Me detengo sólo un poco
Decirte Benito que no es un poema de artificio, es filigrana fina barroca (Barroco tardío, ¿Claro! de (1680-1730) y para q lo entiendas no voy a hacer otra cosa que repetir lo que del poema deje escrito.
"Creo que por vos los antiguos alzaron estas palabras al cielo:
Rex, et sacerdos, cui sacri lapides/... Rey, sacerdote , para quien refulgen
En ter quaterni onychinus, achates,/ ... las doce piedras sagradas: ónica, ágata,
Gliscunt beryllus, saphirus, carbunculus/ ... , berilo, zafiro, carbuncho,"...
Esto es una alabanza del
EL HIMNO DE MAUREGATO
https://www.condadodecastilla.es/blog/el-himno-de-mauregato/
De ahí el comentario de alabanza que el mismo autor de <La Lanza > me hace:
"¡Caramba, Fulgencio! Sí que te has tomado tu tiempo en este comentario que no sé bien cómo responder."
El único tiempo que me tome fue copiarlo al castellano.
(Yo solo soy una gota pero detrás de mi viene el mar, una hormiga al lado de un gigante, pero me siguen en fila un hormiguero de obreras, nosotros somos la harina y vos el pastelero, que amasa las palabras por las que yo, me nutro y muero. (Que mal me hizo Juan de Yepes). Recibe con este abrazo un tremendo barrigazo.)
Bueeeee... noooo...
Se hacen fácil, repitiendo siempre un ritmo,
cien mil versos aunque sea, continuados:
tan sencillo cual clavarte su algoritmo
y seguirlo por caminos machacados.
"¡Pin!" perpetra tal período, "¡pon!" el otro,
en tiradas repetidas a infinito;
mira, cuate, que esto escribo sobre un potro
según sale: no lo arreglo ni un poquito.
Y aunque pueda, tan lanzado, caer de bruces,
galopando si hago tales virguerías,
que me digan: "Garcilaso se hace cruces"
no me importa si presumo de poesías.
Continúo, machacona retahíla,
martillazos disonantes como en fragua,
arrumbando tan de versos una pila
que hasta enano tú te quedes, Aconcagua.
"¡Qué difícil!", dice el uno, "¡Qué talentos!",
dice el otro, mientras quedan boquiabiertos;
sólo alguno por la espalda lanza vientos,
recordándonos un mundo de otros huertos.
Sé que algunos no han captado lo que he dicho
en la estrofa precedente que acompaña;
sé igualmente que entre todos surge un bicho
que en captarlo con presteza se da maña.
Mas yo sigo, sin que importe ni una higa
todo el rollo que aquí suelte desbocado,
pues lo que hago tiene estilo, clase y miga,
y así es obra de un talento bien dotado.
Ya no llevo ni la cuenta de los versos,
pues he puesto mi piloto que, automático,
ya desecha los que en ritmo sean adversos:
considera ser iguales lo simpático.
Y otra estrofa, machacona y algorítmica,
da la chapa, da la vara; da, patética,
golpe y golpe de martillo, siempre rítmica,
invariable, de insufrible flema estética.
Me recuerda del abuelo los relojes:
tic y toc, pues, que te avisan: "corre el rato",
y que, tal que de pararlos no te antojes
siguen tercos su camino sin recato.
Bien, supongo que podrán ir entendiendo
los que lean este tocho sin sentido
la importancia de este ritmo tan tremendo,
el golpeo de un martillo tan manido.
Pues amigos, este poeta ya se aburre
y supone suficiente buen ejemplo
esto escrito, pues que tanto se me ocurre
que el que plazca vuestro aguante no contemplo.
Se me antoja que del guindo ya caísteis,
tras quedárseos el cerebro troquelado
con el golpe repetido que sentisteis
ya leyendo tanto verso martilleado.
Y así acabo por deciros de este tema
que no tengo por orgullo repetirme,
ni siquiera con los ritmos de un poema,
porque suene cada verso lo que dice.
Que hace siglos que los vates italianos
se aburrieron del rollazo monorrítmico,
y más tarde sus colegas castellanos
adoptaron su sistema polirrítmico.
Los poemas con un ritmo rutinario
acabada la edad media se extinguieron,
estimose la rutina ser calvario
y distintos desde entonces ya se vieron.
¡Ay! No para mi viciado colodrillo,
ya encolado contra el ritmo ratonero,
me recuerdo cuando Chaplin el tornillo
en el aire ya enroscaba, siendo obrero.
Pero bueno, reconozcamos, no obstante, el buen poema de nuestro amigo. Un abrazo a todos.