos días, aquellos años en los que pudimos reencontrarnos en el tiempo, aquella vida de besos que hoy son preguntas ahogándose en la llovizna. No, ya no puedo encontrarte allí, en el tiempo, donde siempre te busqué con tu nombre... donde siempre estabas ausente.
Si te di mucho o me diste poco, no tiene sentido saberlo e inútiles son los reproches, quizás debiera conformarme con lo que me has dado pero lo que te deba y lo que te guardes, se quedará en el baúl del tiempo.
Y en este amanecer lluvioso de un domingo de invierno, donde no se ve un alma ni se oye trino alguno, ya no importa si muero y tú quedas abajo, el tiempo seguirá pasando sigiloso, tiznando tu cabello, besando tu piel arrugada, y el cielo seguirá llorando a tu paso... hasta borrar la huella de mi ausencia.

Luis


Excelente, cautivadora de principio a fin su prosa, dejando caer poco a poco y en su momento, cada detalle para crear tan nostálgica historia. Un placer leerle. Saludos
 

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