Canción de la sirena ausente (Trilogía). Y una carta que navega

pepesori

Poeta que considera el portal su segunda casa
Equipo Revista "Eco y latido"

I
Buscando a la sirena

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si eres folclore
o leyenda transmutada
por marineros errantes
ebrios de soledades marineras

Te buscaba sirena del mar,
con tu cuerpo de venus incendiada,
tu cola plateada de escamas infinitas
perlas coralinas espumadas de alma

Te buscaba sirena del mar,
ebrio de pasiones abandonadas
en mis recuerdos no soñados,
navegando por los mares no azules
de ésta extraña locura

Te buscaba sirena del mar,
en los océanos
de mis noches tempestuosas,
cuando indolente, me dejaba llevar,
naufragando en los brazos de cualquiera
que me recordaran tu cintura marina

Te buscaba sirena del mar,
en los silencios embravecidos
de mi soledad constante,
en las profundidades del mar
absurdo de la vida errante

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si al final existes;
y te seguiré buscando
mas allá del continente
infinito del recuerdo

II
El encuentro con la sirena

Derramando locuras trasnochadas
ausente marinero de las sombras
embarcando sin luz, de madrugada,
tus ojos fueron guía en mi alborada

Del ron de tu mirada estoy borracho,
soy ebrio capitán que a naufragado,
rota la quilla, mi corazón enamorado
busca la dulce playa de tus pechos

Soy la ola que rompe tus mareas,
la galerna que explosiona en tu cintura,
una tormenta de amor en mi locura,
la marejada embistiendo tus caderas

Soy el piloto que navega a la deriva,
un grumete enrolado a tu figura
un vendaval que sufre en carne viva

Soy marinero errante que cultiva
las perlas radiantes de hermosura,
lágrimas del mar donde tú habitas
escamas de pez en plata viva

III

La despedida

Trota caballito de mar,
sumergeme en tu vuelo marino;
esas luces del fondo
no son de gelatina de cristal
medusas adheridas a mi suerte,
tampoco de sal humedecida
por las lágrimas del océano

Corre, vuela de nuevo,
persigue conmigo
la visión de la Protegida.
Callemos los dos,
busquemos a la sirena ausente.

Conviérteme en Tritón
-el de la cabellera azul-
su madre Anfitrita
me expulsó de ése cielo
de hombres marinos
soplando sus bellas caracolas

Llevo conmigo
siglos de ausencia
buscándola;
sirena alada
de pechos generosos
que me hirieron
como a un Nereo cualquiera

Mientras, voy huyendo hacia la isla de Ulises.
Perdida la mar, perdida la sirena

Carta a la sirena

No me amparo en la luz
de tus deseos envenenados
pero con la dulzura
de un escorpión que no hiere;
tampoco en las flores
del jazmín de tus pechos
libados en amaneceres
como jardines

No me amparo en tu cuerpo
de silencios submarinos
arrastrados por la soledad
de un sexo que se excita

Me amparo en la soledad
envejecida de la piedra solar,
en el universo de mis sombras
en mis soledades agitadas

Me amparo en los años perdidos
persiguiendo un sueño
evaporado en nubes de cristal

Me amparo en la fuerza
de los ángeles custodios
escapados de la Atlántida
con un dragón escarlata

Me amparo en las siete
diademas de Eva,
en los serafines ardientes
con sus espadas de fuego
rodeando el trono Universal

Me amparo en las cuatro caras
que guardan lo sagrado

Me amparo de nuevo
en mi silencio eterno,
roto en ésta carta

JSS
Copyright









 
I
Buscando a la sirena

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si eres folclore
o leyenda transmutada
por marineros errantes
ebrios de soledades marineras

Te buscaba sirena del mar,
con tu cuerpo de venus incendiada,
tu cola plateada de escamas infinitas
perlas coralinas espumadas de alma

Te buscaba sirena del mar,
ebrio de pasiones abandonadas
en mis recuerdos no soñados,
navegando por los mares no azules
de ésta extraña locura

Te buscaba sirena del mar,
en los océanos
de mis noches tempestuosas,
cuando indolente, me dejaba llevar,
naufragando en los brazos de cualquiera
que me recordaran tu cintura marina

Te buscaba sirena del mar,
en los silencios embravecidos
de mi soledad constante,
en las profundidades del mar
absurdo de la vida errante

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si al final existes;
y te seguiré buscando
mas allá del continente
infinito del recuerdo

II
El encuentro con la sirena

Derramando locuras trasnochadas
ausente marinero de las sombras
embarcando sin luz, de madrugada,
tus ojos fueron guía en mi alborada

Del ron de tu mirada estoy borracho,
soy ebrio capitán que a naufragado,
rota la quilla, mi corazón enamorado
busca la dulce playa de tus pechos

Soy la ola que rompe tus mareas,
la galerna que explosiona en tu cintura,
una tormenta de amor en mi locura,
la marejada embistiendo tus caderas

Soy el piloto que navega a la deriva,
un grumete enrolado a tu figura
un vendaval que sufre en carne viva

Soy marinero errante que cultiva
las perlas radiantes de hermosura,
lágrimas del mar donde tú habitas
escamas de pez en plata viva

III

La despedida

Trota caballito de mar,
sumergeme en tu vuelo marino;
esas luces del fondo
no son de gelatina de cristal
medusas adheridas a mi suerte,
tampoco de sal humedecida
por las lágrimas del océano

Corre, vuela de nuevo,
persigue conmigo
la visión de la Protegida.
Callemos los dos,
busquemos a la sirena ausente.

Conviérteme en Tritón
-el de la cabellera azul-
su madre Anfitrita
me expulsó de ése cielo
de hombres marinos
soplando sus bellas caracolas

Llevo conmigo
siglos de ausencia
buscándola;
sirena alada
de pechos generosos
que me hirieron
como a un Nereo cualquiera

Mientras, voy huyendo hacia la isla de Ulises.
Perdida la mar, perdida la sirena

Carta a la sirena

No me amparo en la luz
de tus deseos envenenados
pero con la dulzura
de un escorpión que no hiere;
tampoco en las flores
del jazmín de tus pechos
libados en amaneceres
como jardines

No me amparo en tu cuerpo
de silencios submarinos
arrastrados por la soledad
de un sexo que se excita

Me amparo en la soledad
envejecida de la piedra solar,
en el universo de mis sombras
en mis soledades agitadas

Me amparo en los años perdidos
persiguiendo un sueño
evaporado en nubes de cristal

Me amparo en la fuerza
de los ángeles custodios
escapados de la Atlántida
con un dragón escarlata

Me amparo en las siete
diademas de Eva,
en los serafines ardientes
con sus espadas de fuego
rodeando el trono Universal

Me amparo en las cuatro caras
que guardan lo sagrado

Me amparo de nuevo
en mi silencio eterno,
roto en ésta carta

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Excelentes versos, estimado amigo, en donde dejas constancia una vez más, de la "vertiente todoterreno" de tu pluma.

Un abrazo.
 
I
Buscando a la sirena

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si eres folclore
o leyenda transmutada
por marineros errantes
ebrios de soledades marineras

Te buscaba sirena del mar,
con tu cuerpo de venus incendiada,
tu cola plateada de escamas infinitas
perlas coralinas espumadas de alma

Te buscaba sirena del mar,
ebrio de pasiones abandonadas
en mis recuerdos no soñados,
navegando por los mares no azules
de ésta extraña locura

Te buscaba sirena del mar,
en los océanos
de mis noches tempestuosas,
cuando indolente, me dejaba llevar,
naufragando en los brazos de cualquiera
que me recordaran tu cintura marina

Te buscaba sirena del mar,
en los silencios embravecidos
de mi soledad constante,
en las profundidades del mar
absurdo de la vida errante

Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si al final existes;
y te seguiré buscando
mas allá del continente
infinito del recuerdo

II
El encuentro con la sirena

Derramando locuras trasnochadas
ausente marinero de las sombras
embarcando sin luz, de madrugada,
tus ojos fueron guía en mi alborada

Del ron de tu mirada estoy borracho,
soy ebrio capitán que a naufragado, (ha)
rota la quilla, mi corazón enamorado
busca la dulce playa de tus pechos

Soy la ola que rompe tus mareas,
la galerna que explosiona en tu cintura,
una tormenta de amor en mi locura,
la marejada embistiendo tus caderas

Soy el piloto que navega a la deriva,
un grumete enrolado a tu figura
un vendaval que sufre en carne viva

Soy marinero errante que cultiva
las perlas radiantes de hermosura,
lágrimas del mar donde tú habitas
escamas de pez en plata viva

III

La despedida

Trota caballito de mar,
sumergeme en tu vuelo marino;
esas luces del fondo
no son de gelatina de cristal
medusas adheridas a mi suerte,
tampoco de sal humedecida
por las lágrimas del océano

Corre, vuela de nuevo,
persigue conmigo
la visión de la Protegida.
Callemos los dos,
busquemos a la sirena ausente.

Conviérteme en Tritón
-el de la cabellera azul-
su madre Anfitrita
me expulsó de ése cielo
de hombres marinos
soplando sus bellas caracolas

Llevo conmigo
siglos de ausencia
buscándola;
sirena alada
de pechos generosos
que me hirieron
como a un Nereo cualquiera

Mientras, voy huyendo hacia la isla de Ulises.
Perdida la mar, perdida la sirena

Carta a la sirena

No me amparo en la luz
de tus deseos envenenados
pero con la dulzura
de un escorpión que no hiere;
tampoco en las flores
del jazmín de tus pechos
libados en amaneceres
como jardines

No me amparo en tu cuerpo
de silencios submarinos
arrastrados por la soledad
de un sexo que se excita

Me amparo en la soledad
envejecida de la piedra solar,
en el universo de mis sombras
en mis soledades agitadas

Me amparo en los años perdidos
persiguiendo un sueño
evaporado en nubes de cristal

Me amparo en la fuerza
de los ángeles custodios
escapados de la Atlántida
con un dragón escarlata

Me amparo en las siete
diademas de Eva,
en los serafines ardientes
con sus espadas de fuego
rodeando el trono Universal

Me amparo en las cuatro caras
que guardan lo sagrado

Me amparo de nuevo
en mi silencio eterno,
roto en ésta carta

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Pepesori, que hermosa historia narra tu Trilogía, digna de llevar a escena, al menos yo me fui a navegar escuchando la voz del capitán y luego luego leí su carta, eso dice que como autor logras envolver al lector ¡Me en*can*to!
Mi especial saludo para ti.
 
Pepesori, que hermosa historia narra tu Trilogía, digna de llevar a escena, al menos yo me fui a navegar escuchando la voz del capitán y luego luego leí su carta, eso dice que como autor logras envolver al lector ¡Me en*can*to!
Mi especial saludo para ti.
Para mi es una satisfacción conseguir un comentario tan amable como el tuyo.
Celebro que esta humilde obra te haya envuelto en su paisaje marino
Recibe mi saludoso afecto
Pepe Soriano
 

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