Ernest y el pez

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
Hace rato que se hizo de noche.
El viejo pescador se remanga los perniles del pijama,
se sienta al borde del colchón y mete los pies en el agua.
Con elegante movimiento de caña arroja el anzuelo invisible;
la tersa piel del mar se rompe y salpica en el piso:
en un instante miles de estrellas ríen y saltan.
El techo podrido está siempre nublado, pero no importa nada
porque las estrellas sonrientes saltan en el piso,
en el mar del piso frente al muelle de madera de la cama.

Hace rato que llegó la madrugada.
El viejo pescador contempla el faro que parpadea en el buró,
pero tampoco hoy se asomará un barco por la ventana.
El hilo tiembla de repente y tiembla también un corazón.
El mar arremolina el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Los brazos del viejo reclaman la fuerza del viento;
el pez combatiente reclama la fuerza del mar bravío.
El corazón del hombre y el corazón del pez
se disputan a muerte el mismo aliento.

Hace rato que la ciudad despertó,
pero el hombre no mira el fuego fatuo de las cortinas.
El hombre exhausto contempla su mirada muerta
que fijamente lo mira desde el anzuelo de aire que la traspasa.
En esa pupila inerte una sirena se consume y le grita:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.
Bajo la sábana, el pescador se aleja despacio sobre la arena.


4 de junio de 2020
 
Hace rato que se hizo de noche.
El viejo pescador se remanga los perniles del pijama,
se sienta al borde del colchón y mete los pies en el agua.
Con elegante movimiento de caña arroja el anzuelo invisible;
la tersa piel del mar se rompe y salpica en el piso:
en un instante miles de estrellas ríen y saltan.
El techo podrido está siempre nublado, pero no importa nada
porque las estrellas sonrientes saltan en el piso,
en el mar del piso frente al muelle de madera de la cama.

Hace rato que llegó la madrugada.
El viejo pescador contempla el faro que parpadea en el buró,
pero tampoco hoy se asomará un barco por la ventana.
El hilo tiembla de repente y tiembla también un corazón.
El mar arremolina el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Los brazos del viejo reclaman la fuerza del viento;
el pez combatiente reclama la fuerza del mar bravío.
El corazón del hombre y el corazón del pez
se disputan a muerte el mismo aliento.

Hace rato que la ciudad despertó,
pero el hombre no mira el fuego fatuo de las cortinas.
El hombre exhausto contempla su mirada muerta
que fijamente lo mira desde el anzuelo de aire que la traspasa.
En esa pupila inerte una sirena se consume y le grita:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.
Bajo la sábana, el pescador se aleja despacio sobre la arena.


4 de junio de 2020
El viejo pescador aún pesca en ese sueño realidad en su habitación a oscuras y esa sea quizás su última incursión en las aguas, donde ya no muere el pez sino tal vez él bajó la arena de sus sábanas.
Gracias Martín, por tu poema cargado de la nostalgia de esos hombres de mar que nunca olvidan. Afectuosos abrazos desde España.
 
Wow sumamente hermoso, pásame la receta escribes rebien :) recordando a Hemingway.
 
Última edición por un moderador:
Hace rato que se hizo de noche.
El viejo pescador se remanga los perniles del pijama,
se sienta al borde del colchón y mete los pies en el agua.
Con elegante movimiento de caña arroja el anzuelo invisible;
la tersa piel del mar se rompe y salpica en el piso:
en un instante miles de estrellas ríen y saltan.
El techo podrido está siempre nublado, pero no importa nada
porque las estrellas sonrientes saltan en el piso,
en el mar del piso frente al muelle de madera de la cama.

Hace rato que llegó la madrugada.
El viejo pescador contempla el faro que parpadea en el buró,
pero tampoco hoy se asomará un barco por la ventana.
El hilo tiembla de repente y tiembla también un corazón.
El mar arremolina el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Los brazos del viejo reclaman la fuerza del viento;
el pez combatiente reclama la fuerza del mar bravío.
El corazón del hombre y el corazón del pez
se disputan a muerte el mismo aliento.

Hace rato que la ciudad despertó,
pero el hombre no mira el fuego fatuo de las cortinas.
El hombre exhausto contempla su mirada muerta
que fijamente lo mira desde el anzuelo de aire que la traspasa.
En esa pupila inerte una sirena se consume y le grita:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.
Bajo la sábana, el pescador se aleja despacio sobre la arena.


4 de junio de 2020
Ese ultimo aliento lo ofrendó emulando su hazaña de toda una vida. Un abrazo, Pedro.
 
El viejo pescador aún pesca en ese sueño realidad en su habitación a oscuras y esa sea quizás su última incursión en las aguas, donde ya no muere el pez sino tal vez él bajó la arena de sus sábanas.
Gracias Martín, por tu poema cargado de la nostalgia de esos hombres de mar que nunca olvidan. Afectuosos abrazos desde España.
Muchas gracia, amigo José María, por tu lectura y tu fino comentario.
Te envío un cordial saludo desde México.
 
Hace rato que se hizo de noche.
El viejo pescador se remanga los perniles del pijama,
se sienta al borde del colchón y mete los pies en el agua.
Con elegante movimiento de caña arroja el anzuelo invisible;
la tersa piel del mar se rompe y salpica en el piso:
en un instante miles de estrellas ríen y saltan.
El techo podrido está siempre nublado, pero no importa nada
porque las estrellas sonrientes saltan en el piso,
en el mar del piso frente al muelle de madera de la cama.

Hace rato que llegó la madrugada.
El viejo pescador contempla el faro que parpadea en el buró,
pero tampoco hoy se asomará un barco por la ventana.
El hilo tiembla de repente y tiembla también un corazón.
El mar arremolina el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Los brazos del viejo reclaman la fuerza del viento;
el pez combatiente reclama la fuerza del mar bravío.
El corazón del hombre y el corazón del pez
se disputan a muerte el mismo aliento.

Hace rato que la ciudad despertó,
pero el hombre no mira el fuego fatuo de las cortinas.
El hombre exhausto contempla su mirada muerta
que fijamente lo mira desde el anzuelo de aire que la traspasa.
En esa pupila inerte una sirena se consume y le grita:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.
Bajo la sábana, el pescador se aleja despacio sobre la arena.


4 de junio de 2020
Tremendo poema...
No he entrado mucho últimamente Pedrito pero, me alegra haberme topado con este grandioso poema.
Abrazos mil y cuídate gran poeta!!
 
Tienes una inspiración
que no se lee todos los días,
fresca, natural y mágica,
como el propio México.

Just a beautiful image
pero no puedo ir más allá,
muy serena la escena...

Saludos,
Fidel.
 
Hace rato que se hizo de noche.
El viejo pescador se remanga los perniles del pijama,
se sienta al borde del colchón y mete los pies en el agua.
Con elegante movimiento de caña arroja el anzuelo invisible;
la tersa piel del mar se rompe y salpica en el piso:
en un instante miles de estrellas ríen y saltan.
El techo podrido está siempre nublado, pero no importa nada
porque las estrellas sonrientes saltan en el piso,
en el mar del piso frente al muelle de madera de la cama.

Hace rato que llegó la madrugada.
El viejo pescador contempla el faro que parpadea en el buró,
pero tampoco hoy se asomará un barco por la ventana.
El hilo tiembla de repente y tiembla también un corazón.
El mar arremolina el piso, las estrellas huyen a los rincones.
Los brazos del viejo reclaman la fuerza del viento;
el pez combatiente reclama la fuerza del mar bravío.
El corazón del hombre y el corazón del pez
se disputan a muerte el mismo aliento.

Hace rato que la ciudad despertó,
pero el hombre no mira el fuego fatuo de las cortinas.
El hombre exhausto contempla su mirada muerta
que fijamente lo mira desde el anzuelo de aire que la traspasa.
En esa pupila inerte una sirena se consume y le grita:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.
Bajo la sábana, el pescador se aleja despacio sobre la arena.


4 de junio de 2020

@Martín Vera , mi Admirado Poeta y Querido AmigoP, mira con qué belleza de escrito me encuentro, entre acá con suavidad, las imágenes que provocas dibujar, colorear y matizar, en cada uno son tan diversas, a mí me remitió a ese libro del Viejo y el Mar, pero solo por un instante y porque conozco la historia, pero éste es tu personaje, Ernest cobrando vida en tus líneas, a tu manera, en tu historia que sabe a Mar profundo, amado Mar de sueños, de Quimeras circundantes y caprichosas, de Luchar a muerte por una bocanada de aire y escuchar el canto de una sirena y renunciar... Uno se mira a sí mismo, en él, y se sumerge, se adentra, se pierde, se encuentra... y todo sucede en la intimidad de su habitación, creo que huele a sal, no sé si la del Mar o la de sus ojos... y acaso es porque ya no tienes edad, el tiempo pasó o lo dejaste pasar y ahora ya viejo, estás sentado al borde del colchón de esta vida para ingresar a otra, la que sigue... Descubro intensidad, ensueño, calidez, melancolía, reflexión, un manifiesto completo de experiencia ahí, bajo la sábana de un viejo pescador... Muchas Gracias por compartir tu magnífico arte. Te felicito por tu generosidad. Te saludo afectuosamente y te deseo días de implacable belleza, Armonía, Salud y Poesía, naturalmente PS. Te dejo un obsequio que, en su configuración, habla de muchas formas sobre el Mar, espero que lo disfrutes: www.youtube.com/watch?v=DAFcT2SV96c
 
Última edición:
Me has encontrado, ¿qué harás ahora si el mar es afuera?
El viejo contempla las paredes sucias, las botellas vacías,
y devuelve el pez a las aguas tranquilas.

Ayyyy, HERMOSURA, ¿qué te puedo decir? me gusta que el mar esté afuera, no soy aficionada de él...ja ja ja ando en huelga, pero esa es otra historia.

Suspirando ante este MAGISTRAL poema, simplemente bello...hermosura eres tú (:

Besos tutti frutti,
 
@Martín Vera , mi Admirado Poeta y Querido AmigoP, mira con qué belleza de escrito me encuentro, entre acá con suavidad, las imágenes que provocas dibujar, colorear y matizar, en cada uno son tan diversas, a mí me remitió a ese libro del Viejo y el Mar, pero solo por un instante y porque conozco la historia, pero éste es tu personaje, Ernest cobrando vida en tus líneas, a tu manera, en tu historia que sabe a Mar profundo, amado Mar de sueños, de Quimeras circundantes y caprichosas, de Luchar a muerte por una bocanada de aire y escuchar el canto de una sirena y renunciar... Uno se mira a sí mismo, en él, y se sumerge, se adentra, se pierde, se encuentra... y todo sucede en la intimidad de su habitación, creo que huele a sal, no sé si la del Mar o la de sus ojos... y acaso es porque ya no tienes edad, el tiempo pasó o lo dejaste pasar y ahora ya viejo, estás sentado al borde del colchón de esta vida para ingresar a otra, la que sigue... Descubro intensidad, ensueño, calidez, melancolía, reflexión, un manifiesto completo de experiencia ahí, bajo la sábana de un viejo pescador... Muchas Gracias por compartir tu magnífico arte. Te felicito por tu generosidad. Te saludo afectuosamente y te deseo días de implacable belleza, Armonía, Salud y Poesía, naturalmente PS. Te dejo un obsequio que, en su configuración, habla de muchas formas sobre el Mar, espero que lo disfrutes: www.youtube.com/watch?v=DAFcT2SV96c

Hace un par de noches, encontré a un hombre mayor sentado en el borde de mi cama; no le pregunté su nombre por temor a que me respondiera ¿No me reconoces? Yo pensé: Se parece a Ernest Hemingway. Y si se trataba de Hemingway, seguramente está librando una batalla a muerte consigo mismo. No distinguí lo que llevaba entre las manos, pero creo que era una caña de pescar luceros, y ya sabes que estos artilugios tienen el don de la invisibilidad. Así que no vas desencaminada, mi querida poeta Grace; no es gratuita la referencia a la entrañable El viejo y el mar. Desde el título tiene la maña.

Creo que has llegado a conocerme bien por las lecturas y los generosos comentarios con los que tan amablemente me obsequias y recreas. Fernando Delgadillo y su guitarra son parte de la banda sonora de muchas noches que se hacen madrugada. Te agradezco infinito todo lo que das, así que te extiendo la mano con un afectuoso saludo y, aprovechando la oportunidad, me atrevo a pedirte que bailes conmigo Hemingway delira:

 
Ayyyy, HERMOSURA, ¿qué te puedo decir? me gusta que el mar esté afuera, no soy aficionada de él...ja ja ja ando en huelga, pero esa es otra historia.

Suspirando ante este MAGISTRAL poema, simplemente bello...hermosura eres tú :)

Besos tutti frutti,
Pero si mucho te debe este tema, mi querida Lupita, creo que ya te lo había comentado; lo imaginé luego que me dejaste pesando sobre el paso del tiempo con aquel hermoso poema que publicaste en la Torre de Babel. Las cosas que hacemos y las que dejamos de hacer son las que de alguna manera le dan sentido al paso de los años: tiempo perdido, tiempo ganado. ¿Qué es una vida dedicada a la espera, a los sueños?

Y la hermosa eres tú, por supuesto: hermosa tu persona, hermosa tu pluma y hermosa tu generosidad. Que la vida te preserve siempre en su abrazo más cálido. Yo te dejo aquí también un abrazo amistoso y todos mis agradecimientos.
 
Hace un par de noches, encontré a un hombre mayor sentado en el borde de mi cama; no le pregunté su nombre por temor a que me respondiera ¿No me reconoces? Yo pensé: Se parece a Ernest Hemingway. Y si se trataba de Hemingway, seguramente está librando una batalla a muerte consigo mismo. No distinguí lo que llevaba entre las manos, pero creo que era una caña de pescar luceros, y ya sabes que estos artilugios tienen el don de la invisibilidad. Así que no vas desencaminada, mi querida poeta Grace; no es gratuita la referencia a la entrañable El viejo y el mar. Desde el título tiene la maña.

Creo que has llegado a conocerme bien por las lecturas y los generosos comentarios con los que tan amablemente me obsequias y recreas. Fernando Delgadillo y su guitarra son parte de la banda sonora de muchas noches que se hacen madrugada. Te agradezco infinito todo lo que das, así que te extiendo la mano con un afectuoso saludo y, aprovechando la oportunidad, me atrevo a pedirte que bailes conmigo Hemingway delira:

@Martín Vera , mi Admirado Poeta y Querido AmigoP: Adoro cuando me cuentas, porque sé entonces que no estaba tan divagante... y que sí me acerqué un poco, con suavidad a la intención... me alegra que sea de tu agrado la música, porque la que tu me compartes me ha encantado y llevo más de un instante lux en la pista de baile delirando con Hemingway... Gracias por compartir tu arte conmigo también. Te saludo afectuosamente deseando que tu finde sea espléndido en todo
 
Última edición:
Pedro, me leí el viejo y el mar hace muchísimos años ya, aún en secundaria.
Pero no lo había visto desde esta perspectiva mientras lo leía lo imaginaba tal cual el mar por delante y el viejo con el gran pez.
Ahora verlo así desde la forma en que tu nos los compartes resuelve muchas dudas y representa muchas reflexiones, muchas gracias.
Todo un gusto leerte estimado compañero.
Abrazos allá al norte!
 
Pero si mucho te debe este tema, mi querida Lupita, creo que ya te lo había comentado; lo imaginé luego que me dejaste pesando sobre el paso del tiempo con aquel hermoso poema que publicaste en la Torre de Babel. Las cosas que hacemos y las que dejamos de hacer son las que de alguna manera le dan sentido al paso de los años: tiempo perdido, tiempo ganado. ¿Qué es una vida dedicada a la espera, a los sueños?

Y la hermosa eres tú, por supuesto: hermosa tu persona, hermosa tu pluma y hermosa tu generosidad. Que la vida te preserve siempre en su abrazo más cálido. Yo te dejo aquí también un abrazo amistoso y todos mis agradecimientos.
Pero si mucho te debe este tema, mi querida Lupita, creo que ya te lo había comentado; lo imaginé luego que me dejaste pesando sobre el paso del tiempo con aquel hermoso poema que publicaste en la Torre de Babel. Las cosas que hacemos y las que dejamos de hacer son las que de alguna manera le dan sentido al paso de los años: tiempo perdido, tiempo ganado. ¿Qué es una vida dedicada a la espera, a los sueños?

Y la hermosa eres tú, por supuesto: hermosa tu persona, hermosa tu pluma y hermosa tu generosidad. Que la vida te preserve siempre en su abrazo más cálido. Yo te dejo aquí también un abrazo amistoso y todos mis agradecimientos.

AMADO, poeta sí lo recuerdo y me alegra que mis humildes letras irreventes te hayan dado un empujoncito...ja ja ja ja Si algo se pretende o desea es que alguien que nos lee sea inspirado...mil gracias!

MAGISTRAL, poema te lo digo...

regalo para ti,
Ramo-de-flores-gerberas-rosas-y-girasoles.png
 
Pedro, me leí el viejo y el mar hace muchísimos años ya, aún en secundaria.
Pero no lo había visto desde esta perspectiva mientras lo leía lo imaginaba tal cual el mar por delante y el viejo con el gran pez.
Ahora verlo así desde la forma en que tu nos los compartes resuelve muchas dudas y representa muchas reflexiones, muchas gracias.
Todo un gusto leerte estimado compañero.
Abrazos allá al norte!
Muchas gracias, querida compañera Rosmery. Es curioso, pero yo casi me leí completo a Hemingway antes de llegar a El viejo y el mar, que leí hace pocos años, relativamente. Me sorprendió gratamente porque encontré a un Ernest anciano (¿quién lo diría?) librando una batalla épica, y mira que él era un hombre de la vieja escuela, pero finalmente el ser humano detrás de la leyenda queda al descubierto, y es fascinante. Por eso esta alucinación.
Va una miriada de abrazos.
 

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