I
Buscando a la sirena
Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si eres folclore
o leyenda transmutada
por marineros errantes
ebrios de soledades marineras
Te buscaba sirena del mar,
con tu cuerpo de venus incendiada,
tu cola plateada de escamas infinitas
perlas coralinas espumadas de alma
Te buscaba sirena del mar,
ebrio de pasiones abandonadas
en mis recuerdos no soñados,
navegando por los mares no azules
de ésta extraña locura
Te buscaba sirena del mar,
en los océanos
de mis noches tempestuosas,
cuando indolente, me dejaba llevar,
naufragando en los brazos de cualquiera
que me recordaran tu cintura marina
Te buscaba sirena del mar,
en los silencios embravecidos
de mi soledad constante,
en las profundidades del mar
absurdo de la vida errante
Te buscaba sirena del mar,
nunca sabré si al final existes;
y te seguiré buscando
mas allá del continente
infinito del recuerdo
II
El encuentro con la sirena
Derramando locuras trasnochadas
ausente marinero de las sombras
embarcando sin luz, de madrugada,
tus ojos fueron guía en mi alborada
Del ron de tu mirada estoy borracho,
soy ebrio capitán que a naufragado,
rota la quilla, mi corazón enamorado
busca la dulce playa de tus pechos
Soy la ola que rompe tus mareas,
la galerna que explosiona en tu cintura,
una tormenta de amor en mi locura,
la marejada embistiendo tus caderas
Soy el piloto que navega a la deriva,
un grumete enrolado a tu figura
un vendaval que sufre en carne viva
Soy marinero errante que cultiva
las perlas radiantes de hermosura,
lágrimas del mar donde tú habitas
escamas de pez en plata viva
III
La despedida
Trota caballito de mar,
sumergeme en tu vuelo marino;
esas luces del fondo
no son de gelatina de cristal
medusas adheridas a mi suerte,
tampoco de sal humedecida
por las lágrimas del océano
Corre, vuela de nuevo,
persigue conmigo
la visión de la Protegida.
Callemos los dos,
busquemos a la sirena ausente.
Conviérteme en Tritón
-el de la cabellera azul-
su madre Anfitrita
me expulsó de ése cielo
de hombres marinos
soplando sus bellas caracolas
Llevo conmigo
siglos de ausencia
buscándola;
sirena alada
de pechos generosos
que me hirieron
como a un Nereo cualquiera
Mientras, voy huyendo hacia la isla de Ulises.
Perdida la mar, perdida la sirena
Carta a la sirena
No me amparo en la luz
de tus deseos envenenados
pero con la dulzura
de un escorpión que no hiere;
tampoco en las flores
del jazmín de tus pechos
libados en amaneceres
como jardines
No me amparo en tu cuerpo
de silencios submarinos
arrastrados por la soledad
de un sexo que se excita
Me amparo en la soledad
envejecida de la piedra solar,
en el universo de mis sombras
en mis soledades agitadas
Me amparo en los años perdidos
persiguiendo un sueño
evaporado en nubes de cristal
Me amparo en la fuerza
de los ángeles custodios
escapados de la Atlántida
con un dragón escarlata
Me amparo en las siete
diademas de Eva,
en los serafines ardientes
con sus espadas de fuego
rodeando el trono Universal
Me amparo en las cuatro caras
que guardan lo sagrado
Me amparo de nuevo
en mi silencio eterno,
roto en ésta carta
JSS
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