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Quejas de un joven naranjo

Cuando yo era niño había en mi jardín un anciano limonero, con el tronco carcomido por los años, que era generoso con sus frutos: torcido, apoyado en un tronco para no caer, seguía floreciendo cada primavera. Previendo que moriría, plantamos un joven limonero a su lado, que creció impetuoso y dio sus limones. Pero, hasta donde llega mi recuerdo, el viejo siguió siempre dando más. Quizás los limoneros tardan siglos en morir...
abrazo
j.
Quizás, Jorge, quizás los limoneros se nutren del tiempo, y mientras, somos nosotros quienes morimos un poco cada día. Gracias .
abrazo
I.
 
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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Excelente y hermoso poema sobre el naranjo. me ha encantado leerte. Un fuerte abrazo amiga.
 
Hola, Isabel, me ha emocionado mucho este romance heróico en el que los protagonistas son un plantón de naranjo y un limonero. Si los tienes en un patio, es posible que al limonero le falten horas de sol o que haya padecido algún episodio de clima extremo (por encima de 40º y por debajo de -3º). Los frutos que veo en sus ramas son lo que aquí llamamos de 'segunda flor' o 'rebordonits'. Al plantón se le ve con una salud magnífica, que no se queje.
Fui muchos años temporero en la recolección de cítricos, aunque no sé si se puede aplicar esa denominación a una labor que en el País Valenciano empieza a finales de septiembre y termina en junio. Fueron años muy felices para mí, mi propia Arcadia, aunque mirado desde la perspectiva de los logros que se le suponen a un joven antes de cumplir los 25, quizás fueron años que debía haber pasado en la universidad, en lugar de hacerlo de los 35 a los 50, como sucedió luego.
En eso puede haber opiniones, pero lo que es irrebatible es la calidad y hondura de este poema. Un saludo. Luis
 
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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Una maravilla ¡Qué preciosos versos!
Siempre mi aplauso a tanta belleza. Un abrazo muy cordial.
Miguel
 
Hermoso tu romance Isabel, el limón es un fruto con muchísimas propiedades, en mi país se
hizo muy famoso un limonero, que en la época de la Gripe española, al sacar en procesión al
Nazareno, se enredó entre sus ramas e hizo caer muchos de sus limones al suelo, las personas
los recogieron e hicieron jugo que al ingerirse curó a los enfermos, constituyendo esto un gran
milagro para la época y por la gravedad de la pandemia. Hay un poema muy famoso de un escritor
venezolano Andrés Eloy Blanco con el nombre "El limonero del Señor". Disculpa que me extendí
tanto con este comentario pero me gustó compartir contigo esta historia.
Besitos apretados en tus mejillas.
 
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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Hermoso romance al limonero, Isabel. Un gusto pasar a leerte, saludo cordial.
Azalea.
 
Hola, Isabel, me ha emocionado mucho este romance heróico en el que los protagonistas son un plantón de naranjo y un limonero. Si los tienes en un patio, es posible que al limonero le falten horas de sol o que haya padecido algún episodio de clima extremo (por encima de 40º y por debajo de -3º). Los frutos que veo en sus ramas son lo que aquí llamamos de 'segunda flor' o 'rebordonits'. Al plantón se le ve con una salud magnífica, que no se queje.
Fui muchos años temporero en la recolección de cítricos, aunque no sé si se puede aplicar esa denominación a una labor que en el País Valenciano empieza a finales de septiembre y termina en junio. Fueron años muy felices para mí, mi propia Arcadia, aunque mirado desde la perspectiva de los logros que se le suponen a un joven antes de cumplir los 25, quizás fueron años que debía haber pasado en la universidad, en lugar de hacerlo de los 35 a los 50, como sucedió luego.
En eso puede haber opiniones, pero lo que es irrebatible es la calidad y hondura de este poema. Un saludo. Luis
Caramba, Luis, gracias!!
Si,algo leímos sobre eso, pero siempre es un placer que nos ilustres con tus conocimientos, al que sumas tus experiencias juveniles. Nunca es tarde para la universidad, pero para ser joven otra vez ...
Gracias por tus palabras, Luis y por recordar este poema tan importante para mi.
Un saludo.
isabel
 
Última edición:
Hola Maestra: Ese joven naranjo, regado por tus versos va a ser envidiado por la miel, Un placer. Amadeo.
 
Me ha conmovido este poema tan bello al evocar cómo murió el pródigo ciruelo de la casa de mi infancia al trasladarlo a la casa nueva. Sabes, un jazmín paraguayo a quien parasitó el clavel del aire y se secó pese a mis esfuerzos, dejó secretamente un hijo que me sorprendió al año siguiente y alegra mis primaveras. Comparto tu amor por los seres vivos de otras especies.
Cariños, Libélula
 
Última edición:
Hermoso tu romance Isabel, el limón es un fruto con muchísimas propiedades, en mi país se
hizo muy famoso un limonero, que en la época de la Gripe española, al sacar en procesión al
Nazareno, se enredó entre sus ramas e hizo caer muchos de sus limones al suelo, las personas
los recogieron e hicieron jugo que al ingerirse curó a los enfermos, constituyendo esto un gran
milagro para la época y por la gravedad de la pandemia. Hay un poema muy famoso de un escritor
venezolano Andrés Eloy Blanco con el nombre "El limonero del Señor". Disculpa que me extendí
tanto con este comentario pero me gustó compartir contigo esta historia.
Besitos apretados en tus mejillas.
[/QUOTE]

Hola Anamer, gracias, por tu siempre cálida presencia, y porque sumes un relato sobre el milagro de un limonero en época de pandemia y gracias también por el poema de Andrés Eloy Blanco, que no conocía. Aunque por la propia experiencia de la vida no creo en "milagros", la fe en el poder de los limones respecto a recuperar la salud, permanece viva en mí.
Gracias por tu generosa aportación y por tu ternura.
Un enorme abrazo.
Isabel
 
Una maravilla ¡Qué preciosos versos!
Siempre mi aplauso a tanta belleza. Un abrazo muy cordial.
Miguel
Hola, Miguel! Qué bueno encontrarme con tu grata visita, gracias por el tiempo que me regalas y por tus generosas palabras que siempre son un estímulo para este camino solitario del poeta que ya conoces.
Un abrazo muy cordial.
Isabel
 
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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Bello romance estimada poeta. Estupendo homenaje además. Como dices, la naturaleza nos nutre y es cosa que debemos admirar. Contento de volver a tus letras. Un gran abrazo.
 
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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La queja está justificada, Isabel, compréndelo. Son celos por ver quien de los dos alcanza el sosiego humano con su aroma.
No discutiré su perfumada batalla; este inmenso poema me exonera de todo debate.

Un beso hasta allí.
 
Última edición:
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Hoy el joven naranjo se ha quejado:

que el verdor de sus hojas no contemplo,

que de su flor de azahar niego el aroma,

que solo miro al viejo limonero

con sus hojas enfermas de tristeza,

retorcidas sus ramas de tormento.

-¡Obsérvalo y aprende de su fuerza,

amo a ese limonero lo confieso,

mira cuánta abundancia hay en su entrega

es ácida su fruta, no lo niego,

pero se da del todo sin lisonjas

y en él hacen su nido los jilgueros,

él sabe que me nutro de su jugo

y cargado de frutos va muriendo;

tú tienes el olor de primavera

mas él tiene la huella de los tiempos.

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Precioso tu poema, Isabel.
Me ha encantado pasar por ese patio cultivado.
Saludos.
 
Hola Maestra: Ese joven naranjo, regado por tus versos va a ser envidiado por la miel, Un placer. Amadeo.
Amadeo!! qué alegría me da siempre encontrarme con tus simpáticos y cálidos comentarios, son como un soplo de aire para mis alas, algo quebradas ya por el paso del tiempo. Creo que eres tú quien tienes esa miel en la palabra, Amadeo, y mejor será que no me lo crea, puedo quedar presa de patas en ella, como las moscas en aquél panal de rica miel...jajaja
Gracias por tu gratificante huella.
Isabel
 
Última edición:
Me ha conmovido este poema tan bello al evocar cómo murió el pródigo ciruelo de la casa de mi infancia al trasladarlo a la casa nueva. Sabes, un jazmín paraguayo a quien parasitó el clavel del aire y se secó pese a mis esfuerzos, dejó secretamente un hijo que me sorprendió al año siguiente y alegra mis primaveras. Comparto tu amor por los seres vivos de otras especies.
Cariños, Libélula

Madre mía, querida May, qué relato tan hermoso acabas de contarme... "Sabes, un jazmín paraguayo a quien parasitó el clavel del aire y se secó pese a mis esfuerzos, dejó secretamente un hijo que me sorprendió al año siguiente y alegra mis primaveras"
¡Gracias May!, ha sido un placer tu paso por este rincón, querida Poeta.
Un abrazo con cariño.
Isabel
 
Bello romance estimada poeta. Estupendo homenaje además. Como dices, la naturaleza nos nutre y es cosa que debemos admirar. Contento de volver a tus letras. Un gran abrazo.


Hola, Poeta!! Gracias por detenerte a leer y comentar. La naturaleza ocupa ahora, más que nunca, mis días; no estoy sola nunca cuando la observo, y me enamora...quizás después de mirarla a través de la ventana, o buscar el mar desde mi azotea, entre un bosque de antenas, donde pequeñas aves desconocidas, venidas de, sabe Dios que mundos, se detenía sin miedo; por primera vez el miedo era nuestro y las aves lo sabían.
Un gusto tu presencia.
Isabel
 
Última edición:
La queja está justificada, Isabel, compréndelo. Son celos por ver quien de los dos alcanza el sosiego humano con su aroma.
No discutiré su perfumada batalla; este inmenso poema me exonera de todo debate.

Un beso hasta allí.

Hola, Vicente, un gusto siempre tu presencia.
Claro, cómo no entender aquello que nos mueve a crecer, el cielo nos espera desde nuestras primeras hojas y crecemos en su búsqueda, damos hijos y florecemos cada primavera.Hasta el final brindamos nuestros mejores frutos...
Mucho que aprender, quizás ese jugo final sea el oro de nuestra existencia, la verdad exprimida a la vida que tuvimos.
Un abrazo, Vicente, gracias por unirte a este homenaje.
Isabel
 

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