Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Cuánto me alegro de volver a verte;
sabes que te visito cuando puedo,
que me sumerjo en tu asteroide y vuelo
en francés, español o valenciano.
Sí, presides aún mi imaginario,
me retornas al niño que es mi centro.
Tú tienes una rosa en tu planeta,
yo una azucena bien enraïzada;
no tiene espinas, ¿para qué espinada?
Los corderos también comen espinas,
no existe planta o flor que se resista;
cuando su boca abren, se la tragan.
Yo no tengo corderos, tengo cabras
y pongo a buen resguardo lo que crece;
sin contar baobabs y malos verdes
que inundan mi planeta en primavera.
Les dejo a ellas la labor, las eras,
mientras yo me dedico a otros quehaceres.
Tú tienes tres volcanes en tu pago,
yo tres estufas en mi hogar hacienda;
hay que deshollinar las chimeneas,
cierto, por tu planeta y por el mío.
Pero el calor es lo que importa, amigo,
Los ritos y cumplir con las tareas.
Y lo más sorprendente en nuestros mundos
es que fuimos los dos domesticados
por una flor, un zorro y un espacio
que hacemos y nos hacen diferentes.
Lo esencial no se ve pero trasciende...
Tranquilo, es un secreto que me guardo.