Aquí, poema a poema, comentario a comentario, uno va conociendo al personal de forma asombrosa. No hace falta que la poesía sea más intimista, o que uno ponga muros ante el pudor de exponerse, todos terminamos mostrando con bastante fidelidad lo que somos.
Yo pondría en cuarentena, (opinión personal, naturalmente) esta afirmación tuya, Andreas; ¿que por qué lo digo? porque mi experiencia personal es que nunca se conoce a nadie
"con bastante fidelidad", ni en persona ni mucho menos por estas cibernéticas redes; no sabes cuántas sorpresas me he llevado pensando que conocía a alguien, fuera y dentro de esta Casa, y descubriéndole luego "virtudes" que no conocía; pero incluso tras descubrir esas "virtudes" no me he dado por conocedor de quién es quién aquí ya que siempre me quedará algo más por descubrir que probablemente me haría cambiar de opinión de nuevo.
El ser humano, estimado poeta, es un saco de arcanos que nos puede dar muchas sorpresas que, una vez descubiertas, nos harán cambiar bastante nuestra concepción del mismo, e insisto, tengo más que comprobado que en esta vida las cosas casi nunca son lo que parecen, luego con pocas certezas cuento para juzgar a la gente, y mucho menos a la gente que transita por las redes
Pero te diré más, ni yo mismo me conozco lo suficiente; muchas veces voy por la calle y me veo reflejado en un espejo y no me siento identificado con esa imagen, me parece que estoy viendo a un extraño, sinceramente; quizás sea algo de esquizofrenia, vete a saber; pero es que no solo no me reconozco en el espejo físico, en el metafórico tampoco: a estas alturas de mi vida no estoy muy seguro de saber quién he sido, quien soy y de en qué terminaré convertido; bueno, sobre esto último sí que tengo una certeza que es la que expresó muy bellamente Góngora en el último verso de "Mientras por competir con tu cabello": terminaré convertido "en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada", esa es mi única certeza.
Un abrazo y gracias por tu comentario, poeta.